Ayudamemoria democrático. Por Ricardo Talesnik.

El pueblo argentino celebra el triunfo del gobierno militar en el Mundial de Fútbol 1978. «Esta barra quilombera no te deja-no te deja de alentar». «El que no salta es un holandés». «Somos derechos y humanos».

Pocos meses después, la dictadura uniformada quiere jugar un partido a muerte contra Chile para obtener la Copa  Canal de Beagle. Sin embargo, el Papa designa como árbitro al cardenal Samoré, quien interrumpe el comienzo de las acciones y se suspende la contienda. La barra quilombera hace silencio, frustrada.

¡Ciclismo! Arranca la bicicleta financiera. Hay gran interés bancario,  dólar barato,  capitales que vienen, embolsan y se van. La industria nacional corre rezagada al fondo del pelotón. Un departamento en Buenos Aires cuesta lo mismo que uno en New York.  La plata dulce invade Miami. Deme dos, deme tres, deme cuatro, deme cinco, seis.. Deme uno. No me dé nada. Plata amarga. El dólar arranca imparable. El «peso Ley 18188» (así se llamaba)  no lo puede alcanzar. Quien apuesta al dólar pierde,  advierte un ministro. Perdió el ministro.

Las tres brujas malditas: Inflación, Recesión y Desocupación, atacan con su hechizo maligno al general Galtieri, Presidente de facto, quien intenta exorcisarlas vociferando la recuperación de las Islas Malvinas ante una enardecida Plaza de Mayo de izquierda, de derecha, de Madres y de obreros duramente reprimidos dos días antes. Por fin la barra quilombera, más grande y plural que nunca,  celebra el comienzo de lo que será una guerra como la gente, con Patria, bandera, sangre y muerte. «Esta barra quilombera, no te deja-no te deja de alentar.»

Figuras muy populares efectúan patrióticas donaciones y se despojan de valores ante las cámaras de ATC Color. La certeza de la victoria se manifiesta por todas partes: «¡Mirá si los ingleses nos van a mandar la flota del Atlántico Norte por una islita de mierda en el culo del mundo!» «¡Que venga el Principito! Los vamos a echar con agua hirviendo!».
Ingresa al campo de fuego la flota del Atlántico Norte. Comienza el partido!… Ataca Argentina llevando peligro sobre la línea enemiga…! Un avión argentino ataca velozmente y derriba un avión inglés! ¡¡¡¡Goooooooooooooollll!!Goooooool argentinoooooooo! ¡Argentina 1, Inglaterra 0! ¡El que no salta es un inglés! ¡El que no salta es un inglés!

Los gringos tienen unos aviones rarísimos que levantan vuelo como un helicóptero. «¡Los bajamos a hondazos, carajo!» Las fuerzas inglesas atacan imponiendo su superioridad tecnológica, logística y una mayor preparación profesional. La situación militar argentina es insostenible y está a punto de caer derrotada. ¡Pero en este momento ingresa el Papa a la cancha! ¡Esta vez en vivo y en directo el Papa interviene personalmente para detener el partido!¡¡Lo hicimos venir al Papa!!!¡¡El mundo entero nos está mirando!! ¡¡¡El Papa, la Tacher, Reagan, Fidel se abrazó con Costa Méndez.! Somos protagonistas mundiales!!! ¡¡¡Nos rendimos!!!

Un combatiente nacional, bulliciosamente despedido por el vecindario cuando partió a la guerra, regresa herido pero con vida. La barra quilombera no se lo perdona y ni lo saludan. Por perdedor. Ni siquiera había muerto.

La dictadura militar se apresta a librar su última batalla para subsistir en el poder: el Mundial de Fútbol 1982 en España. Sueñan con repetir aquel golazo del 78. La gran esperanza es el debut mundialista de Maradona.  Suerte  perra, se nos lastima el Dié. Perdimos la guerra y perdimos el Mundial.

La barra quilombera no tiene nada para festejar. Chau, Galtieri. El último Presidente de uniforme, el general Bignone, nos informa que retorna la democracia. «Venimos sin piedras en las manos», dice. Menos mal. Lo único que  les faltaba era lapidarnos.

Por Ricardo Talesnik

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