A mediados de este mes de junio, una serie de documentos de Hamas hallados en la Franja de Gaza confirmó que un objetivo central del grupo palestino islamista detrás del ataque terrorista del 7 de octubre del 2023 fue descarrilar las negociaciones para una normalización de las relaciones diplomáticas entre Israel y Arabia Saudita.
Ahora, en los primeros días de julio, se cumplen mil días de la salvaje invasión que dejó 1.200 muertos en el sur de Israel y cientos de heridos, vejados y secuestrados. Mirando hacia atrás, se puede decir que Hamas no solo logró aquel objetivo, sino que reordenó brutalmente el escenario en Medio Oriente.
Durante una reunión de altos comandantes celebrada recientemente, el jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el teniente general Eyal Zamir, reconoció el alcance y las consecuencias del ataque del 7/10, que desembocó en una guerra en Gaza, un recrudecimiento de los choques con Hezbollah y lluvias de misiles desde Irán y Yemen.
Al llegar a la marca de los mil días, dijo Zamir, ese hito simplemente «nos recuerda nuestra responsabilidad colectiva y el peso que recae sobre nuestros hombros: recordamos, aprendemos y nos preparamos para continuar el combate y afrontar los numerosos desafíos que aún nos esperan».
Las FDI, sin un día de descanso desde el 7/10
En efecto, y a pesar del cese del fuego establecido en octubre del 2025 y la zona de seguridad demarcada a lo largo del enclave palestino, las tropas israelíes siguen golpeando, aunque sea esporádicamente, a Hamas, que todavía controla parte de Gaza.
Al norte, y mientras se desarrollan negociaciones con el gobierno de Beirut para desarmar a Hezbollah —otro de los grupos patrocinados por Irán en la zona—, las FDI siguen controlando parte del Líbano meridional y luchando contra el complejo aparato militar de los fundamentalistas islámicos.
Y, en febrero de este año, junto a fuerzas de Estados Unidos, Israel se embarcó en el segundo round de la guerra contra Irán después del choque de junio del 2025. El régimen de Teherán, duramente castigado por los aviones norteamericanos y los que llevan la estrella de David, negocia con Estados Unidos un «acuerdo de paz» que podría dejarlo más sólido —y con más dinero en sus arcas— que antes de la guerra.
Entretanto, miles de familias israelíes siguen evacuadas en el norte del país, por la posibilidad de nuevos ataques con cohetes de Hezbollah. Periódicamente se reporta la caída de soldados y oficiales en el frente en el Líbano, y ni siquiera una mínima normalización aparece en el horizonte de Gaza (a pesar de los rimbombantes anuncios de «reconstrucción»).
Hablando con sus oficiales, Zamir destacó los «mil días y mil noches de lucha en una de las guerras más largas, complejas y exigentes» que enfrentó el país. Aunque el resultado no es definitivo, «el liderazgo en combate, la toma de decisiones, el mando y la valentía de los soldados» bajo fuego y en los momentos más difíciles, fueron clave para que las FDI «prevalecieran en todos los frentes», remarcó.
Esta guerra, continuó el teniente general israelí, «transformó los métodos bélicos, los conceptos operacionales y nuestra forma de operar». Además, aunque el comandante no lo indicó, las FDI se convirtieron en una aceitada máquina militar y el sistema de defensa nacional se encuentra en medio de un auge de exportaciones de armamentos y sistemas electrónicos de guerra.
Venganza y contención
Aunque las heridas siguen abiertas, parece ya lejano el 7 de octubre del 2023, cuando el país se detuvo paralizado por el horror y arrancó luego en modo venganza. Y también en modo contención diplomática: las relaciones con los socios de los Acuerdos de Abraham siguen siendo muy buenas, y el lazo con Washington, a pesar de los chispazos, se mantiene inalterable.
La eventual normalización con Arabia Saudita, que podría haber cambiado dramáticamente el escenario geopolítico del Medio Oriente quedó, en cambio, a un costado de la historia.
Los documentos hallados en Gaza, analizados por el think tank Institute for Counter-Terrorism and Intelligence Research, que tiene su sede en la periferia de Tel Aviv, mostraron que Hamas ya había creado en febrero del 2022 una «oficina especializada» en gestionar su estrategia contra la normalización entre Riad y Jerusalén.
Dos semanas antes del ataque del 7/10, el ahora extinto líder de Hamas en Gaza, Yahya Sinwar, convocó una reunión crucial en la que abordó las graves ramificaciones geopolíticas de un posible acuerdo saudí-israelí. La invasión, finalmente, terminaría de concretar esas aspiraciones islamistas.
Mil días después del ataque, el conflicto con Teherán se encuentra en un estadio difícil de describir, mientras todavía falten conocer los detalles de un eventual acuerdo con Estados Unidos.
Una luz tenue e inesperada
La señal positiva en estos días está llegando desde Beirut, donde el gobierno central parece, por primera vez en décadas, dispuesto a poner límites al poder de Hezbollah en su país.
Este lunes, el ministro de Defensa, Israel Katz, aseguró que el país no tiene «ninguna ambición territorial» en el vecino del norte. Pocos días antes, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, dijo que las negociaciones con Beirut, patrocinadas por Estados Unidos, podrían ayudar a «avanzar hacia la resolución del conflicto» y a «un acuerdo de paz entre ambos países».
«El Líbano, Israel y Estados Unidos le están diciendo, en esencia, a Irán: esto no es asunto tuyo —siguió Netanyahu—, no tienes ninguna relevancia aquí, no tienes ninguna participación ni papel que desempeñar, ni tú, ni Hezbollah, ni ninguna organización terrorista».
De esta manera, desde la capital libanesa llega una de las pocas esperanzas de normalización entre Israel y los países de la región que quedan con vida después del ataque de Hamas del 2023.

