La historia del Mirage de la Fuerza Aérea Argentina en un museo de Israel

Mirage
Mirage

Hace sesenta años, el legendario piloto israelí Yoram Agmon hacía historia al derribar un poderoso MiG-21 soviético por primera vez desde un avión de combate Mirage, un aparato que luego, poco después de la Guerra de Malvinas, pasó a formar parte de la flota de la Fuerza Aérea Argentina.

La hazaña se registró muy poco después del primer abatimiento absoluto de uno de esos aviones soviéticos, ocurrido el 26 de abril del mismo año en Vietnam, bajo el fuego de un F-4C Phantom estadounidense.

El avión de las dos banderas  albicelestes se encuentra ahora en un museo aéreo en el Negev y sirvió de imagen de fondo para una entrevista homenaje a Agmon, nacido en 1939 y reverenciado oficial retirado de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

Agmon marcó nada menos que seis kills (derribos) de aviones enemigos durante su carrera de piloto: cuatro de las fuerzas sirias y los otros dos de la aviación egipcia, entre 1966 y 1974, incluyendo acciones en la Guerra de los Seis Días y la Guerra de Iom Kipur.

El primero de esos abatimientos fue el que quedó en la historia. El 14 de julio de 1966, el piloto se enfrentó con el MiG-21 sirio a bordo de su Mirage 3 (Shahak) y lo terminó echando a tierra.

«Me dije a mí mismo: está prohibido mover la vista, está prohibido apartar la mirada por un segundo. Si la apartas en esta situación, no los ves más», relató Agmon durante la entrevista al recordar el enfrentamiento con el avión sirio durante una salida de patrulla. «El primer disparo no impactó, el segundo sí lo hizo y el ala (del MiG) explotó».

El derribo que cambió la ecuación aérea en Medio Oriente

Aquel temido caza de fabricación soviética era considerado en ese entonces la amenaza más crítica para la superioridad aérea israelí, hasta que ese combate cambió la historia para siempre. Y, para este piloto, luego vendrían cinco kills más: otros tres MiG-21 de las fuerzas de Damasco y un MiG-19 y un Sukhoi Su-7 egipcio.

Aquel Shahak (el nombre hebreo de ese modelo del Mirage francés) llevaba la matrícula 159 de la Fuerza Aérea israelí y seguiría su carrera letal incluso después de pasar al control de otros pilotos. En total, la aeronave derribó trece aparatos enemigos.

En 1982, poco después de la Guerra de Malvinas que enfrentó a las fuerzas argentinas con las tropas británicas que reimpusieron el control colonial sobre las islas sudamericanas, las autoridades de Buenos Aires buscaron, en medio de un fuerte aislamiento internacional, compensar las bajas por el conflicto.

Así fue que el Shahak 159, junto a otros veintiún aeronaves israelíes, llegó a la Argentina, primero con la idea de ser utilizado para repuestos, pero luego —por suerte— quedó en servicio activo en la IV Brigada Aérea de la aviación militar de la nación sudamericana.

Como parte de una larga historia de servicio (habían sido encargados por las FDI a la Dassault francesa en la década del ’60 del siglo pasado), los aviones aterrizaron en Argentina —esquivando el embargo de armas— entre diciembre de 1982 y octubre de 1983. Según analistas argentinos, recién entraron en funciones entre los años 1984 y 1986.

De un héroe israelí a los héroes de Malvinas

El Shahak de Agmon fue utilizado por los pilotos argentinos con la matrícula local C-713. Cuando se retiró del servicio activo, el aparato se exhibió por algunos años frente a su brigada, en la provincia de Mendoza, hasta que se consideró que era el momento de devolverlo a casa.

En otra muestra de la larga amistad entre los dos países, las autoridades argentinas «vendieron» el aparato por la cifra simbólica de un dólar en el 2003. Al llegar a Israel, el avión se instaló en el museo de la Fuerza Aérea en Hatzerim, cerca de Beer Sheva, en el sur del país.

Allí se ubicó Agmon para una entrevista difundida en uno de los canales de YouTube de las FDI. El avión lleva todavía la leyenda Fuerza Aérea Argentina, los símbolos de los trece kills y el escudo con el lema del escuadrón 55, Fe, prudencia y coraje. El escuadrón adoptó ese número en homenaje a los miembros de la brigada mendocina que cayeron en Malvinas.

El reencuentro de Agmon con su viejo caza, seis décadas después, revivió las emociones de aquella hazaña de julio de 1966. Al contemplar la aeronave, el veterano piloto resumió con orgullo el significado de ese combate: «Esa fue, por supuesto, mi primera victoria, pero fue el derribo del primer MiG-21 en el mundo, y fue, definitivamente, una experiencia inolvidable«.

Fuente: Israel Económico.

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