Sucedió en Nueva York, Estados Unidos. Judith Altmann, sobreviviente del Holocausto, fue invitada para compartir su historia en el colegio John Jay High School y una vez que se retiró de la institución apareció pintada una esvástica en el baño.
Una alumna afirmó: «Es un tema que es realmente oscuro. Después de todo lo que nos mostraron, el prejuicio y el racismo aún existen en nuestra escuela».
El superintendente del colegio, Andrew Selesnick, envió una carta a los padres diciendo que creía que el graffiti era más un hecho «disruptivo» que debido al «odio dirigido a otros». «Nosotros redoblaremos nuestros esfuerzos para encontrar a los responsables», concluyó.
A principios de año ya habían aparecido esvásticas pintadas en asientos del micro que traslada a los alumnos a la escuela y en un árbol del parque que pertenece al John Jay Hisgh School.

