Guido Bastus es un joven argentino judío, estudiante de abogacía, que se decidió a recorrer el mundo y contarnos momentos de su viaje. Su experiencia la comenzó con Taglit , un programa educativo cuyo objetivo es que jovenes judíos de todo el mundo vivan la experiencia de visitar Israel. Luego recorrió algunas ciudades de Europa y finalmente recaló en Londres, donde se quedará algunos meses y se capacitará. El viaje lo realiza solo, pero su personalidad ya lo ubicó con jóvenes de otras nacionalidades.
Su relato nos coloca en la mitad de un partido de futbol, el deporte en el que no hace falta preguntarse nada. Solo pararte en la cancha y a partir de ahí; jugar.

«7 de la tarde en la meridional Londres y a pesar de la llovizna molesta el partido está por empezar»: 14 completos desconocidos de diferentes nacionalidades del mundo se disponen a desplegar en el Mile End Park, a través de quites, gambetas y fútbol, un espectáculo lleno de culturas y personalidades.
Saca mi equipo. Los “Sin Pechera”. Y empieza el show.
Rápidamente con Daniel (Inglaterra), como si lo hubiéramos planeado de antemano, nos dividimos la defensa formando una sociedad inmejorable. Daniel es bastante alto, tosco con los pies y no es difícil darse cuenta que jugó toda su vida de defensor central. Educado, de buen hablar, no duda en alentar a nuestros compañeros con un “Unlucky!” cuando hay un intento no llega a buen puerto. No tardé ni dos jugadas sacarle la ficha: un tipazo.
Sobre el carril izquierdo se desempeña quien en honor a la simpleza vamos a llamar “el surcoreano”. Promete ser el clásico y famoso clavo, pero para sorpresa de todos resulta ser un carrilero altamente fiel y cumplidor.
El mediocampo es jurisdicción de Andrea. “Inter, lleno de argentinos!” se anima a comentarme. Le replico abriendo las palmas y diciendo “Il capitano, Zanetti!”, e inmediatamente imita mi gesto haciendo una clara y fraternal reverencia al inmortal Pupi.

Los sin pechera arrancamos con un gol arriba por obra de Max, un mediocampista ofensivo inglés que terminó el partido con el más alto porcentaje de goles sobre remates ejecutados que jamás haya visto. Directo y potente, no le tiembla el pulso para usar el físico para defender su posición.
El partido es de trámite parejo, sí. Pero sobre la recta final Leo, mi amigo paulista, queda mano a mano frente al arquero. Y si bien mira y amaga a patear hacia un poste, mediante un sutil toque en dirección al otro deja al arquero rival en ridículo, quien con el fastidio de quien acaba de ser asaltado y un grito al aire que no llegué a comprender, recoge la pelota en el fondo del arco.
Leo festeja su gol con una sonrisa pícara, de oreja a oreja, como de nene que acaba de hacer su mejor travesura. Si bien Leo es rubio y de tes blanca, ese especial goce y sonreír no conoce de cabelleras ni colores de piel y la comparación con el gran Dinho es inevitable. Mi amigo quizás no es totalmente consciente, pero está sabiendo disfrutar su momento preferido del día.
Es victoria para los sin pechera. Los rivales de turno (el francés que es igual a Hazard, la lírica pareja ofensiva italiana, y el rudo central alemán, entre otros) quedarán para un futuro relato.
Pero lo que no escapa a esta historia es lo mucho que estos personajes cuentan, sin hablar, de sus características personales.
Fútbol, diversidad cultural y una llovizna molesta. Bienvenidos a Londres.
Autor: Guido Bastus

