«Yo venía de una situación compleja de niño, muy dura. Entonces tuve que desarrollar la capacidad de buscar en el afuera, no solo afecto, sino herramientas cognitivas para sobrevivir. Mi casa era verdaderamente una guerra», con esta declaración comienza Ignacio Mazzocco la entrevista con la CADENA JUDÍA DE INFORMACIÓN. A lo largo de su relato el judaísmo será un punto central de los momentos más trascendentales de su vida, algo llamativo para una persona que no tiene ascendencia judía.
Mazzocco no es judío, pero a los 12 años se acercó solo a una sinagoga y se sintió involucrado. “El Holocausto me hiere”, dice este abogado, que trabajó en estudios jurídicos de renombre y es escritor por vocación
Nos dice que no sabe por qué se aferro tanto al judaísmo y fue a una sinagoga a los doce años, pero como explicó en las primeras líneas de este reportaje su situación familiar fue un detonante: «A mi me echan del colegio en cuarto grado, un colegio de curas, y mi madre me manda a un colegio laico. Me acerco mucho a una familia judía, primero por mi compañero de clase, pero después como yo tenía muchas carencias, el papá y la mamá de mi amigo eran una figura paterna y materna para mí».

En algún momento de su vida comenzó el curso para convertirse al judaísmo en Fundación Judaica a cargo de Marisa Bergman, no pudo ser constante, pero eso no le impidió seguir profundizando en su búsqueda interior. Es por eso que se propone como voluntario en el Hogar Le Dor Vador para acompañar a una señora sobreviviente del Holocausto de apellido De Weiss que se encontraba residiendo en el hogar: «Esta señora me confiesa que era sobreviviente de Auschwitz, eso se apoderó de mí, le pedí permiso para grabar nuestras charlas».
A partir de ahí la vida de Ignacio cambiaría radicalmente. Se comienza a interiorizar sobre la temática del Holocausto: toma clases de historia con una profesora reconocida en la materia. El año pasado en un grupo de estudio dirigido por Marcelo Sinay, profesor de la Universidad de Jerusalem, viajó a Polonia a recorrer los campos de concentración y de exterminio, y vivió varias experiencias: «Polonia es un capítulo en sí mismo en mi vida (…) Yo cuando estaba en Polonia sentí que estaba herido, ultrajado, herido. No sentí que estaba yendo a estudiar un MAL de otros, sino que lo sentí como propio. Si vos me preguntas por qué, no lo sé. Tal vez tiene que ver con esta búsqueda que vengo encarando hace veinticinco años».
Durante ese viaje pasaron algunos sucesos llamativos de explicar, hasta para el propio Ignacio: durante todo el viaje de estudio no sacó ninguna foto, incluso ni con su celular, pero que en las pocas fotos que apareció «estaba arrodillado en el piso mirando la nada. Ese era mi estado general. Después fuimos a un bosque dónde se produjo una matanza de toda la población de judíos de esa ciudad, y lo que me sucedió es que me arrodille, puse una mano en el piso, como si estuviera tocando algo, y me puse a llorar de una forma que en mi vida llore. Era un llanto muy infantil».
La vivencia fue tan trascendental en su vida que hasta, incluso, meditó «en todas las cámaras de gas de los campos de exterminio que visite y en los bosques donde hubo fosas comunes o matanzas (…) Son lugares muy oscuros y difíciles. Lo que sí puedo asegurar es que no soy el mismo después de haberlo hecho».
Ya refiriéndose acerca de la obra artística integral que estrenará el próximo 8 de abril a las 19hs en el Teatro IMPA aseguró: «El Observador es una muestra gráfica, pero al mismo tiempo, a los espectadores les pasan cosas, por que suceden cuestiones físicas, sensoriales, y termina con un concierto de temas hechos por mí. Es una obra muy integral y sensorial. Es la focalización en un punto de todo lo que yo viví y de todas las capacidades que fui construyendo, solo, a lo largo de mi vida, eso es lo que me dio Polonia. Me brindó mucho dolor, pero es como si hubiera un disyuntor que se prendió y me dio una lucidez para expresar mis talentos y capacidades. Espero que converja acá, pero que no sea lo último, sino lo primero de muchas ideas. A futuro, tengo la idea de armar un proyecto social de reflexión, investigación y acción, y estoy escribiendo un libro, aunque con esto de El Observador, lo deje un poco de lado», afirmó el entrevistado.
Hasta el día de hoy, Ignacio, no puede explicar por qué hizo lo que hizo en su viaje de estudio espiritual a Polonia, ni tampoco su acercamiento al judaísmo en un momento duro de su infancia, pero durante toda la entrevista, siempre, hizo hincapié en la posibilidad de dejar un legado para las generaciones futuras, casi como una redención de su propia historia. Aquella que algunas veces lo asusta y otras, como en la actualidad, le dan fuerza:«Hasta que no hagamos un ejercicio consciente y crudo de contacto con este sufrimiento que pasamos y que le sucedió al pueblo judío (en referencia a la Shoá), es muy probable que este fantasma nos aceche hasta el fin de nuestras vidas».
El Observador es una obra integral artística que combina el arte gráfico, lo sensorial y la música que se podrá ver a partir del 8 abril a las 19hs en el Teatro IMPA, La Fábrica, Querandíes 4290, esquina Pringles.

