Seguramente haya otras organizaciones dedicadas a la “accesibilidad” en distintas partes del mundo, pero parece difícil que otra iguale en determinación y energía a Access Israel. Se me ocurren algunas razones para esto. En primer lugar, un sentimiento comunitario que en Israel es intensísimo, entre otros motivos por la hostilidad del medio circundante. Puede pensarse que, desde la creación misma del Estado, la vida en Israel adquirió un inevitable aspecto épico. La solidaridad seguramente sea un valor sagrado.
Ese sentimiento comunitario conecta con una auténtica obsesión israelí, el desarrollo tecnológico, que está en la naturaleza misma de una nación creada en medio del desierto; su falta de recursos naturales la convirtió en una potencia tecnológica mundial. En Israel hay algo atávico (el matrimonio civil todavía no está reconocido, por ejemplo) y sumamente avanzado a a la vez (el modernismo arquitectónico de Tel Aviv, versión mediterránea del estilo Bauhaus introducido por la inmigración centroeuropea de los años ’30 y ’40, es una de las marcas más bellas y expresivas de ese segundo aspecto).
El desarrollo tecnológico implica mejores condiciones de vida y, al mismo tiempo, oportunidades comerciales. Por esta razón los llamados entrepreneurs son los socios naturales del programa de accesibilidad en Israel. Tuvimos una buena muestra de ello en la primera de las jornadas, donde se podía recorrer un gran stand de nuevos emprendimientos y mantener un breve diálogo con cada uno de los representantes.
Algunas son invenciones de alta ingeniería digital, como el Step-Hear, que facilita a las personas ciegas una perfecta orientación por medio de un aplicación gratuita que se activa desde el celular y que funciona en aquellos sitios (bancos, supermercados, estaciones de servicio, transporte público, semáforos, etc.) que hayan instalado el sistema; o los anteojos para ciegos Orcam, que proporcionan un completo sistema de orientación y lectura (lógicamente, traducido oralmente por un diminuto ordenador); o un dispositivo que permite manejar una computadora con un simple movimiento del antebrazo, como un mouse incorporado. Pero además hay cosas muy simples como rampas plegables o un sistema para enganchar una silla de ruedas con el cochecito del bebé, de modo que madres o padres sin movilidad pueden sacar a sus pequeños a pasear.
Hay otras producciones que apuestan más al largo plazo, como la de Yoocam Technologies, una plataforma global que conecta a las personas con discapacidad de distintas partes del mundo, que comparten sus problemas, intereses, posibles soluciones. “Yoocan no es una empresa filantrópica -nos aclara su CEO Moshe Gaon-, apostamos a las ganancias que puedan ingresar como una comisión por la venta de artefactos generados a partir de ese intercambio”.
No se trata -y esto sin duda es muy significativo- de una campaña de denuncia, sino de una campaña “positiva”, como ellos la califican. Por ejemplo, algunos taxistas ven a un potencial pasajero en silla de ruedas y se hacen los distraídos. La idea no es señalar a los que no colaboran, sino premiar simbólicamente (con un logo) a los que sí lo hacen.
La publicidad busca crear conciencia y empatía, que es otro de los puntos fundamentales de Access Israel además del desarrollo tecnológico. La ONG ofrece programas en escuelas, y una mañana tuvimos la oportunidad de verlo en acción en la prestigiosa escuela secundaria Mosenson, en los suburbios de Tel Aviv, que es pública como el 90 por ciento de las escuelas israelíes. En esas clases se explica a a los alumnos cómo uno puede lidiar con estas discapacidades e invitan a compartirlas de algún modo, haciendo que los chicos se pongan a andar en silla de ruedas o traten de atender un teléfono con unos guantes gigantescos, por ejemplo.
La búsqueda de empatía puede eventualmente resultar un poco invasiva. Personalmente, no tuve inconvenientes en trasladarme en silla de ruedas de un punto a otro en la escuela Mosenson, pero al día siguiente manifesté mis reservas en la llamada Feast of the Senses Dinner (Banquete de los sentidos), una cena a ciegas organizada por Access Israel en un restaurante de Tel Aviv, a la vera del Mediterráneo. Había que entrar al salón con los ojos vendados, en fila india, la mano en el hombro del de adelante, como si los periodistas y otros invitados fuésemos ciegos; y, en principio, también había que comer a ciegas. Yo no estaba muy convencido, y mi colega mexicana, todavía menos que yo. Ella preguntó si la venda era optativa y le respondieron que no, que sí o sí debía ponérsela.

Las clases en la escuela lógicamente están a cargo de discapacitados. El instructor de silla de ruedas es un hombre de 47 años que hace treinta perdió ambas piernas al pisar una mina en las Alturas de Golán. Hoy trabaja en Access Israel y es entrenador de básquet en silla. Y este es sin duda otro de los puntos importantes del programa de accesibilidad en Israel: los accidentes producidos por guerras o por la vida militar.
De hecho, el presidente de Access Israel es Yuva Wagner, un ex piloto de la Fuerza Aérea de Israel que en 1987 quedó paralítico tras desplomarse su helicóptero; en 1999 Wagner fundó esta ONG. El tópico del veterano accidentado ignorado o rechazado por la sociedad difícilmente tenga cabida en Israel, donde no hay nadie que no haya pasado por el servicio militar (casi tres años los hombres y dos años las mujeres).
Durante tres días, un grupo de veteranos y de innovadores tecnológicos permanecían día y noche en ese centro ideando soluciones específicas para doce víctimas de guerra: siete israelíes, cuatro estadounidenses y un francés, todos allí presentes. Aquí se trabaja en grupo y no hay ningún propósito ni estímulo comercial, sino simplemente el desafío de diseñar dentro de ese plazo de 72 horas un prototipo en 3D.
En la convención del 29 de abril hubo conferencias y mesas redondas, además de la presentación de los productos que habíamos podido conocer el primer día. Las disertaciones eran por lo general muy optimistas. Algunas en exceso, como la de la consultora en estrategia y tecnología Yahli Admati, que confía en que el desarrollo tecnológico redundará en el mejor de los mundos posibles, no sólo para los discapacitados sino para absolutamente todo el mundo, y en que la información y el conocimiento global terminarán erradicando la pobreza en todos los rincones de la tierra.

el ángulo de la discusión sobre el progreso social y tecnológico.
Le tocó a Eitan Atia, director general del Forum 15, una asociación que administra la relación entre las ciudades y el gobierno central en Israel, poner un poco de paños fríos en medio de tanta euforia. Atia señaló que el desarrollo tecnológico por sí solo no producirá ningún progreso social si no está orientado por ciertas políticas políticas públicas, y advirtió que el concepto de Smart City podía terminar por convertirse en un fetiche con finalidades meramente comerciales.

