El último judío de Afganistán se enfrenta a la ruina al no venderse kebabs

 

Zabulón Simintov siempre se quita la kipá antes de entrar en su cafetería en una vivienda en mal estado donde también está la última sinagoga de Afganistán.

«Siempre me quito la gorra, de lo contrario la gente pensará algo malo acerca de mí», dijo Simintov alegremente, mientras baja las escaleras – cubiertas de mugre – a la cafetería de la planta baja.

Con sus 50 años, Simintov es el último judío afgano conocido que permanece en el país. Se ha convertido en una celebridad en los últimos años y su rivalidad con el anterior último judío, que murió en 2005, ha inspirado una obra de teatro.

Consciente de la cultura musulmana muy conservadora de Afganistán, Simintov trata de no publicitar su identidad para así proteger su cafetería kebab que abrió hace cuatro años, a la que le dio el nombre de Balkh Bastan que es una provincia del norte de Afganistán.

«Toda la comida aquí es preparada por musulmanes», dice.

El café, limpio y brillante, se enfrenta ahora al cierre porque los kebabs no se están vendiendo bien – en gran parte debido al deterioro de la seguridad en Kabul, lo que ha hecho que la gente asustada no salga a comer afuera o venga a visitar la ciudad.

Simintov solía depender de los pedidos de “catering” de los hoteles, pero incluso estos han disminuido a medida que las tropas extranjeras comienzan a retirarse de Afganistán, debilitando aún más la seguridad y la inversión.

«Los hoteles pedían comida para 400 a 500 personas. Cuatro o cinco hornos estaban ocupados desde la tarde hasta la noche», dijo. «Tengo la intención de cerrar mi restaurante el próximo mes de marzo y alquilar el lugar”.

A la hora del almuerzo, una sola mesa estaba ocupada por un par de clientes que habían pedido carne tierna en pinchos largos y otros platos afganos. Ninguno de ellos parecía conocer la historia de Simintov y dijeron que entraron solamente porque la cafetería de al lado, que hacía un plato especial de pasta afgana, había cerrado.

Poco se sabe sobre los orígenes de los judíos afganos, que algunos creen que pudieron haber vivido aquí desde hace más de 2.000 años. Un conjunto de pergaminos del siglo 11, recientemente descubiertos en el norte, proporcionó la primera oportunidad de estudiar poemas, registros comerciales y acuerdos judiciales de la época.

La comunidad constaba de varios miles a comienzos del siglo 20 repartidos en varias ciudades, pero teniendo contactos limitados con otros judíos en el extranjero. Más tarde abandonaron el país en masa, sobre todo hacia el recién creado estado de Israel.

La esposa e hijas de Simintov también se fueron para el Estado judío, pero él decidió quedarse con sus «hermanos» afganos.

Polvoriento y ruinoso

Originario de la ciudad fronteriza occidental de Herat, cuna de la cultura judía en Afganistán, Simintov exhibe “posters” con las puntas dobladas y libros de oración, cuando muestra la sinagoga en ruinas a los visitantes.

Sacó un «shofar» – el cuerno de carnero utilizado para el Año Nuevo judío y el Yom Kippur, el día de la expiación – de un armario lleno de polvo y sopló sin obtener sonido alguno. Simintov también mantiene un cementerio cercano, marcado por unas pocas piezas de piedra dispersas en un jardín descuidado.

A otras religiones les ha ido peor que al judaísmo.

No quedan afganos cristianos, al menos ninguno que lo diga abiertamente, y la única iglesia permanente está en el interior del recinto diplomático italiano. Hay una pequeña población hindú, pero se está reduciendo rápidamente.

La mala fortuna personal de Simintov está vinculada a los crecientes riesgos de tener un negocio.
Más de una docena de años han transcurrido desde que la invasión liderada por Estados Unidos derrocara al movimiento talibán para poner fin a sus cinco años en el poder, pero el miedo a las bombas, los tiroteos y la delincuencia siguen siendo parte de la vida cotidiana.

Simintov dijo que el café había perdido USD 45.000, y todos los objetos de valor que había coleccionado su padre fueron robados antes de que los talibanes fueran derrocados en el 2001. Espera que el alquiler de la cafetería le pueda generar suficiente dinero como para renovar la sinagoga.

Gran parte del interior de la casa pintada a la cal, incluyendo el suelo y las paredes de la sinagoga, están cubiertos por una película negra. Sobrevivió a los talibanes, pero sus contenidos fueron saqueados.

No importa cuán firme se mantenga Simintov sobre practicar su fe, está amargado – incluso enfurecido – por su desgracia y por el fracaso de la fuerza de la OTAN, liderada por los Estados Unidos, para crear las condiciones de paz y seguridad sin la amenaza de los talibanes.

«Es mejor ver un perro que a un estadounidense», dijo. «Si la situación del país sigue empeorando, me voy».

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