Teherán y su tentación de deglutir al Líbano. Por George Chaya

Las señales de que Teherán no se avergüenza de lanzar el peso de su poder en torno del Líbano están a la vista y en todas partes para aquellos que lo quieran ver.

El erróneo consenso desarrollado entre analistas políticos occidentales en los últimos 3 años ha sido que ninguna de las potencias externas involucradas en la complejidad política del Líbano tiene interés en inmiscuirse en la grave crisis política del país. Generalmente, muchos colegas suelen citar tres razones para respaldar sus opiniones en la materia. La primera es que ninguno de los bloques rivales en Líbano tiene la ventaja inicial necesaria para disputar -y ganar- el poder total. El segundo punto suele ser fundado en que los actores regionales y globales rivales están demasiado ocupados en otros lugares como Irak y Egipto, por ejemplo, como para desear la apertura de un nuevo escenario de crisis en Líbano. Por último, algunos se refieren a la profundización del conflicto sirio, lo que significa que ambas partes -es decir, el tándem ruso-iraní y el bloque árabe respaldado por Occidente- priorizan sus operaciones, concentrándose en la lucha por el control de Damasco y Siria.

Sin embargo, las tres razones anteriormente citadas pueden no ser convincentes ni tener la relevancia que se les otorga.

Para comenzar, el bloque liderado por Irán siente claramente que, en el actual escenario: tiene el campo liberado en la región. La República Islámica ha logrado enredar a Washington en interminables negociaciones sobre la cuestión nuclear, con ello, ha eliminando cualquier posibilidad de una acción militar en su contra por parte de EE.UU, y de momento también de parte de Israel. No obstante, los khomeinistas saben que una vez que termine el mandato el presidente Barack Obama, la política de EE.UU. bien podría cambiar radicalmente. De esta manera, Teherán percibe que dispone de un máximo de dos años para explotar la confusión y la debilidad estadounidense y ello le brinda la posibilidad de consolidación de sus políticas regionales. Esa posibilidad esta tentando claramente a los mullah a estimular y lanzar al terreno a sus peones libaneses en un intento de hacerse con el Líbano.

Ahora, aunque el escenario regional muta a gran velocidad y con algunos imponderables, la situación en Egipto e Irak alcanzo cierto grado de ‘fingida estabilidad’. Incluso si se demostrara que la eliminación de la Hermandad Musulmana de la escena política egipcia es una estrategia temporal que abre camino al bloque árabe preocupado por las ambiciones de expansión regional iraní hacia el norte de África. Lo mismo acontecería en Irak, donde el primer ministro Nuri Al-Maliki, no goza de confianza entre los khomeinistas, pero Maliki sabe claramente que no tiene más remedio que contemporizar con Teherán para sobrevivir, física y políticamente, incluso si eso lo llevase a confrontar con el bloque árabe (saudita-qatarí).

La tercera razón que puede cambiar las cosas en lo que refiere al Líbano, es el curso del conflicto en Siria. La sociedad política, económica y militar ruso-iraní, que claramente sostiene y mantiene al régimen sirio en el poder está realmente convencida que puede alcanzar la victoria militar en esa guerra civil. ‘Su táctica actual es centrarse en lo que realmente sirve estratégicamente de Siria’, es decir, en mantener libre de rebeldes, opositores e islamistas suníes a Damasco y su zona de influencia del sur, que conecta y enlaza directamente desde la carretera a la costa mediterránea con el Líbano. Eso no es nuevo ni manifiesta un grandísima estrategia, es tan vieja como similar a la estrategia que adoptaron las fuerzas francesas cuando se enfrentaron a una serie de rebeliones anticoloniales durante su ocupación del Líbano antes de la independencia de Paris del pequeño Líbano. Así, con la porción de territorio útil de Siria en sus manos ¿por qué no ir por el Líbano e implantar el poder teocrático chiita?

Las señales de que Teherán no se avergüenza de lanzar el peso de su poder en torno del Líbano están a la vista y en todas partes para aquellos que lo quieran ver. El boicot de los diputados de Hezbollah y sus grupos políticos aliados a la elección de un nuevo presidente por tres rondas consecutivas a escasas dos semanas de expirar el mandato del presidente Michel Sleiman es la prueba palmaria. El Guía Supremo, Ali Khamenei, ha rechazado reiteradamente cualquier intento de conversación con Obama sobre la participación de Irán en la guerra siria y la política de Beirut, y ha ordenado al presidente Hassan Rouhani limitar las conversaciones con el grupo 5+1 de las grandes potencias por la cuestión nuclear.

Otra prueba de las apetencias iraníes sobre Líbano han sido las declaraciones del mayor general Hassan Firuzabadi, jefe de Estado Mayor de las fuerzas armadas de Teherán quien califico repetidamente a Siria y al Líbano como ‘parte de la revolución islámica’ aseverando que ‘Irán necesita esos territorios para luchar contra sus enemigos lejos de sus fronteras’, esas fueron sus declaraciones publicadas por la agencia oficial IRNA en febrero pasado cuando afirmo que Irán estaba a la puerta de una ‘gran victoria en Siria, por el gran esfuerzo de Teherán en trasladar unos 150.000 sirios a Irán y darles entrenamiento militar. También dijo haber enviado 20.000 combatientes de la rama libanesa de Hezbollah para luchar junto a ellos. Al tiempo que declaro que Irán dio a Hezbollah 80.000 misiles con los que puede atacar a Israel, asegurando también, que EE.UU ya estaba derrotado sin disparar una sola bala por la diplomacia iraní.

La victoria esperada en Siria será sólo el preludio a la mayor victoria (Fath al-Mobin) que le espera a la República Islámica, de acuerdo con el subcomandante del Cuerpo de Quds, el general Ismail Qaanai quien señalo que Irán ‘No puede salir ni detenerse en Siria’. Qaanai declaro la pasada semana: «Nuestro objetivo es y siempre ha sido el de dirigir todo el mundo musulmán’’. Y agregó: Es obvio que ningún otro poder tiene las capacidades necesarias para asumir el liderazgo en el mundo musulmán’.

Parte de estas bravuconadas de vecindario de Teherán se deben a la creencia de los khomeinistas de que ha noqueado y lanzado fuera de la región a los EE.UU. Y ello quedo muy claro con las declaraciones del jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica, el comandante Mohamed Ali-Jafari, al decir que ‘los estadounidenses saben que podemos golpearlos con fuerza en todas partes, incluso en el interior de su territorio’.

Sin embargo, algunos mullahs de alto nivel han inyectado un tono abiertamente sectario en la expresión arrogante de Teherán. Por ejemplo, el ayatolá Mohammad-Taqi Mesbah-Yazdi, líder de la facción radical del Pasdarán (Guardia Revolucionaria), afirmo que Irán debería hacerse con el control de Siria para ‘borrar el daño hecho al Islam por los omeyas’, es decir los sunitas. Ahora la tarea de Irán es restaurar el ‘verdadero Islam’ en todas partes. Así, Siria y Líbano son las posiciones de avanzada para el Islam revolucionario chiita.

Como están las cosas hoy en día, el Líbano parece demasiado vulnerable. Su ejército no está aún en condiciones de garantizar la ley y el orden en todo el territorio del país. Gracias al apoyo iraní, el grupo político terrorista Hezbollah tiene armas más modernas y en mayores cantidades que el propio ejército libanés.

Peor aún, los líderes de Hezbollah parecen no tener voluntad propia e independiente y se mantienen a las ordenes de Teherán. Los Órganos oficiales del partido ya no funcionan per se, y su estrategia viene dictada desde Teherán para ser ejecutada por su secretario general Hassan Nasrallah, quien es tratado por los medios de comunicación iraníes como funcionario de la República Islámica. De hecho, en su última visita a Teherán, según informó la agencia oficial de noticias IRNA, Nasrallah fue recibido en audiencia por el Guía Supremo para ‘dar un informe de la situación en el Líbano y recibir las instrucciones necesarias de cara al futuro.’

Definitivamente una acción política-militar para la toma del poder en Líbano podría permitir a Khamenei desviar la atención de las concesiones que se ve obligado hacer en el tema nuclear para evitar la profundización de la crisis económica en Irán. Y, si eso todo esto ocurre, como parece que sucederá, podría ser una mala noticia para el Líbano y la región. (Eldiarioexterior.com)

Por Prof. George Chaya, es BA in History. Es consultor experto en Relaciones Internacionales para el Oriente Medio, Europa y América Latina.  Es autor de ¨La Yihad Global, el terrorismo del Siglo XXI¨ y varios libros de pensamiento.

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