Más detalles de cómo se negoció la oración por la paz entre israelíes y palestinos

Fue por intermedio del rabino argentino Abraham Skorka, amigo de Jorge Bergoglio, que Henrique Cymerman, judío nacido en Portugal y que reside en Israel, donde es corresponsal de la BBC, conoció al Papa.
Su primer encuentro tuvo lugar en junio de 2013, en Santa Marta, como lo relató Cymerman en Jerusalén el lunes 26 a la enviada de Infobae.

Ahora, en charla con Marcelo Longobardi por Radio Mitre, hizo un relato pormenorizado de cómo trabajó con Francisco para la concreción de esta idea que, poco antes del viaje papal a Tierra Santa, estuvo a punto de fracasar.

Cymerman contó que el Papa tenía una invitación del presidente israelí, Shimon Peres, pero faltaba la de la Autoridad Palestina, y él fue el encargado de gestionarla.

A continuación, extractos de su relato:

«Nunca hay un solo artífice [en estas negociaciones]; hay todo un grupo de personas que trabajan pero lo curioso en este caso es que el Papa lo dirija todo de una forma tan directa. Él realmente tenía su mano en cada detalle de lo que ocurrió, desde el programa hasta las llamadas telefónicas, con quién hablar…

Yo intenté ayudar, aprovechando que tengo una experiencia amplia y muy buen contacto con todos los lados en Oriente Medio, y, bueno, hablé con quien hacía falta hablar. Se quedaron un poco sorprendidos aunque me conocen, pero les dije «estoy en el Vaticano» y la cosa se aceleró. El presidente palestino (Mahmud Abbas) vino también a Roma. Luego vinimos con el primer ministro Benjamin Netanyahu, del que el propio Papa dijo después: «Este hombre aún puede en el futuro hacer la paz».

Fueron varias visitas al Vaticano, hasta que, por intervención del Papa, por primera vez un periodista judío israelí estuvo en el avión papal (para el viaje a Tierra Santa). Francisco insistió en que yo estuviera allí con un cámara así que llegamos a Roma el viernes (para sumarse a la comitiva) y en ese momento el Papa me llamó por teléfono y me sorprendió porque hasta entonces el contacto había sido siempre por correo electrónico y a través del rabino Skorka.

Y de repente me llamó y fue porque iba a fracasar esta idea del Papa de hacer una oración por la paz con los líderes de las dos partes –la idea original era hacerlo en Jerusalén-. Iba a fracasar porque este es un momento muy difícil en las relaciones entre israelíes y palestinos.

Cuando Francisco vio esto, me llamó. Primero pensé que era un chiste e iba a contestar «yo soy Napoleón». Por suerte no lo hice porque reconocí su voz. Y allí empezó un contacto de todo el día, dirigido personalmente por el Papa, hasta que el sábado en el avión se detuvo a mi lado unos minutos y me dijo «Henrique tienes carta blanca, vamos a hacerlo en el Vaticano».

Yo hasta entonces había mantenido un secreto total, durante meses, en estas cuestiones si no se mantiene la discreción se fastidian estas cosas.

Creo que esto es parte de la intención del Papa Francisco de ir adelante sea como sea, intentar abrir una puerta con toda su fuerza, con toda su influencia. Por eso lo hizo y lo va a hacer en Roma el 6 de junio.

Cuando comunicó la idea de hacer esta cumbre, era fácil porque había un proceso negociador entre las dos partes impulsado por EEUU con una fuerza tremenda. Enviaron allí a 150 personas, que estaban en el hotel King David de Jerusalén trabajando en esto.

Lo que pasa es que los negociadores estadounidenses se equivocaron en una cosa básica: no reunieron en ningún momento a los líderes de las dos partes; mediaron, enviaron mensajes de un lado al otro durante nueves meses, pero eso no es suficiente. Cuando se está hablando de cosas tan dolorosas y difíciles, hace falta verse la cara, crear confianza, como ya ocurrió en el pasado con el presidente de Egipto, el país número uno del mundo árabe, Anuar El Sadat, y el entonces primer ministro israelí, Menahem Begin, un líder nacionalista como Netanhayu: el hecho de que ambos se encontrasen, hablasen, creasen poco a poco una confianza mutua, permitió un acuerdo de paz histórico que dura hasta hoy, pese a todos los conflictos. Permitió que Israel se retirase de un territorio como el Sinaí que es tres veces el territorio israelí, a cambio de un acuerdo de paz.

A fines de abril (2014) fracasa totalmente el proceso de paz impulsado por los americanos. El ambiente entre israelíes y palestinos es de los más difíciles de los últimos años, con desconfianza, con acusaciones mutuas, con una ruptura prácticamente total entre los lideres y mucha decepción por parte de la administración Obama que invirtió mucho en esto, sobre todo John Kerry, el secretario de Estado, que estuvo 13 veces allí.

En medio de la crisis, llega la idea del Papa de hacer esta reunión de oración y era muy difícil de lograr, pero finalmente después de muchas conversaciones, de mucho esfuerzo por parte del Papa y de algunas personas más, se logró.

Y en el último momento, horas antes de la misa en Belén, el Papa decidió anunciarlo allí y la sorpresa fue total.

No me atrevería a decir que la fecha (del 6 de junio) sea la definitiva, pero esperemos que sí.

Ayer en el avión el Papa dijo que está decidido a hacer esta oración. Él la llama así, pero obviamente tiene un cierto contenido político: aunque nadie piensa que al día siguiente se va a firmar la paz, esto lo que pretende es cambiar la atmósfera tremenda, gris, que existe entre las dos partes y yo creo que es un guiño a la opinión pública de ambos lados, es decirles «señores, es posible».

El Papa hizo este viaje en buena medida por la acción de Shimon Peres y por la admiración que le tiene. Es uno de los estadistas más destacados del mundo. Peres está muy contento, termina pronto su mandato, en julio, y ése es uno de los motivos por los que quiso hacerlo ahora.

Es también un homenaje que el Papa le hace a Shimon Peres sabiendo que él no es la persona que toma las decisiones prácticas en el proceso de paz pero sí que tiene una enorme influencia moral en Israel y en el exterior y que va a seguir batallando por la paz y el acercamiento.

No le habrá sido fácil a Netanyahu quedarse fuera de este juego, lo aceptó y parece que todo sigue más o menos su curso.

Como decía ayer Shimon Peres, el Papa vino con la idea inicial de abrazarse con el rabino Skorka y poner fin a dos mil años de luchas y persecuciones entre cristianos y judíos, y se encontró tratando de resolver o ayudar a abrir la puerta y acercar a las partes de un conflicto de 65 años.

Francisco no evita retos, va decidido, no teme el fracaso, va con su verdad, y utiliza a la gente que realmente le puede ayudar, independientemente de sus cargos, de si pertenecen a una u otra burocracia. Si cree que alguna persona lo puede ayudar a cumplir su objetivo por el bien, él colaborará con ella y eso es fantástico. El Papa es realmente una persona del siglo XXI, al revés que mucha gente en la región, e incluso en el Vaticano, que son realmente una vieja guardia, que no pertenecen al siglo XXI, que están estancados en el pasado. Francisco no, él está adelantado a su tiempo.

Fuente: INFOBAE.

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