Kenia necesita de Israel

Aunque la ayuda de los EEUU y el Reino Unido es, sin duda, bienvenida, incluso vital, lo que Kenia necesita en realidad es lo que podemos llamar la «Opción de Israel». Israel se ha enfrentado a las amenazas terroristas existenciales desde su fundación en 1948 y Tel Aviv se ha defendido en las últimas seis décadas con recursos de contraterrorismo como ninguna otra nación. Una conjunción de inteligencia y fuerza, prevención, castigos versátiles, asesinatos selectivos forman algunas de sus herramientas anti terror.

Los enemigos de Israel saben que nunca ha habido una red de inteligencia y capacidad como la suya. Es el mejor antídoto a la cepa del terrorismo que parece estar afligiendo a Kenia ahora. Tiene mucho sentido, por lo tanto, para un país emprendedor y amante de la paz como Kenia, pedir prestadas las mejores prácticas, experiencia y tecnologías de seguridad de Israel.


El truco está en evitar convertir las medidas antiterroristas en resultados contraproducentes. La mejor lucha contra el terrorismo es preventiva y no curativa. En el momento en que un sistema de seguridad nacional se apoya en el aspecto curativo, cualquiera que sea su idea de una «cura», el número de muertos ya alcanza los miles, las calles manan sangre y devastación (piense sobre el ataque del 9.11 en los EEUU). 

Lo peor del contraterrorismo es cuando recurre a la venganza, ya que sólo suma a los ciclos de violencia, a menudo ataca a los blancos equivocados y siempre se convierte en el caldo de cultivo para la próxima generación de terroristas.

Mientras que el terrorismo no puede ser a su vez aterrorizado, se puede realizar esfuerzos que lo neutralicen al punto de casi inutilidad. Este ha sido el camino de Israel, utilizando selectivamente la fuerza bruta en ocasiones de forma de respuesta abrumadora, o los asesinatos de prevención selectiva. Hoy en día, Israel es el lugar más seguro en el Medio Oriente, justo en el ojo de la tormenta que es el conflicto en esa región, que también comprende a sus enemigos más mortales.

Fuente: The Star

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