A través de sus trayectorias, de sus declaraciones públicas, de hechos que han caracterizado sus historias políticas, es público que ninguno de los candidatos presidenciales de los cuatro partidos con representación parlamentaria cree que Israel es un Estado genocida, ni que Gaza es un campo de concentración, ni que Hamas no es otra cosa que un movimiento terrorista. Esa postura de los cuatro candidatos ha sido en general la postura de la mayoría de los partidos en Uruguay.
Pensar que por eso los actos antisemitas que se han desatado en nuestro país en los últimos dos meses se han desvanecido porque ahora hay una frágil tregua entre Israel y los terroristas, por un lado es muy ingenuo, y por otro, no es cierto. Basta como muestra un pequeño botón. La semana pasada un matutino publicó la noticia de la entrevista entre el Dr. Tabaré Vázquez y el presidente del Comité Central Israelita Sergio Gorzy.
Debajo de la noticia había una veintena de comentarios violentamente antisemitas, y la mayoría no estaban escondidos bajo seudónimos. El racismo está aquí, al alcance de la mano. No verlo, no combatirlo con el peso de la ley, no denunciarlo, es, como siempre lo ha sido y siempre lo será, mucho más que un error; es abrir la puerta para que la tempestad ingrese libremente. Creer que los gobernantes que demonizaron a Israel, que lo calificaron de genocida, que insultaron a los uruguayos que sí fueron víctimas de campos de concentración, dejaron de pensar lo que dijeron oficialmente en nombre de todo el país, es peor que ingenuo. Lo dicho, dicho está, porque fue expresado con convicción.
Se dijo en nombre de Uruguay, aunque esos dichos no nos representan a muchísimos compatriotas. Siempre la realidad son los hechos. Las interpretaciones pertenecen al imaginario subjetivo. Bienvenidos los líderes políticos compatriotas que creen en los valores de la paz y no endosan lo contrario. Pero ya sabemos que sin memoria no hay historia. Y acá, hoy, no se trata del pasado sino de ser conscientes quiénes tienen hoy el puño crispado y quiénes, la mano extendida».
Fuente: El País, Montevideo


