García-Margallo: »Hay riesgo de un corredor yihadista del Atlántico al Índico»

El ministro de Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, hizo declaraciones al periódico ABC sobre el peligro del crecimiento del fundamentalismo islámico, luego que su país logre el asiento como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU.

Nunca un titular podría escribir mejor la historia de un año que amenaza con marcar la próxima década. El yihadismo es la ¿nueva? amenaza para la estabilidad de un planeta que, con más o menos fortuna, ha tratado de evitar catastróficas guerras como las que sacudieron la historia en el s.XX. Pero suenan tambores inmediatos. El año que mañana comienza cuenta entre sus deberes con el de poner coto a una amenaza que es ya una realidad. Un territorio en manos de sanguinarios terroristas que se ramifica en acciones individuales en todas las esquinas del planeta. Una realidad apenas a dos horas de vuelo de cualquier capital europea, alimentada por los petrodólares y la impunidad relativa con que su amenaza se ha despachadoo hasta la fecha de las potencias mundiales. España tiene asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. Actor principal, habrá de hacer frente al gran desafío que el s. XXI plantea a la convivencia pacífica de los pueblos del mundo.

José Manuel García-Margallo ha conseguido uno los principales objetivos que se marcó tras su llegada al Ministerio de Asuntos Exteriores: lograr que, de nuevo España, se vaya a sentar en el Consejo de Seguridad de la ONU. Era una aspiración del país y no sólo de uno u otro Gobierno, porque la candidatura había sido presentada durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Por una vez funcionó la política de Estado para situar a España en un puesto clave para hacerse ver en el concierto internacional.

A continuación algunas de las declaraciones más importantes de la entrevista realizada por el periódico español:

-¿Cuáles han sido los puntos fuertes de la candidatura?
-Desde el punto de vista histórico, nuestra aportación al sistema de Naciones Unidas, porque somos el sexto contribuyente en términos económicos. También nuestra participación en las operaciones de mantenimiento de la paz es destacable: hasta ahora se han empleado 130.000 hombres y mujeres españolas en todo el mundo, desde Afganistán y Líbano hasta Somalia, República Centroafricana, Níger… Nunca hemos rehuido hacer la parte de esfuerzo que nos correspondía como miembros de la comunidad internacional y hemos sido muy activos en la prevención de conflictos y potenciando el valor de la mediación para resolver los ya existentes. De ahí, nuestra participación en la Alianza de Civilizaciones y en el Centro de Viena en el Diálogo Interreligioso o en la operación de mediación en el Mediterráneo que hemos lanzado con Marruecos.

-Usted dijo que la Alianza de Civilizaciones no era más que humo y, sin embargo, ha acabado hablando de sus bondades. ¿España va a seguir apoyando esa iniciativa?
-Lo que yo dije es que la Alianza de Civilizaciones tenía que cobrar más sentido del que tenía inicialmente. Se debían arbitrar fórmulas para incorporar a los parlamentarios amigos para que la Alianza de Civilizaciones tal y como pretendía pudiera avanzar en el camino de la democracia y en la defensa de los derechos humanos. Lo dije ya en Bali: la Alianza de Civilizaciones debía establecer una red de expertos religiosos que acompañasen a las misiones de Naciones Unidas allí donde hubiera un conflicto, en el que las diferencias religiosas cobren un papel importante. Avanzar más en problemas concretos, como por ejemplo, en todo lo que se refiere a la utilización de las redes sociales como instrumento de difusión de las ideas e ideologías extremistas o la educación de los jóvenes y muy en concreto la educación de las mujeres en igualdad de género son capitales en los países que forman parte de la Alianza de Civilizaciones.

-¿Nos ha favorecido para entrar en el Consejo no tener conflictos serios con ningún otro Estado?
-Sí, porque eso demuestra que es un interlocutor y un mediador válido entre todos los países de la comunidad internacional. En Oriente Medio tenemos buenas relaciones con israelíes y palestinos y con todos los países de la zona, aunque algunos tengan agendas diferentes entre sí. España tiene una política exterior muy pragmática, que le permite arbitrar y mediar en los conflictos que asuelan el mundo. De todos modos, sacar más votos que Turquía no ha sido sencillo, porque es una potencia regional emergente, con gran peso económico, que ha tenido una política muy agresiva en su expansión por África, que es un país islámico, y que tiene un papel de actor principal en una región dominada por los conflictos.

-En su opinión, ¿cuál es el principal reto al que deberá enfrentarse el Consejo del que España formará parte?
-Es muy difícil en un mundo que evoluciona a la velocidad que lo hace el actual, identificar riesgos a dos años vista. Lo que hace quince días eran los asuntos más inmediatos, como los conflictos en el este de Ucrania, en Libia, Siria, Malí, o República Centroafricana han pasado a un segundo plano al menos de la atención mediática, porque han sido superados por otros acontecimientos más recientes. Es decir, en este momento, en la semana de la Asamblea General de Naciones Unidas, los dos temas que estaban presentes en todos los discursos de los líderes mundiales era la amenaza del Estado Islámico, del llamado califato islámico, y la amenaza de la pandemia del ébola, pero al mismo tiempo seguían vivos y sin solución aquellos conflictos a los que me he referido anteriormente. Por tanto, en dos años nos vamos a encontrar con que la realidad nos va a poner en frente acontecimientos que ni siquiera ahora sospechamos.

-Esa amenaza yihadista, ¿puede llegar a afectar directamente a nuestro país?
-La situación es muy complicada; existe un riesgo cierto de que se genere un corredor yihadista desde el Atlántico hasta el Índico que podía desestabilizar buena parte de los países de la región. El ejemplo viviente es Malí, pero también países contiguos como Libia que, si se desestabiliza, tendría un claro impacto en el Sahel que se desplaza hacia el norte y España acabaría siendo frontera de movimientos islámicos extremistas que pondrían en riesgo nuestra seguridad.

-¿Le parecen suficientes las decisiones adoptadas por el Consejo para combatir el terrorismo yihadista del Estado Islámico?
-Ha habido dos resoluciones que constituyen una base jurídica para combatir el terrorismo, pero probablemente haya que adoptar resoluciones complementarias a medida que la comunidad internacional vaya imaginando soluciones más avanzadas de las que tenemos hasta ahora. Creo también que a nivel de la UE, deberíamos avanzar en conclusiones comunes. Todo lo que sea avanzar en soluciones de la comunidad internacional que amparen la actuación de los países en la lucha del terrorismo me parece un buen paso y una afirmación del principio del multilateralismo y legalidad internacional.

-Parece que todo el mundo está de acuerdo en que no se puede derrotar al Estado Islámico sin tropas en el terreno, ¿quién debería ponerlas?
-Lo que dice es completamente cierto. Las últimas declaraciones explícitas que he visto sobre este aspecto han sido las del presidente Erdogan. Turquía tiene frontera con territorio ocupado ahora por la zona de control del grupo terrorista autodenominado Isil. En mi opinión, en la lucha militar debe jugar un papel esencial las fuerzas de Irak, incluidas las milicias kurdas, los peshmerga, y si fuera necesaria un esfuerzo de países diferentes creo que el protagonismo debe corresponder a los países de la Liga Árabe. En ningún caso debe contemplarse como un enfrentamiento entre el islam y Occidente. Los que más amenazados están por este fenómeno son los países islámicos moderados porque la mayor amenaza que sobre ellos pende es desnaturalizar una religión de paz como es el islam.

Fuente: ABC

3 COMENTARIOS

  1. La ayuda psicológica es recomendable en hombres de menos de 40 años, ya que en estos casos la causa de la enfermedad suele ser mental.

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