Puntos cardinales. Por Marcelo Birmajer

En su discurso del pasado 11 de febrero, la Presidenta aseveró que la Argentina no es el patio trasero de nadie. Se puede inferir que se refería a los Estados Unidos; porque ya había señalado a ese país como enemigo en 2014, al declamar: “Si me pasa algo, miren al Norte”. Sus acólitos le obedecieron como el hombre de la película que miraba al Sudeste: no hay evento ni viento que consiga que atiendan a otros puntos cardinales.

Mientras la Presidenta continúa apartando la mirada y las palabras de la violenta muerte del fiscal Alberto Nisman, los Carta Abierta la mencionan pero mirando al Norte, específicamente a la CIA, ya no en busca de culpables probables sino de entelequias resonantes.

A quien le pasó, no algo sino todo, fue a Nisman, un día antes de que presentara ante el Congreso la más dura denuncia que hubiera de enfrentar la Presidenta, pero… ¿ para qué cambiar de punto cardinal, si ya venían tan cómodos mirando al Norte?

El temor a que la Argentina pueda ser el patio trasero de los Estados Unidos ha sido aparatosamente aventado durante la administración Kirchner: se utilizaron dineros públicos para organizarle un acto a Chávez en contra de Bush, en 2005; el canciller Timerman sobreactuó la apertura de un maletín oficial norteamericano, con un alicate, en Ezeiza en 2011; y los carteles oficialistas contra los fondos buitre en 2014 eran a la vez contra Norteamérica como país.

Pero no se tomaron los mismos recaudos para garantizar no ser el patio trasero de Venezuela o Irán. La nunca aclarada visita de Antonini Wilson en 2007, con su valija repleta de enigmáticos petrodólares, alimenta la sospecha de que el chavismo nos usó, en connivencia con funcionarios nacionales, para lavar sus dineros sucios.

La Presidenta también nos pidió que miráramos al Norte en aquel entonces, llamando al descubrimiento de la valija una “operación basura” organizada por el sempiterno y ubicuo enemigo americano. Pareció que cambiaba de punto cardinal cuando el último septiembre declaró que estaba en la mira del ISIS, pero posteriormente ella misma puso en duda la existencia del Estado Islámico para Irak y Siria: las decapitaciones en Youtube le resultaron demasiado espectaculares como para ser auténticas.

El resto de los líderes americanos, europeos y asiáticos sí consideran reales las decapitaciones, el lanzamiento de varones homosexuales desde terrazas a la muerte y las incineraciones de individuos; muy especialmente cuando las víctimas son sus propios ciudadanos.

Puede que por la mirada obsesiva hacia el Norte, la Presidenta y sus estrategas se pierdan de entender lo que está pasando en el resto del mundo, incluyendo nuestro propio país.

El Memorándum, ratificado por el Congreso argentino merced a la voluntad presidencial, pero mantenido en vilo por Irán, nos deja en el peor de los patios traseros: ni podemos juzgar a los acusados en los tribunales argentinos, ni los iraníes se sienten obligados a responder en ningún sentido a las demandas de nuestra Justicia por los 85 muertos de la AMIA.

Dependemos de una teocracia cuya recurrencia al terrorismo ha sido sobradamente probada y juzgada en países como Alemania. La semana pasada el gobierno uruguayo evitó confirmar o desmentir la expulsión de un diplomático iraní acusado de colocar un artefacto explosivo en el edificio donde funciona la Embajada de Israel en Montevideo.

Pero no hace falta recurrir a casos en los que las autoridades iraníes han negado su autoría. El más sonado de los actos terroristas de Irán, afortunadamente fracasado, lo inauguró y difundió el propio Ayatollah Khomeini cuando un 14 de febrero de 1989 –hizo ayer exactamente 26 años–, decretó la fatwa contra Salman Rusdhie: la obligación de cualquier musulmán, en cualquier parte del mundo, de matar al escritor por haber publicado su novela Los versos satánicos.

El espíritu de esa fatwa sí se cumplió el 7 de enero de este año, en la redacción de Charlie Hebdo, cuando dos terroristas islamistas masacraron a 12 dibujantes por el mismo “pecado” cometido por Rushdie.

¿Cuál fue la reacción de nuestro gobierno frente a esta salvajada que espantó a las democracias occidentales? La misma ambigüedad que destila el Memorándum con Irán. Puede ser que los terroristas islamistas hayan apretado el gatillo, pero… finalmente la culpa es de la CIA. O del colonialismo francés, como detalló Bonafini. La idea de que fue un acto terrorista autónomo, buscando destruir el sistema democrático, ni siquiera sobrevoló sus febriles imaginaciones.

Aparentemente, nuestro canciller fue a la marcha contra la masacre en París; pero de incógnito. El crimen había que contextuarlo, propuso una decana oficialista. Lo mismo sugirió el gran aliado del Gobierno, el presidente ecuatoriano Rafael Correa, respecto del atentado contra la AMIA: no se lo tomen tan a pecho, hay cosas peores.

Por momentos, el canciller Timerman deja entrever que el Memorándum se firmó como un modo interrogar como fuera a los iraníes, ya que las alternativas legales existentes eran inefectivas. Pero las principales espadas mediáticas del oficialismo defienden el Memorándum como un gesto de independencia respecto de EE.UU.: si para la CIA Irán era el culpable, el Memorándum pone en duda esa culpabilidad, volviendo a buscar la “verdad”, ya que Nisman, lo dijeron con todas las letras, era un “correveidile” de los norteamericanos.

Todas las posiciones oficiales respecto del terrorismo padecen esta marca de indefinición, de sí pero no, de dos discursos opuestos al mismo tiempo. Si Estados Unidos negocia con Irán, ¿por qué no habríamos de hacerlo nosotros?, insisten. El presidente Obama exige a la República Islámica de Irán, infructuosamente, pero imponiendo sanciones y con la siempre ominosa alternativa de la fuerza militar, que abandone un programa nuclear que amenaza al mundo. Nosotros les hemos garantizado impunidad a los fundamentalistas iraníes acusados de haber asesinado 85 personas en nuestro territorio. Y tramitamos sin resultados la muerte por un tiro en la sien del fiscal que trabajó para impedir esa impunidad.

Fuente:Clarin
Autor: Marcelo Birmajer

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