La Guerra civil en Siria y el Estado Islámico. Por Atilio Molteni

1. La mayoría de los países del Medio Oriente son hoy en día muy diferentes de los que existían antes de la «Primavera Árabe», pues no hay región en el mundo en que la anarquía sea más extendida y el restablecimiento del orden más necesario. Existe una nueva realidad estratégica caracterizada por una pérdida de influencia de los Estados Unidos en la región y varios acontecimientos coexistentes:

I) Una nueva Guerra Fría regional, protagonizada por Arabia Saudita (y los países del Consejo de Cooperación del Golfo) frente a Irán. Estos Estados representan respectivamente la división religiosa de las dos grandes ramas del Islam, la sunnita y la chiita. Además, esta situación se complementa con la división étnica (árabes contra persas), ideológica (aliados de Estados Unidos contra sus oponentes) y geopolítica, (las ambiciones regionales de dichos Estados).

Desde la Revolución Islámica de 1979, Irán es un actor central de la política regional. Luego, cuando Estados Unidos en 2003 optó por derribar a Saddam Hussein provocó un cataclismo que facilitó la influencia de Teherán en ese país y agudizó sus ambiciones en el Medio Oriente, en un conflicto que se desarrolla en los países en los cuales hay vacios de poder, como Libia, Irak, Siria, Yemen y donde hay graves tensiones internas, como Bahréin, Jordania y el Líbano. El régimen teocrático de Irán sostiene a Al-Assad, utiliza a distintas facciones en Irak, apoya las acciones de los Huthi en Yemen y colabora con las fuerzas del Hizbollah.

En enero de 2015 al fallecer el Rey Abdullah de Arabia Saudita, lo sucedió el Príncipe Salman. El nuevo monarca, con antecedentes de amplios contactos con los religiosos conservadores, comenzó un proceso de consolidación de su poder y de cambio, al dar oportunidad de acceder al Gobierno a una nueva generación de príncipes y modificar gradualmente las políticas del Reino, que no siempre coinciden con las de Washington, país con el cual Arabia Saudita mantiene una alianza basada en el petróleo y la seguridad, que se retrotrae a la reunión en 1945 entre el presidente Roosevelt y el Rey Al Saud.

II) La balcanización de algunos países, en los casos de Libia, Yemen, Siria e Irak que no controlan sus propios territorios, debido a su fragmentación en líneas sectarias, étnicas y confesionales, entre otras razones, como consecuencia de la acción de actores no estatales.

III) Un eje jihadista compuesto por organizaciones distintas entre sí, donde se destacan el Estado Islámico, Al-Qaeda y sus grupos afiliados en la región. La primera es la mayor amenaza que emana de la misma, y se expande desde Siria e Irak, hacia Egipto, el Líbano, Libia, Argelia y Afganistán.

IV) El presidente Recep Tayyip Erdogan y su Partido Justicia y Desarrollo tienden hacia una democracia autoritaria, mientras Turquía se consolida como una potencia regional, mientras mantiene su apoyo a la Hermandad Musulmana y a Hamas.

V) L

as negociaciones de paz entre Israel y los palestinos no han avanzado, mientras continuaron los enfrentamientos con Hamas y Hezbollah. A su vez, en relación a las negociaciones de los Estados Unidos y otros cinco países (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania) con Irán sobre su Plan Nuclear, el primer ministro Netanyahu considera que Washington está preparado para hacer concesiones a Teherán que podría consolidarse como un Estado en el umbral de un arma nuclear, lo que interpreta como el mayor peligro existencial para Israel. En cambio, el presidente Obama demuestra interés en llegar a este acuerdo como una contribución significativa a la no proliferación y como la única alternativa realista para limitar sus ambiciones nucleares.

2. En la guerra civil en Siria este país recibe la colaboración militar de Irán, que es desde hace muchos años su principal aliado, a través de la participación de cientos de miembros de la Fuerza Al Quds de las Fuerzas Islámicas Revolucionarias, del Hezbollah libanés y de otros grupos chiitas, pues considera la eventual caída de Al-Assad como una amenaza a su influencia regional. También Damasco cuenta con el armamento y endoso político de Rusia. Por ello, tanto Moscú como Teherán se oponen a la desestabilización del régimen.

3. En dicho conflicto, por su preparación militar y agresividad fueron tomando mayor importancia los jihadistas salafistas-radicales, entre otros: Jabhat Al-Nusra (que es una rama de Al-Qaeda), y el denominado Estado Islámico de Irak y la Gran Siria –al-Sham, o (ISIS o ISI), ahora denominado simplemente Estado Islámico (EI), la más radical de las organizaciones sunnitas-, cuyos orígenes -se retrotraen a su lucha contra la invasión norteamericana a Irak en los años 2004 y 2005, bajo el nombre «Al-Qaeda en Irak». EI combina remanentes de Al-Qaeda y a militares que integraron el ejército de Saddam Hussein, dos antiguos enemigos que se aglutinaron debido a las consecuencias de la invasión norteamericana y a su mala gestión posterior en Irak.

EI comenzó a participar en la guerra civil en Siria en abril del año 2013 en conjunción con el Frente Al-Nusra, pero en febrero de 2014 ambas organizaciones se disociaron, debido a sus diferentes objetivos. Todos los grupos rebeldes luchan contra Al-Assad y utilizan acciones asimétricas, pero los jihadistas van mucho más allá, en su empeño de llevar adelante una revolución islámica. Han tenido enfrentamientos pero también colaborado entre sí. También combaten al régimen el denominado Frente Islámico, creado en noviembre de 2013 por siete grupos islamistas, y otros centenares de pequeños grupos de distinto carácter y número de integrantes, organizados siguiendo la identidad de pueblos y clanes, donde las líneas religiosas y locales tienen prioridad sobre las nacionales.

Además, la guerra civil en Siria es un enfrentamiento global a través de «proxis», debido a la ayuda exterior a los rebeldes, consecuencia de tres acciones interconectadas entre sí: 1) las provenientes de los países sunnitas conservadores encabezados por Arabia Saudita, junto a los Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Egipto, Kuwait, y Bahréin. 2) las originadas en Turquía en apoyo a los Hermanos Musulmanes y a otros grupos rebeldes. Mientras tanto, Catar fluctuó entre los dos campos, pero desde junio de 2013, se aproximó a las políticas desarrolladas por otros países del Golfo. 3) las de los países occidentales, que tratan de condicionar a Al-Assad, pero sin actuar militarmente contra sus tropas.

4. La situación del dictador sirio se ha deteriorado, pero a principios de enero de 2015 declaró que su Gobierno ya pasó lo peor, debido a que la comunidad internacional considera al EI como un mal mayor. Al-Assad afirma también que no puede existir una solución militar y que debe buscarse un arreglo político ratificado por un referéndum interno. Cabe comentar que fue reelecto como Presidente por tercera vez el 3 de junio de 2014, en elecciones que tuvieron lugar en solo el 45 % del territorio que controla el Gobierno, (donde vive el 65 % de la población del país) comprendiendo el oeste, sobre el área fronteriza con el Líbano, Damasco y otras grandes ciudades, y la costa siria del Mediterráneo. En cambio, el noroeste y gran parte de la frontera con Turquía – de 750 kilómetros de extensión- se encuentra dominado por sus oponentes, entre ellos, Jabhat al-Nusra -10 % del territorio-, y por los kurdos de las denominadas Unidades para la Protección del Pueblo (PYD) –8 % /9 %-. Por su parte, el EI ocupa grandes sectores del este hasta la frontera iraquí, siguiendo el Río Éufrates, -30 %, con una población de unos tres millones de personas-.

5. Más de 20.000 jihadistas provenientes de unos 80 países se han unido a la guerra civil, fundamentalmente al EI, y continúan llegando. Una quinta parte provienen de países occidentales, siendo la mayoría musulmanes jóvenes. Un número muy importante se origina en el Norte del África y del Medio Oriente. Otros casos destacables son los de Rusia, Turkmenistán, Uzbequistán y Pakistán. El regreso de estos jihadistas a sus países de origen plantea un grave problema de seguridad.

6. La crisis regional se agudizó cuando el conflicto en Siria se extendió a Irak y ambos se convirtieron en un frente común. Son sociedades multiétnicas y multisectarias que enfrentan conflictos relacionados entre sí y donde EI, intenta establecer un califato –un Gobierno unificado bajo un califa, considerado como un sucesor de la autoridad política de Mahoma-, en ambos lados de la frontera común y más allá. Su líder es Abu-Bakr al-Baghdadi, que logró convertirlo en un híbrido entre un grupo jihadista y un ejército convencional, que es agresivo, totalitario, y expansionista, basado en una combinación de ideología religiosa y métodos de combate de guerrilla. Después de controlar extensas regiones de Siria –Raqqa sobre el río Éufrates, es su centro de comando-, EI amplió sus operaciones al norte y el oeste de Irak, logrando el colapso total de las fuerzas iraquíes y la ocupación de ciudades importantes (como Mosul, el 9 de junio de 2014 y Tikrit, días después), otras poblaciones, obras de infraestructura y campos petrolíferos. Estas acciones le permitieron apoderarse de armamentos sofisticados y amplios recursos financieros. Al tratarse de una región sunnita, contó con la colaboración de grupos de resistencia tribales y de partidarios del antiguo Partido Ba’ath, que a través de esta insurgencia han visto la oportunidad de enfrentar la discriminación del Gobierno central iraquí.

Uno de los factores a tener en cuenta es que el jihadismo no es monolítico. Al-Qaeda, que surgió de la lucha contra los soviéticos en Afganistán en los años 80, buscó liderar una jihad global, atacando a las potencias occidentales (el enemigo lejano) por su apoyo a los regímenes árabes (el enemigo cercano), la expulsión de los no musulmanes de la Península Arábica, y la abolición del Estado de Israel. Su organización es flexible y opera a través de una red difusa de entidades autónomas (sus ramificaciones más significativas actuales están en la frontera entre Paquistán y Afganistán, en la Península Arábica (AQAP), en el Magreb Islámico (AQMI) y en Siria (Frente Al-Nusra).

Mientras Osama ben Laden consideró a su terrorismo como un prólogo hacia un califato sin esperar que se concretara durante su vida. En cambio, EI trata de consolidar un ámbito territorial regional en búsqueda de legitimidad, recreando el modelo religioso de los primeros sucesores del Profeta que gobernaron en el siglo VII. Su Islamismo radical, cuestiona a los Estados de la región que considera corruptos, por lo cual creó sus propias instituciones, convirtió a la «Sharia» –la ley islámica- como ley del Estado, organizó un ejército regular, muy bien armado y para diseminar su ideología utiliza eficientemente las escuelas y los medios de prensa, audiovisuales y sociales (YouTube, Facebook, y Twitter).

Sus finanzas no dependen tanto de aportes extranjeros -como en el caso de Al-Qaeda-, sino de la explotación de los recursos que obtiene de los territorios ocupados, incluyendo la venta y contrabando de petróleo de los yacimientos de Siria e Irak, y el dinero que obtiene de secuestros y otros actos extorsivos. El control de un territorio tan amplio lo obliga a demostrar una efectividad que difícilmente pueda cumplir, debido a las dificultades prácticas de administrar una población de millones de personas y por los ataques de la Coalición.

Las distintas características de ambas organizaciones se relacionan también con quien es el heredero auténtico de Osama ben Laden: Ayman al Zawahiri (jefe actual de Al-Qaida, de origen egipcio) o el ya mencionado Abu-Bakr al-Baghdadi. Pero en ambos casos, los extremistas islámicos usan la religión del Islam como una base política lesionando a las corrientes mayoritarias del Islam tradicional, la gobernabilidad de los Estados con una mayoría musulmana, sus valores y sus bases económicas.

7. El 4 de junio de 2009 en la Universidad de El Cairo, el presidente Obama buscó un nuevo comienzo en las relaciones con el mundo islámico, basado en el interés y en respeto mutuo. Luego, se manifestó a favor de la Primavera Árabe. Al concretar el retiro de Irak a fines del año 2011, y al motorizar el repliegue de Afganistán, dejó de lado las soluciones militares, la utilización de la fuerza y dos guerras impopulares. También optó por una solución diplomática al constatarse la utilización de armas químicas en Siria. Sin embargo, en el mes de junio de 2014 la conquista por EI de Mosul, que es la segunda ciudad en importancia en Irak, de Falluja, de amplias zonas de la Provincia de Ambar y su avance hacia Bagdad, sumada a sus acciones criminales ampliamente publicitadas y la persecución sanguinaria de minorías étnicas, -como los yazidíes de Sinjar y los caldeos cristianos- dieron lugar a que el presidente norteamericano optara por una intervención condicionada con el objeto de degradar y finalmente destruir al EI, dando lugar a una nueva guerra de baja intensidad de duración indefinida, ante la pobre resistencia demostrada por el ejército iraquí.

Este compromiso limitado y selectivo, consiste en: 1) dañar sus capacidades ofensivas en Irak y Siria, por medios aéreos., que comenzaron el 8 de agosto de 2014 en el primero y se extendieron el 23 de septiembre a Siria, operando desde la región del Golfo. 2) reducir el territorio bajo su control. 3) apoyar con entrenamiento, equipos e inteligencia a las tropas iraquíes, con efectivos reducidos sin una función de combate, (a fines de 2014 su número era de 3.100 hombres). 4) limitar sus fuentes de financiamiento. 5) impedir el acceso de los combatientes que tratan de unirse al EI y 6) proveer ayuda humanitaria.

Al comentar las características del EI, el presidente Obama desestimó su carácter islámico. Esta calificación no es tan relevante si tenemos en cuenta que no es una lucha de Occidente contra el Islam sino es una lucha dentro del Islam, a la cual debe prestársele colaboración, pero autores como Graeme Wood en un artículo titulado: «What ISIS Really Wants» (número de marzo de 2015, de la revista norteamericana «The Atlantic»), subraya que son muy islámicos y muy coherentes, pues siguen una variedad distintiva del Islam en cuya estrategia tienen suma importancia sus creencias acerca de la evolución hacia el Día del Juicio. Buscan en regresar a una civilización que tuvo vigencia en el siglo VII, facilitando su versión del apocalipsis a través de sus acciones sangrientas.

Debido a que EI no es solo un problema para Siria e Irak sino un peligro que requiere una respuesta global, coordinada y permanente, Estados Unidos organizó en septiembre de 2014 una coalición de más de sesenta países («Operation Inherent Resolve»), que prestan distintas actividades de cooperación, aunque solo once participan en acciones aéreas. En Irak son: Australia, Bélgica, Reino Unido, Canadá, Dinamarca, Francia y Países Bajos, mientras en Siria actúan junto a los Estados Unidos los siguientes países sunnitas: Bahréin, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Como resultado de estas acciones aéreas y de la ofensiva terrestre en Irak contra EI, sus fuerzas se encuentran actualmente dispersas y en una posición defensiva. Sus efectivos se estimaron a mediados de 2014 por la CIA entre 20.000 y 31.500 hombres, la tercer parte de los cuales se encuentran en Irak. Otros informes consideran que su número alcanza a 80.000 hombres, pues tienen en cuenta los reclutas locales, que se unen a sus fuerzas por razones pecuniarias, ideológicas o forzadas.

Un segundo problema en Irak es lograr un Estado unificado y estable, que cuente con fuerzas de seguridad creíbles que puedan llevar adelante operaciones ofensivas sobre los territorios ocupados por EI, superando sus divisiones étnicas, y limitando su dependencia de Irán, pues este país obtuvo progresivamente que los chiitas iraquíes -que son la mayoría de la población- se alinearan con Teherán, y se sumaran a sus alianzas con Siria y el Hezbollah libanés. EI se convirtió también en una amenaza a Irán al atacar a sus aliados y al aproximarse a sus fronteras, por lo cual Teherán desplegó en apoyo a Bagdad a más de mil asesores militares y organizó y armó a milicias iraquíes afine. Tanto Irán como Washington enfrentan al EI pero no son aliados, pues tienen distintos criterios acerca del futuro político de Irak.

8. La prioridad del presidente Obama es Irak, mientras que en Siria su propósito es combatir y contener al EI, por lo cual se alejó de sus manifestaciones anteriores sobre un cambio del régimen de Al-Assad y una Siria «libre de dictaduras, terror y el temor». Al poner énfasis en combatir al EI, utiliza una estrategia contraterrorista, que se complementa con el interés de preservar el Estado sirio. Esto se debe a que la derrota de Al-Assad tendría como resultado el avance de los grupos jihadistas sobre Damasco y otras grandes ciudades, la persecución y exterminio de las minorías en una terrible limpieza étnica perversa y agravaría la actual crisis humanitaria. En cambio, Arabia Saudita y Turquía y otros países sunnitas consideran también prioritario removerlo del poder.

Por otra parte, una solución puramente militar haría indispensable el despliegue de tropas en el terreno, lo cual por el momento no parece aceptable para el presidente Obama, que no es proclive a tomar riesgos. Ello se debe a que su país no tiene buenas opciones en Siria, incluso sus objetivos estratégicos son cuestionados por tres temas centrales: el primero, entiende que no se puede vencer al EI dando prioridad a las acciones en Irak, sin tomar partido en la Guerra Civil siria, el segundo, afirma que siendo la frontera muy porosa no es posible expulsarlo de Irak, mientras solo se intenta disminuirlo y contenerlo en Siria, el tercero, subraya que no es posible actuar con éxito con medios aéreos, siendo necesario desplegar un ejército efectivo en el terreno.

Para algunos analistas la solución sería organizar una coalición de Estados árabes y musulmanes sunnitas que suministraran tropas que actuaran en Siria, mencionándose a: Jordania, Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y Pakistán. Por su parte, Turquía, condiciona su participación en la actual coalición a que se establezcan zonas de protección y de interdicción de vuelos sobre su frontera con Siria. Adicionalmente, en el presupuesto correspondiente a 2015 el Gobierno norteamericano solicito 5.300 millones de dólares para financiar las operaciones contra EI en Irak y Siria y para la instrucción y equipamiento de 5400 opositores sirios moderados, a ser entrenados por soldados norteamericanos en Arabia Saudita, Turquía y Catar, para formar una fuerza que pueda actuar en el terreno (hasta ahora otros intentos anteriores fracasaron y esta nueva fuerza recién estaría en condiciones de actuar a fines del corriente año). Su misión consistiría en defender a los civiles, actuar contra EI y, eventualmente, apoyar a la oposición política a Al-Assad.

En septiembre de 2014, EI inició una ofensiva contra tres cantones de kurdos sirios ubicados en el límite con la frontera turca, cuyo centro es la ciudad de Kobani, que se transformó en un tema central y simbólico en la lucha contra esta organización. Recién el 26 de enero de 2015 fuerzas kurdas pudieron desalojar a las fuerzas islamistas después de cuatro meses de un intenso apoyo aéreo de la Coalición.

9. Por el momento, no existen signos de que una victoria militar en Siria esté al alcance de ninguna de las partes. El régimen sigue en el poder pero no tiene la capacidad para retomar la totalidad de los espacios que perdió, mientras EI está busca la partición definitiva del país. Por su parte, los jihadistas han afianzado su control sobre el norte y el este del país y zonas cercanas a las Alturas del Golán en el sur, lo que preocupa al Hezbollah y a Irán: 1) por su proximidad a la autopista Damasco- Beirut (20 kilómetros), que constituye la vía de suministros entre esta organización y el ejército sirio. 2) por constituir una extensión geográfica natural de la frontera entre Israel y el Líbano, lo que puede significar un nuevo frente para el Hezbollah para atacar a Israel desde el sur de Siria en las Alturas del Golán, como lo ha hecho antes desde el sur del Líbano. El interés de Hezbollah y de Irán en esa región, se reflejó en ataques a tropas israelíes en la región, que tuvieron lugar desde marzo de 2014 y la respuesta israelí para evitar la organización de una estructura terrorista mediante una acción contra un convoy el 18 de enero de 2015 cerca de Quneitra, a consecuencia de la cual, entre otros, murieron un General iraní y un joven líder del Hezbollah, Jihad Mughniyed.

10. Hasta ahora la guerra civil en Siria causó cerca de 250.000 muertes, la situación humanitaria se ha deteriorado y casi cuatro millones de refugiados cruzaron las fronteras hacia los Estados vecinos. En el Consejo de Seguridad no se ha podido consensuar una solución diplomática y todavía no existe la posibilidad de un arreglo político. Es un país dividido, fragmentado y destruido económicamente, caracterizado por violaciones masivas de los derechos humanos, mientras Al-Assad no está vencido militarmente e incluso ha mejorado su situación estratégica, con el apoyo de fuerzas iraníes y del Hezbollah. A esto se suma, que Rusia e Irán lo siguen considerando parte de la solución del enfrentamiento existente, mientras la oposición siria y los países occidentales no lo aceptan. Otro tema fundamental es la imposibilidad de condicionar a las fuerzas jihadistas, cuyo control de un amplio territorio subsiste y están empeñadas en crear un Estado Islámico fundamentalista. Tanto EI como el Frente Al-Nusra son vulnerables, pero también lo es el Gobierno central. El problema central se vincula más que con la respuesta acerca de quién va a tener el poder en Siria, sino si va a existir un país para gobernar.

Atilio Molteni
Embajador

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