La dura Pascua de los cristianos perseguidos en Irak. Por Marc Fromager

Mientras la horrorosa matanza en una universidad en Kenia desnuda la indiferencia del mundo ante el drama de la persecución religiosa, llega este llamado de auxilio de una iglesia milenaria, hoy al borde de la extinción.

Queridos amigos,

En estas Pascuas, los invito a compartir el sufrimiento de los cristianos de Irak. Las fotos que ilustran esta nota fueron tomadas en Erbil [capital de la Región Autónoma Kurda o Kurdistán iraquí] el mes pasado por nuestra delegación francesa.

Expulsados desde hace tres generaciones, a los cristianos iraquíes les cuesta encontrar su lugar en la tierra de sus ancestros. Corren incluso el riesgo de ser tachados del mapa. Borrados. Daños colaterales de esos violentos conflictos que agitan el Medio Oriente, como el enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudita, pero también blancos específicos por su condición de cristianos.

Hoy son más de 125.000 los refugiados cristianos en el Kurdistán iraquí. Hemos ido a su encuentro varias veces desde el éxodo del verano (agosto 2014) pasado: hoy están traumatizados por lo que pasó aquella noche [ver más abajo el testimonio de una religiosa sobre el éxodo de Mosul]. Pero sus relatos de sufrimiento son otros tantos testimonios de fe.

«Nací cristiana y moriré cristiana»

Eso dijo Leila, en Batania, el 4 de agosto pasado. Tras una serie de bombardeos, un simpatizante de Estado Islámico (ISIS) le ordenó: «¡Vete o conviértete!». Tras este ultimátum, sin dudar, Leila respondió: «Nací cristiana y moriré cristiana». Y el hombre se fue. «Es mi fe la que me salvó en ese momento, me sentí muy fuerte. Fue sólo después que me di cuenta de lo que podía haber pasado ».

«Sin la AED estarían muertos»

La semana pasada, el padre Samir, que tuvo que huir de Mosul y hoy recibe en Dohuk a refugiados de todos los credos, hacía esta confidencia a nuestros delegados en Irak: «Me siento solo desde hace nueve meses, prácticamente sólo la AED nos ayuda. Sin la AED, esta gente estaría muerta. Realmente, porque no tenían nada y yo tampoco. Ahora, gracias a vuestra ayuda, podemos continuar ayudando tanto a cristianos como a musulmanes y a yazidas. En nombre de la parroquia, gracias por todos los refugiados».

Comparto con ustedes un extracto del Camino de Cruz, redactado por un sacerdote iraquí para este Viernes Santo:

«Jesús, mi Salvador y Rey, entre todos los cristianos que sufrimos persecuciones en el país, tu cruz está plantada como signo de maldición, porque nuestros hermanos son maltratados por tu nombre. Que tu cruz, sea para ellos como para nosotros signo de amor y estandarte de esperanza. Por tu cruz, Tú has salvado al mundo. Déjame acompañarte en tu camino de la entrega total. Enséñame a marchar contigo, a llevar la cruz contigo y como Tú. Enséñame a no eludir mi responsabilidad ante el sufrimiento de los demás que son mis hermanos en la humanidad. Impregna mi corazón con tu amor infinito por todos los hombres».

Finalmente quiero compartir con ustedes estas palabras, pronunciadas hace algunos días, por el arzobispo caldeo de Erbil, monseñor Warda: «Agradezco a todos los benefactores por su generosidad. Sin ellos, no podríamos hacer lo que hacemos, ya que la AED es nuestro principal sostén. Les pedimos que nos sigan ayudando. Pero sobre todo, recen por los cristianos y por todos los que sufren en Irak. Les deseo Felices Pascuas, a ustedes y a sus familias».

Lamentablemente, los cristianos de Irak necesitarán de nuestra ayuda durante varios meses más. Según nuestras fuentes locales, la situación no cambiará por lo menos hasta este verano (boreal, junio), de modo que seguimos necesitando ayuda.

La conmovedora carta de una religiosa refugiada en Erbil

Sor Maria Hanna, priora de las Dominicanas de Santa Catalina de Siena, nos hizo llegar esta cartade una religiosa de su congregación.

«El 6 de agosto de 2014, a las 23 horas, debimos huir luego de recibir un mensaje de alerta que nos pedía dejar inmediatamente nuestros conventos ya que las ciudades cristianas habían caído bajo control de Daesh (Estado Islámico). También supimos que los Peshmergas (fuerzas armadas del Kurdistán iraquí) habían dejado sus bases en esas ciudades, lo que significaba que había un peligro real. Estábamos aterrorizadas, dejamos todo sin tiempo para embalar siquiera nuestros efectos personales. Teníamos solo algunos minutos para tomar lo necesario, desgraciadamente la mayoría de las hermanas no tuvieron tiempo suficiente para tomar sus documentos oficiales (pasaporte, documento de identidad, etc.) ni otros documentos de la congregación y sus archivos.

En la ruta, la multitud marchaba a pie, en autos, los niños lloraban y gritaban de terror, mientras que los más ancianos estaban en estado de shock; la imagen de los discapacitados y ancianos nos rompió el corazón. Esta catástrofe ha sido para nosotros tan grave como un tsunami, nunca en mi vida olvidaré esta noche.

Nuestro éxodo doloroso y forzado duró 10 horas, cuando la distancia real para alcanzar Erbil es de alrededor de una hora. En la ruta, se produjo una escena horrorosa cuando yihadistas de Daesh aparecieron, disimulados en una ambulancia, y comenzaron a disparar contra la gente: las madres asustadas nos arrojaban a sus hijos por la ventana de la camioneta en la que nos habíamos amontonado, nos pedían protegerlos de los tiros. En pleno mes de agosto, la gente no tuvo agua ni comida durante horas, y los niños estaban deshidratados.

La congregación perdió 12 institutos de la planicie de Nínive. Hoy, 73 hermanas están desplazadas en 13 conventos, 30 religiosas viven en caravanas de PVC, y alquilamos una casita en Shklawa, donde 3 hermanas se ocupan de los refugiados. La situación se vuelve muy difícil en este período tormentoso, las hermanas no tienen más trabajo, la mayor parte de los fondos de la congregación quedaron en los conventos de la zona tomados por los islamistas. Es por eso que solicitamos humildemente vuestra generosidad para los próximos seis meses, vuestra ayuda nos será preciosa. Rezamos por ustedes.»

El autor es un laico francés que dirige Aide à l’Eglise en Dètresse (AED), fundación pontificia que asiste a los cristianos en dificultades
Fuente:  AED en España: https://www.ain-es.org/

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