Algunas definiciones sobre el «acuerdo marco» con Irán sobre su programa nuclear. Por Emilio Cárdenas

La comunidad internacional -representada por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas , más Alemania- pudo finalmente estrechar la mano del canciller iraní, Mohammad Javad Zarif. Lo hizo tras haber alcanzado laboriosamente un «acuerdo marco» sobre el programa nuclear iraní que permitirá continuar con la labor necesaria para poder suscribir, antes del 30 de junio próximo, el acuerdo -detallado y final- sobre ese programa. Lo cierto es que, técnicamente, aún no hay formalmente un acuerdo en firme, obligatorio. Pero es evidente que, sin el paso dado, no podría haberlo y que ahora ese acuerdo es no sólo posible, sino bastante previsible.

Lo recientemente convenido en Lausana, Suiza, es lo suficientemente explícito -y comprensivo- como para conformar -con la nitidez mínima imprescindible- la columna vertebral de un importante esfuerzo de vigilancia y control de ese programa, que estará acotado por un período de quince años. Se cerró así la primera etapa de una negociación dura y compleja -pero paciente- que llevaba dos años de labor ininterrumpida. Y que ahora va rumbo a culminar, a fines de junio próximo.

A lo largo de los primeros diez años del acuerdo cerrado, Irán no podrá desviar sus esfuerzos en dirección a la producción de armas nucleares, sin que -en teoría- ello sea advertido por la comunidad internacional
La idea central de lo convenido es la de establecer límites concretos a la producción iraní de uranio enriquecido, así como a la de plutonio y la de poder comprobar, en cualquier momento si ellos son, o no, respetados. Contra el levantamiento de las sanciones impuestas a Irán.

A lo largo de los primeros diez años del acuerdo cerrado, Irán no podrá desviar sus esfuerzos en dirección a la producción de armas nucleares, sin que -en teoría- ello sea advertido por la comunidad internacional con, por lo menos, un año entero de anticipación. Para así poder reaccionar ante una emergencia, con un tiempo que se estima suficiente. Por esto, el presidente Barack Obama acaba de señalar que: «si Irán trampea, el mundo lo sabrá».

El presidente Barack Obama acaba de señalar que: «si Irán trampea, el mundo lo sabrá».
Para los Estados Unidos e Irán se abre por cierto la posibilidad de comenzar a reconstruir una relación que -desde hace 35 años- está signada por la más profunda desconfianza. Esto ocurre cuando ambos países, empeñados en una guerra común contra el Estado Islámico, se beneficiarían de poder cooperar en un ambiente distinto al actual. Menos patológico.

Por el momento, sin embargo, ambos países evitan sugerir que el «acuerdo marco» alcanzado pueda tener algún impacto inmediato en la relación bilateral. Políticamente no pueden hacer otra cosa. Ocurre que la fuerte animosidad que aún existe en ambos escenarios domésticos es profunda y sólo puede ser atendida -y eventualmente dejada de lado- paso a paso. Y que ambos gobiernos aún deben convencer a sus propias sociedades de que es hora ya de comenzar a acercarse. Tarea que no será simple.

Por ello, las cosas -en ese plano- tomarán previsiblemente su tiempo. Ocurre que Irán ha exportado el terrorismo por demasiado tiempo como para que sea factible un cambio relacional más o menos rápido. Por aquello tan evidente de que la confianza se destruye instantáneamente, pero se construye con lentitud.

Conforme a lo anunciado, Irán ha convenido en limitar el número de centrífugas dedicadas al enriquecimiento de uranio a tan sólo 5060. Todas ellas de «primera generación», esto es de las menos avanzadas. Ni una más.

Ocurre que Irán ha exportado el terrorismo por demasiado tiempo como para que sea factible un cambio relacional más o menos rápido.
Puede, no obstante, trabajar en el mejoramiento de la productividad de sus centrífugas. Pero, aún así, sólo puede usar para tareas de enriquecimiento de uranio a las 5060 aludidas. Ninguna otra de las 19.000 que ya tiene o de las que pueda adquirir o diseñar en el futuro. Clarísimo, como criterio.

Irán también se ha comprometido a mantener el stock de uranio enriquecido que posee en no más de 300 kilogramos, por un plazo quince años. Hoy Irán tiene en su poder unos 10.000 kilogramos de uranio enriquecido. El excedente presumiblemente será enviado al exterior y mantenido allí. Las centrífugas permitidas operarán solamente en las instalaciones de Natanz. A su vez, las centrífugas que queden en las de Fordo (que son subterráneas) se dedicarán a otras tareas científicas. Principalmente en el plano de la salud, con la posible participación de investigadores extranjeros. A todo lo que se suma el compromiso expreso iraní de «rediseñar» el reactor de investigación, de agua pesada, emplazado en Arak, de modo que ya no produzca plutonio.

Por los primeros diez años del «acuerdo marco», Irán sólo enriquecerá uranio hasta el 4%. Para conformar un arma nuclear, recordemos, el enriquecimiento (o «purificación») requerido es del orden del 90 por ciento.

Por los primeros diez años del «acuerdo marco», Irán sólo enriquecerá uranio hasta el 4%. Para conformar un arma nuclear, recordemos, el enriquecimiento (o «purificación») requerido es del orden del 90%.
A su vez, las sanciones diplomáticas y las económicas -que han dañado tan severamente a la economía iraní- se levantarán «exhaustivamente» en cuanto y tan pronto Irán haya cumplido íntegramente con los compromisos específicos que asume. Pero, sin demoras luego de que ello suceda. Tras el acuerdo final, entonces, aquel que debería firmarse antes del 30 de junio venidero.

Vencidos los primeros diez años del «plazo de control» de quince años previsto por las partes, Irán quedará en libertad para producir cuanto uranio enriquecido desee. Esto es preocupante, desde que podría interpretarse como una suerte de «laissez- passer», a plazo, al exclusivo club de las potencias con armas nucleares. Lo que sugiere que, eventualmente, hasta podría haber una anticipada «carrera nuclear» en el vecindario, previniendo así, con pesimismo, el futuro. La conducta de Irán será, en más, decisiva, Esto es, realmente clave, para acelerar o demorar esa peligrosa «carrera». Cuando el mundo musulmán está empeñado en una guerra interna de naturaleza facciosa, la labor diplomática deberá ser intensa, de manera de evitar que, ante lo acordado con Irán, explote una suerte de estampida preventiva, donde todos pretendan «cubrirse» de lo que pueda ocurrir en el futuro. Un mundo con más potencias nucleares no es uno más seguro, sino uno mucho más inseguro.

La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) será la institución encargada de controlar a Irán. Operará con amplias facultades y con acceso irrestricto en todo el territorio iraní. Incluyendo todo lo relativo a las tareas que Irán pudiera haber realizado en el pasado específicamente en el capítulo militar, las que Irán aún mantiene en riguroso secreto. La OIEA podrá controlar toda la cadena de suministros, incluyendo naturalmente las importaciones. El Consejo de Seguridad de la ONU, por su parte, dictará una resolución en apoyo del «acuerdo marco» recientemente alcanzado.

La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) será la institución encargada de controlar a Irán. Operará con amplias facultades y con acceso irrestricto en todo el territorio iraní.
Queda aún mucha labor de negociación por delante. Compleja, por cierto. Y siempre existe aquello de que «el diablo está en los detalles». Nada está aún definitivamente asegurado. Pero el éxito en alcanzar los objetivos de ambas partes en la negociación en curso es ahora factible.

Por lo demás, hasta la confianza ha comenzado, muy lentamente, a restablecerse entre los actores. Aunque con las fuertes reservas que el agresivo pasado reciente de la teocracia iraní aconseja.

Además, de la opacidad en la que el tema se encontraba sumido, el programa nuclear iraní está pasando a la transparencia. Lo que cabe aplaudir, desde que también en esto es de aplicación aquella frase tan gráfica que sostiene que «la luz del día es el mejor desinfectante».

Para el presidente Barack Obama, la apuesta que su decisión de alcanzar el «acuerdo marco» supone avanzar en disminuir la tensión que existe con un país que, desde 1979, se refiere a los Estados Unidos como al «Gran Satán». Para así empezar a caminar hacia una difícil reconciliación, luego de nada menos que 36 años de desencuentros y hostilidad permanente. Su legado, potencialmente histórico, en el plano de las relaciones externas podría comenzar a lucir importante. Para ello, el Congreso norteamericano, dominado por la oposición republicana, debe saber cómo acompañarlo. Y con que límites, en función de las diferencias de opinión que existen sobre el tema.

Para el presidente Obama, la apuesta que su decisión de alcanzar el «acuerdo marco» supone avanzar en disminuir la tensión que existe con un país que, desde 1979, se refiere a los Estados Unidos como al «Gran Satán».
Cuando las tensiones con Rusia aumentan; cuando las tropas norteamericanas han debido regresar a Irak; y cuando a la amenaza de Al-Qaeda se ha sumado la del Estado Islámico, Obama seguramente advierte que ha comenzado a soplar una brisa fresca, en el sentido de disminuir el nivel de miedo con el que el mundo lamentablemente parece haberse acostumbrado a tener vivir.

Para Irán, por su parte, se ha abierto una hendija para intentar, sin forzar una marcha todavía compleja, comenzar a transitar el camino de regreso a la comunidad internacional. Esto es, para salir del aislamiento. Y reconstruir un diálogo externo extraviado. No es poco, aunque la cierto sea que ello todavía luce como un sueño, casi imposible.

Los iraníes salieron a las calles a festejar ruidosamente haber alcanzado el «acuerdo marco», que fortalece políticamente al reformista presidente Hassan Rouhani, quien lo había prometido en su campaña electoral. Ocurre que la eliminación de las sanciones económicas a Irán tendrá previsiblemente un impacto muy importante en la mejora del nivel de vida de los iraníes.

En cambio, para Benjamin Netanyahu, el decepcionado premier israelí, el impacto del «acuerdo marco» es una «amenaza a la supervivencia de Israel». En su visión de las cosas, lejos de impedir el camino de Irán hacia las armas nucleares, lo que ha sido consensuado «lo pavimentará».

Fuente: Lanación.com.ar

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