Recordar los genocidios de ayer, prevenir los de mañana. Por Claudio Epelman

Quien, después de todo, se acuerda del genocidio armenio?”, dijo Hitler a sus colaboradores en agosto 1939, justo antes de la invasión a Polonia que desencadenó la segunda guerra mundial. Aquella frase aún resuena en los oídos de los habitantes de esta tierra.

Si el mundo hubiese preservado en la memoria el genocidio al pueblo armenio perpetrado por el Imperio Otomano entre 1915 y 1923, o enjuiciado a sus responsables, el destino del pueblo judío habría sido distinto. Simplemente porque el rechazo de la comunidad internacional a la matanza masiva hubiera sido contundente.

En la actualidad las fuerzas historiográficas del mal no se rinden: un estudio reciente realizado por el Observatorio Web muestra que 35 videos en español, difundidos por revisionistas y negacionistas que desmienten la Shoá, acumulan casi 10 millones de visualizaciones.

Afortunadamente, contamos con algunos sobrevivientes que pueden mostrarnos en sus cuerpos cicatrices de uno de los crímenes más aterradores del siglo XX, y contarnos de aquellas -incluso peores- que llevan en su memoria.

Hoy en Medio Oriente y África los cristianos son masacrados por el Estado Islámico y Boko Haran, entre otras organizaciones. Ya no nos enteramos por un telegrama pasible de duda o descreimiento. Sabemos de ello porque vemos horrorosos videos de ejecuciones y decapitaciones. Porque los criminales, lejos de ocultar o disfrazar sus atrocidades, se encargan orgullosos de distribuir a todo el mundo sus “hazañas”.

Dijo el Papa Francisco que si el Medio Oriente pierde a sus minorías cristianas, habrá perdido una parte de la historia. Pero si no se detienen las muertes, Medio Oriente habrá permitido que se dilapide a una parte de su población. Tal como hizo Europa con los judíos.

Hoy no nos preguntamos quién recuerda al genocidio armenio, ni al Holocausto judío, hoy decimos que porque recordamos no silenciamos y levantamos nuestra voz apelando a la comunidad internacional a extremar las medidas para detener los asesinatos de las minorías cristianas.

La movilización debe ser de todos: los individuos de bien, las organizaciones de la sociedad civil, los Estados y sus diplomáticos.

Fuente: Clarín
Autor: Claudio Epelman: Director Ejecutivo del Congreso Judío Latinoamericano

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