Discurso de Santiago Kovadloff : «Es mejor entender que si no vivimos combatiéndonos, no seremos libres»

A continuación está transcripto el discurso que realizo el filófoso y escritor, Santiago Kovadloff, en el marco del acto por los 70 años de la Liberación de Auschwitz y el fin de la Segunda Guerra Mundial.

 Quisiera compartir con ustedes lo que acaso sea una necesidad manifiesta de todos los que están aquí. Tratar de alcanzar una compresión más amplia de lo que significa el verbo repensar. La palabra liberación no es para nosotros los judíos una palabra ajena ni vinculada exclusiva o primordialmente al año 1945. El pueblo judío inicia lo esencial de su historia con un esfuerzo de liberación que se pone de manifiesto a lo largo de 40 años de marcha por el desierto. El aprendizaje fundamental, que a mi entender dejan esos 40 años, es que el hombre no ha nacido para consumar su liberación, sino para intentarla incesantemente. 


El rasgo distintivo de nuestra especie es que somos tarea  a diferencia de las restantes especies. La nuestra, no se consuma con el desarrollo biológico. Somo empeños en ser humanos y seremos siempre empeño en ser humano por qué ser humano significa no dejar de intentar que esa idea de lo humano se extienda o se expanda, vuelva a crecer, y no se de nunca por consumada. El rasgo distintivo del nacional-socialismo, es que entiende la condición aria como un hecho consumado. Ser ario significó serlo de una vez para siempre, y no mediante un esfuerzo de construcción sino mediante el auge y el imperio de lo biológico. No podía si no ser esencial el odio hacía los judíos por parte del nacional-socialismo, en la medida que la enseñanza primordial del judaísmo es que consumarse como judío no es posible. Seremos siempre tarea. Ser judíos es tratar de ser judío, y la ventaja de ser judío y no tratar de serlo nunca es que no tenemos el monopolio de la identidad. Con la idea del monopolio de la identidad, nace una de las formas más feroces del totalitarismo, y es que fuera de lo que entendemos por identidad, lo que hay es nadie  y nadie debe ser exterminado. Nadie es todo aquel que no esta sujeto a nuestro concepto de la identidad como monopolio, cuyo significado hemos entendido de una vez para siempre. Re-pensar.


Hemos oído palabras verdaderamente extraordinarias del embajador de Alemania. Extraordinarias por que nos enseñan que no olvidar es un tarea constante. No hay Alemania sin la memoria del Holocausto y del nazismo, pero en la medida que no hay Alemania sin esa memoria, es que ese país puede ser otra cosa que el nazismo. Incorporar el pasado sobre lo que no debe ser olvidado, significa entender que es una tarea de auto-compresión incesante, y aquí está el punto de hermandad entre esta Alemania y el judaísmo; los dos pueblos en su encuentro han nacido para ser de la liberación una tarea y la humanización de nuestra condición de seres humanos consiste en no dar por hecha jamás esa inscripción de nosotros en a condición humana. No hay canguros que deban poner el empeño en serlo, el tiempo y la biología se ocupan de todo. En cambio, en nosotros podemos parecer humanos y no ser humanos. El tiempo no es todo en nuestra condición, su transcurso no garantiza nuestra condición de hombres y mujeres y la construcción de nuestra condición humana pasa fundamentalmente por la conciencia de lo que aún debemos hacer para no quedar atrapados en la rigidez calcalria de la ideología, del prejuicio, de la intolerancia, de todo aquello que pueda ser del otro, que no coincida con nosotros, un ser prescindible para nosotros.


Les estoy hablando, todos ustedes lo saben, estamos hablando desde el marco de una Tercera Guerra Mundial, ya ha comenzado. La Argentina ha tenido el triste honor de ser uno de los países, donde esta nueva guerra puso de manifiesto su índole, y el no esclarecimiento de lo ocurrido en la AMIA coronado como encubrimiento con el asesinato del fiscal Nisman prueba hasta que punto es peligrosa la complicidad que la no búsqueda de la verdad puede generar con los promotores de esta guerra tan particular, que no se caracteriza por la confrontación ente ejército convencionales. Pero es evidente que en el mundo de hoy a surgido un pensamiento cuya finalidad fundamental es volver a mostrarnos la presidencia del otro. Es mejor que sepamos que la lucha contra el totalitarismo no terminará jamás, por que no terminará jamás el afán del hombre por deshumanizarse, y sí vamos a defender la condición humana será en permanente combate contra todo aquello que, en otros y en nosotros, odia la libertad. Es mejor entender que si no vivimos combatiéndonos, no seremos libres. Lo grave no es que esta lucha sea incesante, lo grave es creer que no tiene lugar. 


Entender lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, entender de qué fue víctima el mundo occidental implica tener el coraje de admitir que en el hombre pugnan dos fuerzas contrarias incesantemente; una que sabe que la construcción de la condición humana pasa por el encuentro con el prójimo, y la otra, que no soporta ese encuentro y propone su aniquilación por qué presume que donde impera el pluralismo es atentar contra la vigencia universal de los valores que defendemos. Confiemos que el hombre aprenderá a vivir combatiendose en la medida que la libertad.  La lección es clara, quien no combate contra sí mismo pretende que en el mundo reine él mismo.  

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