Belarús, Holocausto, Guetos

Desde finales de junio de 1941 Belarús se encontraba bajo ocupación alemana. La Wehrmacht marchaba hacia Moscú.

Y en el bosque de Blagovschina a unos 13 kilómetros de Minsk los nazis organizaron el campo de concentración. Ejecutado de forma cruel era el modo más común de morir en bosque Blagovschina. Antes de alcanzar este bosque, muchos creían aún en la liberación, el traslado o el empleo en alguna tarea. Eso les habían contado los nazis. Evitar el pánico era fundamental. El ritmo de las muertes estaba minuciosamente programado y los retrasos sólo complicaban las cosas.

Hombres, mujeres, ancianos y niños. El número exacto de judíos asesinados en Belarús durante la II Guerra Mundial se desconoce, las cifras varían entre 250.000 y un millón (hay datos de 850 000). Lo que sí se sabe es que aquí estuvieron cuatro de los grandes campos de concentración de Europa. Uno de ellos, Maly Trostenets, el segundo en trágica importancia del continente, se alzaba cerca de Blagovschina.

“Antes de la guerra, la cultura judía era muy rica en Belarús. Los judíos estaban representados en todos los ámbitos de la sociedad, formaban un contingente de población importante y su idioma, el yidis, era una de las cuatro lenguas oficiales del Estado”, cuenta el historiador belaruso Kusma Kozak. Retirado el ejército alemán, la comunidad había perdido al 80 % de sus miembros. Se calcula que el nueve por ciento del conjunto de víctimas del Holocausto eran belarusos, y eso en un país de 10 millones de habitantes.

Y no sólo judíos nacionales encontraron la muerte en Belarús. Miles de polacos habían llegado hasta aquí huyendo de unas matanzas que ahora volvían a alcanzarles. Unos 26.500 judíos fueron deportados a este lejano país desde las tierras del III Reich, “y que nosotros sepamos, sólo sobrevivieron 50”, indica Kozak.

Instaurado su dominio, los nazis ordenaron erigir guetos en las principales ciudades belarusas: el de Minsk fue uno de los mayores de Europa y apenas hubo quien logró abandonar sus cercadas calles con vida. En el gueto de Minsk se hallaban confinados 100 mil judíos de esta ciudad, de los pueblos y aldeas de los alrededores y del Reich. Se cerró el 21 de octubre de 1943, después de los fusilamientos de la mayoría de los habitantes judíos en Maly Trostenets y Tuchinka. Las masacres se tornaron comunes en todos los guetos, al principio no tanto siguiendo un plan de aniquilación concreto como en función de las “necesidades” del momento.

En noviembre de 1941, por ejemplo, llegaron a la capital los primeros trenes cargados de judíos alemanes y austriacos. Para “hacerles sitio”, entre 7.000 y 10.000 habitantes del gueto fueron fusilados en Blagovschina.

Sin embargo, sólo los deportados en condiciones de trabajar alcanzaban el devastado casco urbano: el resto iniciaba desde la misma estación, a veces en camiones-cámaras de gas, el viaje al fatídico bosque. “En el centro había un edificio de ladrillo rojo a medio construir […] que nos ordenaron limpiar inmediatamente”, escribe sobre su llegada al gueto el judío alemán Hienz Rosenberg, “cuando entramos, nos llevamos la segunda impresión espantosa de Minsk: cientos de cadáveres cubrían el suelo”. “Muchos nunca habían visto un muerto”, apunta Kozak.

“La vida en el gueto era muy dura. Hacía frío, no había agua corriente ni electricidad ni cristales en las ventanas, y la comida escaseaba”, explica el historiador, “Martha Krom murió por enfermedad el 27 de enero a las 6:15. Su cuerpo se quedó tirado en un pasillo. Hasta el 8 de marzo no fue enterrada”. A veces, los inviernos eran tan extremos que cavar una tumba en el congelado suelo se hacía imposible. “Unas 300 personas perecieron durante esos meses sin que pudieran recibir sepultura. No es de extrañar que tantos se volvieran locos, obligados a ver una y otra vez los cadáveres de sus seres queridos.”

En 1943, perdida la campaña soviética y apunto de hacer acto de presencia el Ejército Rojo, los nazis emprendieron la retirada y el desmantelamiento de sus guetos. En el de Minsk, cuanto habitante quedaba con vida fue asesinado y con granadas se destruyeron las casas.

Terrible plan homicida

Nunca antes en la historia se había esbozado un plan homicida de semejantes dimensiones, escribe el historiador Christian Gerlach*, y no se refiere a la “solución final”- aún por definir a principios de 1941- sino a un programa del Ministerio de Alimentación del III Reich que contemplaba el dejar morir de hambre a millones de personas en el norte de Europa.

Corrían los tiempos en los que la Alemania nazi todavía acumulaba batallas ganadas. Polonia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Francia, Noruega, Grecia y Yugoslavia se encontraban bajo su control. Sin embargo, los estrategas germanos seguían lidiando con un problema que ya en el conflicto anterior, la I Guerra Mundial, les había causado estragos: el deficiente abastecimiento del frente y la retaguardia.

Los territorios conquistados en el sur y este del continente no se encontraban en condiciones de exportar alimentos suficientes para evitar la escasez, y en con ello el posible el descontento entre los habitantes del imperio. Largas y lejanas campañas militares, como la ocupación de Rusia que Hitler exigía, traían consigo enormes dificultades logísticas a la hora de asegurar el correcto aprovisionamiento de las tropas.

Por eso, los funcionarios del Reichsenährungsministerium elaboraron un plan: convertir las tierras anexionadas en el avance de la Wehrmacht hacia Rusia, Ucrania y Belarús en la reserva agrícola de Alemania. El campo aquí debía producir sólo para los alemanes. En esta zona no se requerirían más fábricas ni más trabajadores que los que precisasen ejército y administración invasores para la realización de sus respectivas tareas. La mano de obra útil sobrante sería enviada a Alemania. Al resto de la población se le negaría la comida hasta que pereciera por sí misma de inanición.

La llamada “guerra del hambre” jamás se llevó a cabo por ser inviable en la práctica. Aun así, tuvo terribles efectos. Ningún país de Europa sufrió la II Guerra Mundial como Belarús. Cuando fue liberado por el Ejército Rojo en 1944, se encontraba casi en su totalidad reducido a cenizas. Prácticamente no había ciudad que no fuera puras ruinas, pueblos enteros dejaron de existir. A más de 380 mil belarusos se les obligó a abandonar el país como trabajadores forzados con destino a Alemania. Belarús perdió entre un tercio y un cuarto de su población, casi 3 millones de sus habitantes. En la tierra belarusa los invasores alemanes quemaron, destruyeron y saquearon 209 de 270 grandes y pequeñas ciudades y 9200 aldeas. Donde no había vida humana ni económica que respetar, aunque fuera por menos motivos bélicos, las perspectivas se tornaban aún más oscuras, en medio de un conflicto oscuro ya de por sí.

* Intereses alemanes, política de ocupación y asesinato de judíos en Bielorrusia, 1941-1943.

Acciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de Belarús en 2013-2014 en perpetuar la memoria de las víctimas del holocausto

Referencia. Los judíos viven en el territorio de Belarús durante más de seis siglos y son una parte integral de la estructura étnica de la sociedad belarusa. En nuestro país se enorgullecen del hecho de que muchos de los fundadores y personas prominentes del Estado judío tienen las raíces belarusas.

En Belarús nacieron los presidentes de Israel Chaim Weizmann, Zalman Shazar y Shimon Peres, los primeros ministros Menahem Begin, Itzhak Shamir, el pintor de fama mundial Marc Chagall y muchas otras figuras mundialmente conocidas.

Los pueblos belarusos y judíos comparten un dolor común de la Segunda Guerra Mundial: en territorio de Belarús perdieron sus vidas a cerca de 800 mil judíos. Sólo en los últimos 15 años se ha descubierto más 500 belarusos como Justos entre las Naciones (de 680 total) que exponiendo sus vidas al peligro escondieron a los judíos durante la guerra.

Hoy en día, Israel es el hogar para  cerca de 120 mil personas procedentes de Belarús y en la República de Belarús viven cerca de 30 mil judíos. Desde 1955 en Israel funciona Asociación israelita de inmigrantes procedentes de Belarús. La asociación tiene sus oficinas en 32 importantes ciudades de Israel, contando con 12 mil personas y es una de las organizaciones más cohesivas de los inmigrantes de los países de la CEI. El presidente de la asociación es Mijail Alshansky. En Minsk funciona el Centro Cultural de Israel.

En los años 2013 – 2014 el Ministerio de Relaciones Exteriores de Belarús en colaboración con socios extranjeros y belarusos, las organizaciones sociales han intensificado su labor de perpetuar la memoria de las víctimas del holocausto en el territorio de la República de Belarús.

Altos representantes de la Cancillería belarusa (el Ministro y los Viceministros) en el período indicado en repetidas ocasiones han participado en los memorables acontecimientos sobre el tema del holocausto. En particular, observamos dos grandes eventos de nivel nacional sobre la conservación de la memoria de las víctimas del holocausto, celebradas el 21 de octubre de 2013 (monumento conmemorativo del «Yama» (Foso) y el 8 de junio de 2014 (colocación de la cápsula en la futura sede de un monumento en memoria de las víctimas de los campos de la muerte «Trostenets», donde por nazis fueron matados más de 100 mil judíos, incluyendo 30 mil ciudadanos de Alemania, Austria, República Checa y Polonia).

El 21 de octubre de 2013, en relación con 75 aniversario desde el día del aniquilamiento por los nazis del último preso tuvo lugar la ceremonia de recordación de las víctimas del gueto de Minsk en el complejo conmemorativo «Yama» (Foso). Ceremonia fue abierta por el Ministro de Relaciones Exteriores de Belarús. En la ceremonia también participó el Sr. P. Lauder, Presidente del congreso judío mundial, así como el Alcalde de Minsk y el Presidente de las Religiones y Nacionalidades del Gobierno de Belarús.

En la ceremonia, el Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Belarús en conformidad con la tradición judía puso al monumento una piedra traída de los alrededores de Jerusalén, así como una cesta de flores en nombre del Ministerio.

El 8 de junio de 2014 el Presidente de la República de Belarús ha colocado la cápsula con el mensaje de las generaciones en la futura sede de un monumento para los campos de la muerte «Trostenets». En la ceremonia como invitado de honor participó el Presidente del congreso judío mundial, Sr. P. Lauder.

Se supone que este año gran parte de los trabajos de construcción del monumento se avanzarán bastante. El costo total del proyecto preliminarmente se estima en 10,5 millones de dólares. Con el planificado lanzamiento del proyecto notablemente se ha intensificado el interés hacia el monumento por parte de los extranjeros y del público en general. Así, el número de alemanes de las organizaciones que representan a las ciudades y la comunidad judía, los descendientes de los que fueron deportados a Belarús y luego aniquilados en el campo de muerte «Trostenets», afirman casi reunido en Alemania un millón de euros en concepto de ayuda a Belarús en la construcción de este monumento conmemorativo.

El complejo arquitectónico del futuro monumento incluye todo el territorio de los campos de la muerte, incluyendo los bosques en medio de un prado de Shashkovka y Blagovschina.

Aprobado por el Jefe de Estado belaruso este proyecto arquitectónico cuenta con las opiniones de las organizaciones no gubernamentales y el público en general. Una parte del futuro monumento es un proyecto del distinguido arquitecto de la República de Belarús, el ganador del premio de Lenin, el Presidente de la Unión belarusa de los Judíos de las organizaciones sociales y las comunidades L. M. Levin.

También se organizan los encuentros con destacados representantes de las comunidades judías del país, la comunidad empresarial, los compañeros de trabajo de las misiones diplomáticas del Estado Israel.

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