Shangai preserva la memoria y las tradiciones judías

Una noche de 1945, en un callejón de Shanghai se produjo un alboroto. Li Huirong, en ese entonces de seis años, observó a través de la ventana cómo sus vecinos judíos salían de sus casas para cantar, bailar y llorar de alegría.

Era el 15 de agosto de 1945, cuando Japón se rindió y puso fin a la Segunda Guerra Mundial. Para los residentes locales como Li y más de 20.000 refugiados judíos en la ciudad, significó el fin de su calvario.

Durante la Segunda Guerra, Shanghai fue una de las pocas ciudades del mundo que recibieron un gran número de refugiados judíos que huían de la persecución nazi. Setenta años después, Li aún puede recordar los días en que la mayoría de sus vecinos eran judíos y cómo la fragancia de sus cafeterías aliviaba la pena provocada por la ocupación japonesa.

Durante su infancia, Li vivió en el distrito Hongkou, donde se estableció la mayoría de los refugiados judíos, a quienes describe como vecinos educados y amistosos que siempre mantenían limpia y ordenada la comunidad.

«Una pareja de judíos a menudo invitaba a los niños a su casa, donde nos obsequiaban dulces y postres cada vez que nos veíamos. Cuando se fueron después de que terminó la guerra, se tomaron una foto para nosotros. Aún conservo esa fotografía», evocó una emocionada Li.

Esos recuerdos fragmentados son los que Shanghai ha tratado de conservar en un esfuerzo por mantener la amistad entre chinos y judíos, en el marco de la celebración del 70° aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

Shanghai reclamó en febrero que el viejo gueto de los judíos sea incluido en el Registro de la Memoria del Mundo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), después de innumerables años de recabar listas de refugiados, además de material literario y audiovisual.

La ciudad también trabajó en la restauración del Café Caballo Negro, un popular centro social de reunión de refugiados judíos durante su estancia en la ciudad. El lugar será reabierto en septiembre, según adelantaron las autoridades del gobierno del distrito de Hongkou.

Wang Jian, investigador de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghai, comentó que el café es un edificio típico de la «Pequeña Viena», nombre que hace referencia a Hongkou de las décadas de los 30 y 40, cuando judíos nostálgicos establecieron allí varios cafés de características similares.

La restauración del café ha sido elogiada por la comunidad judía extranjera, especialmente por la familia de su fundador, Rudolf Mossberg, quien ha donado 20 fotografías antiguas para el Museo de Refugiados Judíos en Shanghai.

Chen Jian, curador del museo, señaló que el café era un sitio popular de reunión de los refugiados judíos. En el establecimiento se celebraron numerosas bodas, entre ellas la de Kurt Mossberg, el hijo de Rudolf, y de muchos de sus clientes judíos.

«Para ellos, Shanghai fue como una tierra de bendiciones durante la guerra», expresó Chen.

Para los residentes de Shanghai, el café no sólo es el legado de los judíos. Muchas familias de Shanghai aún atesoran obsequios que les dieron sus vecinos judíos antes de partir.

Ge Zhengrong recuerda que sus padres albergaron a una pareja judía en su casa. Cuando partieron al terminar la guerra, como muestra de gratitud obsequiaron a su familia una pintura al óleo. «En su lecho de muerte, mi padre específicamente nos dijo que conserváramos esta pintura», comentó. «Durante 70 años ha permanecido como una reliquia familiar».

Fuentes: INFONEWS, YAO YUAN, ZHOU WENQI, XU XIAOQING

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