David Grossman: »Lograr la paz en Medio Oriente exige superar los traumas del pasado»

Grossman es una de las voces que, en Israel, busca el camino de la paz. Busca ese camino de manera compleja, cree en un ejército fuerte y supo decir, en otra entrevista con Clarín, que entiende que parte de esa paz es que los palestinos acepten su derrota y que «los israelíes tienen que aceptar el retiro de los territorios ocupados, levantar asentamientos. Los palestinos tendrán que renunciar a algunos de sus deseos». Le guste más o menos, es un escritor obligado a hablar de política. Y en Gran cabaret la política empieza en la elección de un nombre.

–El nombre Dovaleh tiene parte en idish, el idioma de los judíos de Europa oriental, de la diáspora, no el de Israel. ¿La novela no habla también de qué persiste de ese mundo y qué desaparece?

–Claro, aunque eso para mí fue algo muy presente en mi vida. Es el mundo del pequeño pueblito donde nació mi padre, en Galitzia, pero también de toda la realidad judía que fue aplastada, erradicada en el Holocausto. Sin embargo, todo el tiempo hay un mundo que se borra y otro que emerge. Incluso se fue el mundo en que crecí en Israel, donde dominaba el partido laborista. Ahora el mundo es mucho más el mundo de la derecha, de los valores de la derecha.
–¿Qué pasó de un mundo al otro?
–El punto de inflexión fue la Guerra de los Seis días, cuando de repente el pequeño Israel se convirtió en un imperio, tuvo dominio sobre millones de personas y se volvió cinco veces más grande de lo que era. De repente apareció la tentación de ser muy fuertes, de subyugar a nuestros enemigos. Esa forma de pensar y sentirse que no habíamos experimentado en 2000 años. Pero por supuesto, con eso viene la conciencia de que podrían ir contra nosotros. Esto crea la idea de que hay que ser cada vez más agresivos. Es complicado porque muchos de nuestros terrores son reales, no se trata sólo de paranoia. Vivimos realmente en la región más peligrosa del planeta, vivimos realmente en una región que es tan volátil y tan impredecible, vea lo que pasó en casi todos los países alrededor nuestros, cómo se están asesinando y cómo lo harían con nosotros si pudieran.

-¿En 6o años no se integraron a la región?

-Medio Oriente nunca aceptó realmente a Israel, nunca aceptaron nuetro derecho de estar acá, ni mis colegas palestinos, jordanos, egipcios aceptan nuestras afinidades, no entienden que no es un error burocrático que estemos acá, que no es un error geográfico, que no es colonialismo sino que nacimos, fuimos creados acá, en la tierra de Israel, como pueblo, como cultura, como lengua. El problema es que tenemos un primer ministro como Netanyahu que es un experto en confundir el peligro real con los ecos de traumas pasados y de traumas futuros.

-¿Habla del Holocausto? ¿Cuánto pesa hoy en Israel?

-Es la caja de resonancia de gran parte de nuestra vida, de nuestro comportamiento. Aunque hayan pasado 70 años está muy presente: no se puede experimentar tal trauma y pensar que va a desaparecer. El Holocausto tiene efectos en la manera en que criamos a nuestros hijos, en que creemos o no creemos que vamos a tener un futuro saludable, se ve en el comportamiento de nuestros gobernantes, en cómo somos incapaces de correr riesgos en busca de la paz. Está siempre ahí. Va a segui ahí incluso después de que el último sobreviviente muera.
-¿Me está diciendo que tienen a la vez la sensación de fragilidad y de poder?
-Estamos amenazados todo el tiempo, hay muchas razones para ser cuidadosos y tener miedo. Y un futuro líder debería tener mucho coraje para ir más allá de nuestros miedos y encontrar nuevos caminos.

Fuente: Clarín
Entrevista: Patricia Kolesnicov

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