Los nuevos y viejos porqués del antisemitismo de hoy. Por Mirta Goldstein

Si ya no cabe duda que en el mundo se vive un retorno a la xenofobia más virulenta y despiadada, después de los aberrantes sucesos del siglo pasado, y si tampoco cabe duda que dentro de ese marco el antisemitismo esté tomando un cariz radical, las comunidades judías no pueden dejar de preguntarse sobre las mejores estrategias de autodefensa en vista al futuro.

Lo que estamos presenciando es la globalización del anti judaísmo y el anti israelismo. Estos fenómenos se importan y exportan como cualquier mercancía porque lamentablemente son los mismos gobiernos los que comercian con los fanatismos.

El intercambio de bienes mutuos entre las Naciones y los Estados, no se limita a los productos más necesitados para la sobrevivencia y bienestar de sus pueblos, sino que junto a las armas -que juegan un papel principal en ese intercambio-, se intercambian ideologías y teorías económicas, políticas y sociales. Así se expanden los populismos, los autoritarismos, los fundamentalismos.

Cuando se piensa en las empresas multinacionales que colaboraron con el nazismo como Ford, General Motors, y otras se deduce inmediatamente que el exterminio de los judíos estuvo en el centro del intercambio bélico y económico; y si bien ese exterminio tenía antecedentes históricos e ideológicos -como el Manifiesto antijudío que escribiera Wagner en 1850- cada nuevo ataque antisemita encubría la «podredumbre de Dinamarca» (Shakespeare).

En general, se ha explicado al antisemitismo como motivado por el odio racial y religioso pero yo pienso que, a esta altura, resulta una declaración demasiado simple. El hecho de que el antisemitismo exista aún en lugares donde no habitan judíos, constata que éste no depende del amor-odio interpersonal o entre etnias, sino de fenómenos mucho más complejos.

Diría que los intentos de aniquilar lo judío, a los judíos y al Estado de Israel, como proclaman las amenazas iraníes, no son la causa, sino la consecuencia del intercambio oculto de intereses y objetivos.

Cualquier exhorto antisemita encubre la descomposición oculta en una sociedad, o sea, sus debilidades, sus trasgresiones, su corrupción y el sometimiento de sus propios pueblos

Es obvio que el nazismo utilizó las representaciones imaginarias del prejuicio al judío y los prejuicios xenófobos pseudocientíficos sobre las características raciales; también es obvio que todo ataque antisemita sigue recurriendo a las mismas caricaturas medievales del judío, empleadas otrora.

Esas representaciones imaginarias antisemitas que hoy provienen de supuestas izquierdas progresistas, constituyen la herramienta con la cual se domina a las masas. Así, cualquier propuesta populista y extremista cala hondo en las mayorías, cuando los gobiernos entran en crisis y no quieren responsabilizarse de sus actos y errores.

Los ataques anti israelíes que se producen y se provocan en el seno de los países más desarrollados, no son espontáneos, sino organizados y exportados de un lugar a otro a través de células ideológicas. Hoy, esas células están en el centro del terrorismo y por esta razón es que sus efectos causan pánico. Y lo peor es que, para salir del pánico, los gobiernos firman acuerdos de cooperación dentro de los cuales McDonalds es el batallón de vanguardia de la conquista económica. Pero la penetración es mutua: en los acuerdos económicos no se escribe que habrá un retorno ideológico. El terrorismo retorna a pesar de los acuerdos.
Hoy los ataques antisemitas aparecen en medio de divisiones internas del pueblo judío, tanto en las diásporas como en Israel, pero también en medio de divisiones internacionales de cómo encarar el flagelo del extremismo que ya amenaza a los mismos países musulmanes.

El fundamentalismo terrorista aprovecha la debilidad que emana de las divisiones internas.

Jugando con las palabras diría que hoy Oriente es el medio para exportar varias modalidades de antisemitismo: el anti-israelismo, el antisionismo y el antijudaísmo pero también y, principalmente, políticas de sometimiento de los pueblos árabes. REcordemos que cualquier mensaje dirigido hacia afuera es también un mensaje hacia adentro.

Los grupos extremistas terroristas antidemocráticos avanzan sobre los pueblos árabes y desde allí hacia el mundo.

En síntesis, ¿Cuáles pueden ser las estrategias de autodefensa de la judeidad mundial y del pueblo israelí?
En primer lugar generar vínculos entre todas las divisiones y estratos de la judeidad, tanto dentro de Israel, de Israel con la Diáspora y dentro de las comunidades judías del mundo.

Durante la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, las comunidades no podían comunicarse como lo pueden hacer hoy; esta es la primera ventaja.

La segunda ventaja es la existencia del Estado de Israel que hoy está recibiendo a los judíos europeos.

La división extremista entre ortodoxia y las corrientes actuales del judaísmo nos debilita por lo cual ambos lados del conflicto deben aceptar la existencia del otro.

En segundo lugar debemos reconocer que el diálogo interreligioso generado en diversos países aún no ha incluido suficientemente a los musulmanes no fundamentalistas; ese diálogo, principalmente dado con el Cristianismo, tiene que ir incluyendo a todas las formas de ritualizar la fe.

En tercer lugar, y principalmente, pienso que tenemos que profundizar la convicción -entre los jóvenes judíos y no judíos- que el Estado de Israel surgió legítimamente a la par que profundizar la convicción de dos Estados para dos Pueblos. La idea de un estado binacional no es viable históricamente.

Y en cuarto lugar entender y difundir que un Estado no se confunde con gestiones de gobierno y esto ocurre en Israel como en cualquier parte del mundo. Israel como Estado no es su actual conducción por lo tanto Israel busca la paz tanto y más como sus vecinos.

También los palestinos tienen conducciones que desvirtúan las aspiraciones de paz de una gran mayoría de su pueblo.

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