Janucá: la celebración del milagro durante el Holocausto. Por Lic. Gabriela Scheyer

Cuando cesó de existir la esperanza de supervivencia personal, cuando la destrucción del pueblo judío tomó grandes proporciones, una sola empresa siguió teniendo sentido: Dejar una huella en la memoria humana. Entonces, coleccionar documentos, escribir memorias, volcar hechos en el papel, se volvió la última línea de resistencia para muchos habitantes del gueto y lo hacían no sólo intelectuales, periodistas y escritores, sino incluso amas de casa y niños”
Emanuel Ringelblum. Palabras del archivo “Oneg Shabat”
Para esta misma fecha, desde hace siglos, celebramos durante ocho días la festividad de Januca. Cada año, nos contamos y conmemoramos esta tradición que simboliza la lucha de los macabeos contra el intento de borrar y modificar la identidad judía. La fiesta marca el milagro de la victoria de los Macabeos contra los griegos. Desde ese entonces, hasta hoy en día, nosotros celebramos el milagro encendiendo las velas de la janukia.

En pleno encierro, en plena privación de los derechos del hombre, los judíos recuerdan y celebran la fiesta del milagro. Dentro del Ghetto, y en condiciones de hambre, frío, enfermedades, aislamiento, hacinamiento e incertidumbre muchos judíos continuaron celebrando la festividad de Janucá

“Por un instante parecía que nada más nos importaba. Festejábamos la primera noche de Januca, según la costumbre de los años anteriores a nuestra prisión y a nuestro sufrimiento. Éramos un grupo de judíos, que cumplíamos los preceptos y soñábamos con nuestras casas y con los años pasados”

La fiesta de Januca es esencialmente la celebración de la lucha, la salvación y el milagro y mediante las ceremonias de la festividad los judíos expresan su esperanza y su lucha.
En el momento del encendido de las velas recordamos el milagro y reafirmamos nuestra fe en Dios que hace milagros.

Las prácticas religiosas estaban prohibidas, pero en ellas muchos hombres y mujeres encontraron una forma de resistencia. Se rezaba y se prendían las velas de Januca en secreto. Toda decisión de vivir en esta realidad, significaba una resistencia.
Cualquier pequeña acción era considerada un milagro: conseguir el aceite, prender la vela, que no los descubran, decir la bendición. Fueron esos actos y el respeto por las tradiciones los que ofrecieron un importantísimo consuelo espiritual. Fueron enormes desafíos que ayudaron a mantener la moral y a reafirmar la identidad cultural y religiosa de una comunidad en el contexto más adverso que alguien pueda imaginar.
¿Qué significado tiene la fiesta de Januca en estos momentos?
Es una forma de expresar un mensaje de esperanza a través de la luz y el simbolismo del milagro. Puede ser también un tipo de protesta y resistencia.
Januca simboliza la guerra del débil contra el fuerte; la esperanza de que el milagro que sucedió en el pasado vuelva a suceder en el presente y en el futuro.

“Aquel Januca estuvimos todos juntos, un pequeño grupo de sobrevivientes del ghetto de Lódz. Trabajábamos catorce horas diarias, y no había contacto con el mundo exterior. Si veíamos un calendario sobre la pared, ya no significaba nada para nosotros. ¿Shabat? ¿Iom Tov? No sabíamos nada acerca de estos días.
Estaba recostado sobre mi catre, tan hambriento y con tanto frío que no podía dormir. Los pensamientos corrían por mi mente, y comencé a calcular los días, llegando a la conclusión de que Januca debe estar cerca. Los recuerdos comenzaron a amontonarse, recuerdos del hogar, de mamá, papá, a quienes los nazis asesinaron en las cámaras de gas en Treblinka. Un poderoso deseo se apoderó de mí. ¡Debo sobrevivir un poco más! Tenía que vivir por lo menos lo suficiente como para cumplir con la mitzvah de encender las luces de Januca una vez más en mi vida…Parados ahí, pensamos en aquellos tiempos en los que los milagros ocurrían y rezamos por un milagro para nosotros: ser liberados de nuestro estado presente”.

El encendido de las velas de Januca, simbolizó el romper la rutina y señalar un tiempo determinado. Observar este precepto les posibilitó expresar su fe y su identidad cultural, tradicional y personal. Dentro de esta realidad, tuvieron que bregar para cuidar la semblanza humana y la esencia de la vida. Ellos, sumidos en una atmósfera degradante, deshumanizadora, lucharon para sobrevivir dignamente a pesar del designo nazi y sin perder el rostro humano, conservando libre su espíritu y su creatividad en medio de la opresión.
“Si, tenemos que prender las velas de Januca. Este hecho elevará la moral y mejorará el ambiente. Preparemos un plan, pero con cuidado. Hay dos problemas que debemos superar: conseguir aceite y buscar un lugar donde no se viera la luz… Sabíamos que según la ley judía no teníamos la obligación de arriesgar nuestras vidas para cumplir este precepto. Pero varios de nosotros sentíamos la necesidad de expresar un espíritu de sacrificio, la herencia de nuestros ancestros a través de las generaciones. Estábamos en tal depresión física y espiritual, que sentíamos que una pequeña vela de Januca, calentaría nuestras almas agonizantes y nos animaría con esperanza, fe y valentía para que pudiéramos sobrevivir…”

En un mundo en el que los derechos humanos básicos eran pisoteados como si jamás hubiesen existido, la esperanza del milagro produjo la capacidad de hacer lo que estaba prohibido. Aferrarse a las tradiciones ancestrales significaba resistir.
Muchos fueron los que diariamente rezaban para que sucediera un milagro que salvara sus vidas; una fiesta como Januca podía significar un profundo sentimiento de identidad con los antiguos judíos y consigo la esperanza de que el milagro de Januca vuelva a producirse.

Gaby-Scheyer

Por Licenciada Gabriela Scheyer

Psicóloga, educadora, guía de contenidos de Marcha por la Vida

Ex directora ejecutiva del Museo del Holocausto

Citas:

1- Mordechai Eliav, Yo tengo fe – testimonio de vidas y muertes de hombres de fe durante el Holocausto, Mosad Harav Kook, Jerusalén, 1990

2-Campamento Konigs-Westerhausen, Januca 5705. Rabí Elimelej Schwartz, HaPardes Monthly 36:45 

3- Mordechai Eliav, Yo tengo fe – testimonio de vidas y muertes de hombres de fe durante el Holocausto, Mosad Harav Kook, Jerusalén, 1990.

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here