ATP de Buenos Aires: Diego Schwartzman ganó en su debut

El tenista, Diego «Peque» Schwartzman, avanzó hoy a los octavos de final del Argentina Open, tras remontar un partido adverso y finalmente superar en la ronda inicial al ucraniano Alexandr Dolgopolov por 5-7, 6-4 y 6-3.
Schwartzman, ubicado en el puesto 89 del ranking mundial, ganó al cabo de dos horas y 10 minutos ante Dolgopolov (31), frente a unas 3.500 personas que se acercaron hasta la cancha central del Buenos Aires Lawn Tennis Club, desde ahora llamada Guillermo Vilas.
El argentino jugará su próximo partido en el certamen porteño frente al vencedor del cruce que animarán mañana el español Pablo Andújar (60) y el italiano Paolo Lorenzi (52).
El tenista surgido del Club Náutico Hacoaj jugó un primer set aceptable, con solidez desde el fondo de la cancha y una actitud ofensiva, pero dejó pasar un par de oportunidades y eso le costó perderlo por 7-5 ante un rival talentoso pero inestable, que jamás jugaba dos pelotas iguales.
Al «Peque» le costó mucho descifrar el juego de Dolgopolov, se lo notaba incómodo con los cambios de ritmo que proponía el ucraniano, sobre todo cuando apelaba al slice y a varios drops que no podía resolver.
En el segundo parcial cada uno mantuvo su servicio hasta que el argentino logró un quiebre que le permitió adelantarse 4-3, merced a un par de buenas devoluciones y errores del europeo que le facilitaron la tarea.
El argentino ganó 6-4 y dejó las cosas como al principio, y eso le dio mayor confianza para mantenerse firme en su plan de juego, así quebró de entrada y se puso 1-0 arriba en ventaja.
Schwartzman no vaciló con su servicio y aprovechó los errores no forzados del ucraniano, así se mantuvo al frente hasta que logró otro quiebre que le permitió llevarse el set final por 6-3, para avanzar de ronda e igualar su mejor actuación en Buenos Aires, que había sido en 2013, cuando también llegó a octavos de final.
Schwartzman apretó su puño y enseguida buscó en la platea la mirada de su entrenador Hernán Gumy y su familia que estaban sentados en la primera fila y festejaron de manera efusiva, con la certeza de que Diego había jugado un muy buen partido y además dio una muestra de carácter para revelarse ante la adversidad y transformar en victoria una eliminatoria que se le había puesto cuesta arriba.

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