Jorge Cohen: «En la investigación de la causa del atentado a la Embajada hay una situación de quietud»

A 24 AÑOS DEL ATENTADO A LA EMBAJADA DE ISRAEL– Jorge Cohen ex-secretario de prensa de la embajada y sobreviviente del ataque terrorista dialogó en exclusiva con la CADENA JUDÍA DE INFORMACIÓN VIS A VIS acerca de las sensaciones personales al estar tan próximos a la fecha del ataque. Además, contó la historia y el por qué hace diez años publicó un libro llamado «Cuentos bajos los escombros», en el que hay escritas diez ficciones que fueron corregidas por Marcela Doblas, compañera de él en la embajada, y que aquel 17 de marzo se convirtió en una de las 29 víctimas fatales.

– Pasaron 24 años del atentado y hasta el momento la Corte Suprema ha estado actuando muy lenta. ¿A qué se debe está lentitud?

– Esta es una respuesta que, en principio, tiene que dar la Justicia. Yo diría que más que lentitud hay una situación de quietud. Yo noto una situación de absoluta quietud en la investigación y en buscar a los responsables. Desde el génesis de la causa que este tema tuvo muchas, diría interferencias, y mucha quietud, la cuál se mantiene hasta hoy. Por eso creo que si hay algún avance será bienvenido por nosotros. Es lo que todos esperamos, un avance de la justicia y que tengamos alguna información que den cuenta de eso.

– Hace pocas semanas se conoció que la Embajada de Israel le proveyó a la Justicia el paradero de los dos supuestos autores del ataque…

– Tengo noticias de que la embajada envió una foto, pero no tengo mayores comentarios que hacer. Pero si esto es un aporte para que la investigación se ponga en marcha, bienvenido.

– ¿Crees que el nuevo gobierno va a fomentar a que se esclarezca la investigación?

– Es un deseo. Ojalá que esto pase. Evidentemente hay una decisión política con la creación de la secretaría Unidad AMIA y esto es un dato a tener en cuenta. Ojalá que esto signifique que la causa avance y que nosotros los sobrevivientes y los familiares tengamos un nuevo vinculo con el nuevo gobierno democrático. Un buen vinculo, cosa que yo creo que va a ser así.

– ¿Cómo es la relación que mantienen entre los familiares de las víctimas y los sobrevivientes?

– Nosotros tenemos un grupo que integramos los sobrevivientes al ataque y los familiares de las víctimas, ya sea de quienes murieron adentro de la embajada como de quienes murieron fuera de ella. Todos formamos parte de un grupo que nos solemos reunir y tenemos encuentros periódicos. Entre el grupo tenemos una excelente relación y tenemos también un vinculo digital. Hace tres o cuatro años el arco político de nuestro país aprobó una ley reparatoria para los damnificados del atentado a la embajada, y allí un grupo más pequeño se ocupó de hablar con todos los diputados y senadores de los diferentes partidos políticos para que esta ley saliera.

– ¿Tienen diferencias entre ustedes con respecto a la causa del atentado?

– Nosotros somos un sólo grupo. Quizás con algún punto de vista diferente, pero como sucede con todos los grupos humanos. No hay diferencias fundamentales.

Los familiares del atentado a la AMIA están muy divididos. ¿Por qué crees que ustedes se pudieron mantener unidos ?

– Yo puedo hablar de lo que nos sucede a nosotros. No puedo explicar lo que pasa en la comparación que estás haciendo. Nosotros nos formamos como grupo varios años después del atentado, a pesar de que inmediatamente algunos ya nos estábamos vinculando. Después del atentado no hubo grupos de familiares y sobrevivientes, como sí sucedió en el caso de la AMIA, y este grupo que se consiguió después de varios años quedó muy consolidado y no tuvo divisiones.

– ¿Qué te sucede cuándo nos vamos aproximando al 17 de marzo?

– Me pasan muchas cosas. Decir que uno recuerda el atentado todos los días, puede parecer una frase hecha, pero de hecho uno se tropieza a la vuelta de la esquina con el atentado, con sus consecuencias o con los comentarios, máxime viviendo en la Ciudad. Uno se encuentra con las marcas urbanas, con los pilotes y esto a uno le recuerda el atentado. En estos días hay una especie de cuenta regresiva porque se aceleran las reuniones, los recordatorios, se acercan los dos actos conmemorativos y hay más llamados. Hay una especie de intensidad. A mí me parece que esta cosa tiene una fuerza afectiva muy fuerte, al menos para mi, y ya a partir de ahora uno vive esa cuenta regresiva y tiene la cabeza puesta en el aniversario. Recuerdo a los compañeros que se quedaron bajo los escombros. Naturalmente el 17 de marzo recibo más saludos de cumpleaños que en la fecha de mi real cumpleaños. Ya de hecho el 17 de marzo lo adopté como la fecha de mi cumpleaños. Está misma nota periodística tiene un costo afectivo, pero que lo hago con mucho gusto, porque es para eso, para recordar. Recuerdo la ambulancia, la sangre, el humo, el polvo, los escombros. Rememoró nuestro lugar de trabajo que era esa casona estilo francés lindísima en Arroyo y Suipacha. También tengo la obligación ética de mantener la memoria de mis compañeros que no sobrevivieron que de alguna manera, también, es mi memoria.

–  Y esa intensidad a la cuál te referís ya habiendo pasado 24 años, ¿la podes dominar?

– La intensidad me domina a mí. Yo llegó al predio de Arroyo y Suipacha, bien. Voy caminando desde Córdoba por Suipacha hacía Avenida Santa Fe, luego la cruzo. Llegó a la calle Arroyo, entro a la plaza y estoy bien, pero yo lo que sé es que en algún momento me voy a quebrar, y esto no se cuándo. La emoción lo decide, yo no decido nada. Aún cuando estoy haciendo una entrevista periodística o simplemente sentado me pasa todo el tiempo. En realidad hay algunas situaciones que tienen que ver con lo afectivo, pero que yo trato de transformarlas en otra cosa. Hay un trabajo que se llama Marcas Urbanas que está a punto de terminarse y que lo estoy haciendo con un compañero de la facultad de Arquitectura, Arq. Javier García Cano. Este trabajo recoge las marcas urbanas que quedaron en la Ciudad de Buenos Aires después de los dos atentados; pilotes, a la dos plazas secas que se encuentran en AMIA y en Arroyo y Suipacha; los árboles que están plantados en la AMIA; los planos de los dos edificios que pudimos acceder a ellos; las lápidas que hay en la Tablada, la cartelería que hay en los subtes cada vez que hay un aniversario. Cuando hicimos este trabajo trate de dominar la emoción y creo que en algún momento lo logré. Pero también en muchos momentos de esta investigación que estamos haciendo me quebré. Hay una alternancia entre lo académico y la afectividad.

– Hablaste de transformar la afectividad en otra cosa .¿En qué lo transformas?

– En los días previos a la voladura de la embajada, Marcela Doblas, que trabajaba conmigo y quedó bajo los escombros. Ella en los momentos del almuerzo estaba corrigiendo unos textos de ficción que yo había escrito. Esos textos cuando la embajada voló por los aires quedaron bajo los escombros y Marcela también quedó bajo los escombros. Yo me había olvidado de esos textos, como me olvidé de tantísimas cosas después del atentado. Pero meses después revolviendo las bolsas negras que habían quedado allí, con las pocas cosas que se habían podido recoger, encuentro un sobre color madera con esos textos. El tema es que también estaba el corazón de Marcela en esas correcciones. Los guardé y me dije a mí mismo que nunca más los iba a abrir. Sin embargo, un poeta amigo, Daniel Chiron, me insistió varias veces que lo abriera y que esos textos los completará y se los dedicará a Marcela. Finalmente, con mucho esfuerzo afectivo, en ese momento tuve que trabajar esos textos mezclados con el sentimiento, el dolor y el recuerdo. Se transformaron en diez cuentos que terminaron siendo publicados con el nombre «Cuentos bajos los escombros». Eso sucedió hace diez años en un libro que escribí diez cuentos de ficción. El libro está prologado por Nelson Castro, y en el epílogo cuento está historia y cito una parte del Talmud que relata la historia de un Rabino que fue quemado en la puerta de su Templo por su condición de judío junto a los rollos de la Torá, el Rabino le dice a su hijo: «No te preocupes porque el papel se quema, pero las letras vuelan. Sin hacer comparaciones impertinentes, en este caso de «Cuentos bajos los escombros», también, las letras volaron.

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