En el Domingo de Ramos, el Papa llamó a «asumir la responsabilidad del destino» de refugiados y migrantes

Al celebrar hoy la misa de domingo de Ramos que abre la Semana Santa, el período más importante del año para la Iglesia católica, Francisco volvió a llamar la atención sobre el drama de los cientos de miles de refugiados que escapan de guerras, miseria y conflictos. Lamentó la indiferencia que padecen y que nadie «quiera asumir la responsabilidad de su destino», aludiendo, sin mencionarla, a la incapacidad de la comunidad internacional en general, y de la Unión Europea, en especial, para enfrentar la peor oleada de refugiados que golpea al continente desde la Segunda Guerra Mundial.

Mientras que miles de migrantes, la mayoría sirios, pero también afganos e iraquíes, siguen varados en la localidad griega de Idomeni, en la frontera con Macedonia, sellada desde hace más de dos semanas, el viernes la UE alcanzó un acuerdo por el cual a partir de hoy todos los migrantes irregulares que lleguen a Europa por las costas griegas desde Turquía, serán devueltos a este país.

El Papa evocó la tragedia de los refugiados, que marca a fuego los tiempos de hoy, al comparar la indiferencia que están padeciendo con la que sufrió Jesús durante su pasión y muerte. «Mientras le es negada toda justicia, Jesús experimenta en su propia piel también la indiferencia, porque nadie quiere asumirse la responsabilidad de su destino», dijo Francisco. En ese momento, dejó de lado el texto que tenía preparado. Con rostro serio y voz compungida, siguió: «Y pienso en mucha gente, en muchos marginados, en muchos prófugos, en muchos refugiados», por los cuales, «muchos no quieren asumirse la responsabilidad de su destino», lamentó.

Fiel reflejo de que este drama lo desvela, el próximo jueves santo Francisco le lavará los pies a doce refugiados de un centro de esta capital, otro mensaje claro a la comunidad internacional.

En una jornada de sol primaveral, como es tradición la ceremonia comenzó con una procesión de palmas y ramas de olivo hasta el centro de la Plaza San Pedro, en medio de coros solemnes. Allí, donde se levanta un obelisco, Francisco bendijo las palmas y ramas de olivos que evocan la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Al término de la procesión, en la que participaron cardenales y obispos vestidos con paramentos rojos, desde el sagrato celebró misa.

Fuente: Lanacion.com.ar -Elisabetta Piqué desde Roma

 

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