Pesaj 2016: Jametz

Jametz: Una lección de humildad
Tomemos harina de trigo. Mezclémosla con agua. Hagamos una masa y dejémosla reposar unos cuantos minutos a temperatura ambiente. Al poco tiempo comprobaremos que la masa comienza a inflarse y agrandarse. A este fenómeno se lo llama en hebreo Jimutz, o sea, fermentación. La masa fermentada es Jametz.
El hombre,  el individuo libre, vive expuesto a una sobredimensión de sí mismo. La sociedad moderna -en su afán de hacernos buenos consumidores- nos entrena al egocentrismo y al hedonismo. El sujeto que todo lo tiene dispone de un poder que fácilmente degenera en arrogancia.
Desde siempre nuestros sabios compararon al Jametz con la soberbia. A la masa que por si misma comienza a agrandarse con el nombre que engrandece su ego.
En Pésaj, con el mismo esmero que eliminamos todos los restos de Jametz de nuestras casas, debemos borrar todo vestigio de soberbia de nuestros corazones.
¿Qué es la humildad?
La humildad no es rebajarnos o humillarnos. Es asumir nuestra verdadera dimensión y concientizarnos de nuestro espacio en este mundo.
Humildad es saber nuestros límites. Respetar los derechos del prójimo. Reconocer a Quién nos ha dado todo lo que tenemos.
La humildad es la esencia de la autoestima, de la paz con uno mismo. El soberbio es un ser vacilante que busca desesperadamente compensar su inseguridad personal con la aprobación de los terceros. Es dependiente del aplauso ajeno.
Sólo el humilde es verdaderamente libre.  El soberbio se adapta a sus propias carencias, se niega la libertad de corregirse. La arrogancia es un Faraón que tiraniza nuestras vidas, pues condena a nuestra personalidad al estancamiento.
Humildad es recordar que en el prójimo hay un ser humano igual a nosotros, que merece dignidad y respeto, que tiene derecho a ser escuchado y comprendido.
El soberbio es egocéntrico, esclavo de sus propios intereses, sólo le importa el otro en función de sÍ mismo.
La humildad nos coloca en nuestro lugar exacto también frente al Creador: El mundo es un granito de arena en el infinito universo, y el ser humano, un granito de arena en esta gigantesca tierra. “ A Dios respeta y Sus mandamientos guarda porque ese es todo el hombre” (Kohelet)
La arrogancia es la principal barrera entre el hombre y Dios: El soberbio no puede tolerar la presencia de Alguien que le enseñe “lo que debe hacer con su vida”.
El orgullo es una película de plata detrás de un cristal:  no nos permite ver más allá de nuestra propia imagen.
Pésaj es una lección intensiva de humildad: debemos aprender a vivir en libertad sin caer en la arrogancia.

LAS MITZVOT DE PÉSAJ

Definición del Jametz
Se denomina Jametz a toda sustancia fermentada (comúnmente harina) proveniente de alguno de estos cinco cereales: trigo, cebada, centeno, avena y espelta.
La fermentación se produce al estar alguno de estos cereales en contacto con agua y al cabo de dieciocho minutos.
Algunos ejemplos de Jametz son: Pan, pastas, productos de pastelería, galletas, fideos, algunos alimentos de bebé, whisky y cerveza.

Parecidos pero diferentes

Para que un alimento sea Jametz deben existir estos tres elementos simultáneamente: o sea, harina o algún otro elemento derivado de una de las cinco especies mencionadas, agua y tiempo.

CEREALES
Si bien el arroz, el maíz y las legumbres no pertenecen a los cinco cereales especificados,  y no se consideran entonces Jametz, la costumbre Ashkenazí es prohibir el consumo de estos granos (KITNIOT) y todos sus derivados en Pésaj.

AGUA
Si mezclamos, por ejemplo, harina común de trigo con otro líquido que no sea ni contenga agua, como ser: jugo de fruta, aceite, vino o huevos batidos, no se considera Jametz. Este preparado se llama Matzá Ashirá. Y el consumo de estos productos supervisados está permitido en Pésaj en ciertas comunidades.

TIEMPO
La Matzá tiene dos elementos del Jametz: harina y agua; pero ha sido horneada sin  que pasen dieciocho minutos, tiempo necesario para su fermentación.

Taarobet Jametz
También está prohibido en Pésaj el consumo de alimentos que contengan, aún en una mínima proporción, algún ingrediente Jametz.
Ejemplos de productos que pueden contener Jametz: Sopas, frutas secas, algunos cafés (torrados con cebada), dulces, polvos para preparar bebidas, flan, postres y helados.

¿Qué no es Jametz, por definición?

Pescados, aves, carne vacuna (aunque algunos embutidos pueden poseer Jametz)
Todas las frutas frescas
Todos los vegetales (Como se mencionó anteriormente : el maíz, el arroz, las leguminosas y otros granos no se consumen en Pésaj según la tradición Ashkenazí)
Los productos lácteos
En realidad, no siempre se conoce con exactitud la composición de cada producto alimenticio o si en el proceso de elaboración de los mismos pudieron tener contacto con algo Jametz. Por eso todo los alimentos elaborados que se consumen durante esta festividad llevan un sello «Kasher LePésaj» que garantiza la ausencia del Jametz.
(Ante cualquier duda consulte a una autoridad rabínica)

Seor
La última categoría incluida en la prohibición de Pésaj es el Seor, o sea, todo agente fermentante.
Ejemplos: levadura, harina y polvos leudantes.

Jametz no comestible
Hay autoridades rabínicas (Jazon Ish) que permiten tomar en Pésaj medicinas en forma de pastilla no masticables que se tragan con agua aunque éstas contengan algún tipo de almidón. Pero en el caso de los jarabes, pastillas masticables y otros medicamentos de gusto agradable, debe verificarse que no contengan Jametz  (almidón, por ejemplo).
Por supuesto que en caso de gravedad se debe tomar la medicina que sea necesaria.
Asimismo, hay autoridades rabínicas que permiten la utilización de todo producto que contenga Jametz pero que no es apto para el consumo humano o animal.
Por ejemplo: Cosméticos, pegamentos, tinturas, perfumes, jabones, limpiadores.
Hagalat Kelim:

Por lo general se acostumbra a utilizar una vajilla especial para Pésaj, y es lo más recomendable. Pero en el caso de no contar con una vajilla de Pésaj, se podrán utilizar los utensilios de todo el año si realizamos la Hagalá, que es una especie de esterilización para eliminar los restos de Jametz.
En principio, la Hagalá de cada utensilio en particular depende de su uso habitual y el material del que está hecho:

Algunos ejemplos
Vidrio – Los utensilios de vidrio que se usan durante el año se los limpia bien y luego deben sumergirse en agua tibia durante tres días cambiando el agua al final de cada día.
Metal – Los cubiertos y otros utensilios de metal en los que se cocina sobre el fuego, se los limpia bien y se los sumerge totalmente en agua hirviendo; luego, al sacarlos se lavan con agua fría y ya  son aptos para Pésaj.
Porcelana – La vajilla de cerámica o porcelana que usamos durante el año no es “esterilizable”, es decir, no sirve la Hagalá que se les realice.
(Nota: Para otros casos de Hagalá y ante cualquier duda rogamos consultar con una autoridad rabínica).

Los dos gustos de la Matzá

“Ha lajmá aniá…”  “Este es el pan de la pobreza que comieron nuestros padres en la tierra de Egipto” .
Así comienza la Hagadá. Afirmando que nuestros ancestros, esclavizados por el Faraón egipcio, sufrieron las penurias de un cautiverio indescriptible por su crueldad. En la Hagadá se relata que en Egipto nos obligaban a realizar los trabajos más pesados e indignos… separaban a los esposos de sus mujeres… condenaban a nuestros hijos a la muerte… la aflicción no podía ser mayor.  Doscientos diez años vivimos en nuestro primer exilio, amenazados por esa primera versión antisemita del exterminio de nuestro pueblo.  Durante todo ese período, la Matzá, un alimento barato, de sencilla preparación y lenta digestión, fue la comida ideal concebida por los egipcios para sus esclavos judíos.
La Matzá nos recuerda la condición humillante de nuestro cautiverio. Los egipcios no nos brindaban los breves minutos (dieciocho, como ya se explicó) de descanso de nuestra tarea, que hubieran sido suficiente para que la masa fermentara y comiéramos pan…
Nuestra memoria colectiva es muy fiel. No nos embriagamos con la victoria del éxodo. Y a través de la Matzá recordamos la amargura de cautiverio y el sufrimiento de nuestro pueblo en Egipto.

Pero la Matzá también simboliza nuestra libertad…
Dios recordó a Su pueblo Israel y envío a Moshé y Aharón ante el Faraón. El cruel tirano les negó la libertad y Egipto, entonces, fue azotado por las diez plagas. La última, finalmente venció la arrogancia del Faraón y así, la noche del 15 de Nisán, hace tres mil quinientos años, los judíos abandonamos apresuradamente Egipto. “Y hornearon la masa que habían sacado de Egipto, tortas de Matzá, pues no alcanzó a fermentar… y no pudieron esperar…”(Shemot 12,39)
Nuestra primera comida al abandonar Egipto, ya como hombres libres, también fue la Matzá, el pan de pobres. Esta vez el tiempo no alcanzó porque el desenlace de la redención final fue precipitado. Esa misma noche debíamos abandonar Egipto…  También entonces comimos Matzá, pero que ahora tenía otro gusto: El de la libertad.
Ajilat Matzá: En la víspera de Pésaj no se debe comer Matzá. Nos reservamos su gusto para el momento ideal: La noche del Séder.

Todos los textos que figuran en esta página fueron publicados por el Rabino Iosef Bitton, para el Rabinato de la Kehila de Uruguay

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here