General Yitzhak Gershon: «La paz se hace con enemigos fuertes cuya dignidad no haya sido pisoteada»

Maruan Barguti, que cumple cadena perpetua en Israel, suena como presidenciable frente a Mahmud Abas

El preso palestino número uno, Maruan Barguti (57 años), es considerado en todas las encuestas el líder palestino más popular. En los últimos meses, en medios políticos de Ramala y de Jerusalén, así como en las principales cancillerías, se especula con que el exhausto presidente palestino, Mahmud Abas (81 años), con una caída en picada en su popularidad, anuncie su dimisión. Barguti recibe en la cárcel cada dos semanas durante 45 minutos a su esposa, Fadua, a sus abogados y, a veces, al político palestino y exministro Kadura Fares, quien anunció: “Si Abas dimite y se celebran nuevas elecciones para la presidencia, él pretende presentarse como candidato y dirigir la campaña desde su celda”

En Israel, aún no surgió un De Gaulle o un De Klerk”, afirmó Barguti desde su celda en la cárcel de Hadarim.

El presidente del Centro Palestino de Investigaciones Políticas, el catedrático Jalil Shikaki, afirma que Barguti, considerado por algunos como el “futuro Nelson Mandela” de Palestina, es de lejos el más popular en Cisjordania e incluso en Gaza, controlada por Hamas. En una encuesta realizada este mes entre 1.200 palestinos de las dos regiones, Barguti obtuvo un 40% de apoyo, Abas solamente un 20%, y el dirigente de Hamas, Ismail Haniye, logró un 35%. En marzo se realizó una encuesta según la cual Barguti, en caso de enfrentarse a Haniye, lograría un 57% de apoyo contra un 39%. En caso de que el candidato de Al Fatah volviera a ser Abas, la victoria sería de Haniye, con un 52% frente a un 41%.

En los años noventa, Barguti, uno de los dirigentes más destacados de Al Fatah que había estado en la cárcel en la primera intifada, vio cómo el liderazgo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), encabezada por Yasir Arafat y Mahmud Abas, volvía del exilio de Túnez. En esa época, Barguti encabezó una delegación que visitó el Parlamento israelí. Además, mantenía relaciones con algunos líderes israelíes. En uno de sus encuentros con este corresponsal llegó a afirmar: “Yo tengo mayoría en la Knesset. Tengo los números de teléfono de más de la mitad de sus diputados”. Pero todo cambió con el fracaso de las negociaciones de Camp David en el 2000: la visita del líder de la oposición Ariel Sharon a la explanada de las Mezquitas (o Monte del Templo) en septiembre y la explosión de la segunda intifada enterraron el proceso negociador. Barguti creó Tanzim, una organización política y militar dentro de Al Fatah, se convirtió en jefe de Estado Mayor y mano derecha de Arafat en la segunda intifada y encabezó la lucha contra la ocupación.

La principal diferencia entre Barguti y los demás líderes de Al Fatah es que éste siempre gozó del respeto de sus grandes rivales, Hamas y Yihad Islámica. Barguti llegó a pedir al liderazgo palestino que brindara apoyo a los “mártires” de Hamás que habían cometido ataques suicidas.

Hasta que el 15 de abril del 2002, el jefe del Estado Mayor, Shaul Mofaz, llamó al ministro de Defensa, Binyamin Ben Eliezer, y le dijo: “Barguti lleva mucho tiempo escondido pero una escucha telefónica nos permitió encontrarle”. El general Yitzhak Gershon encabezó una unidad especial que lo detuvo en Ramala. Desde entonces, Barguti está en la cárcel, condenado a cinco cadenas perpetuas por asesinato, pero mantiene estrechos contactos con representantes israelíes.

El general que le apresó ha declarado que hoy es necesario liberarlo sin condiciones. “No tratarlo como a un colaborador, sino como a un líder que se ocupe del pueblo palestino, si es que es posible que pueda convertirse en un líder. Y digo esto pese a que soy consciente de que tiene las manos manchadas de sangre de la segunda intifada. Pero la paz se hace con enemigos fuertes cuya dignidad no haya sido pisoteada”. Otros jefes militares y el ministro de Defensa de aque-llos tiempos, Ben Eliezer, están de acuerdo con el general Gershon.

Carmi Gillon, que encabezó el Shabak en los años noventa y luego fue director del Centro Peres por la Paz, época en que mantuvo largas reuniones con Barguti, dijo a este diario: “La segunda intifada sorprendió a Barguti al igual que sorprendió a Arafat, pero luego él se montó sobre el tigre, convirtiéndose en un líder. Antes teníamos todo el interés en liberarlo. Ahora no tanto, porque no hay ningún tipo de negociación a la vuelta de la esquina que él pueda encabezar”.

En uno de sus encuentros mantenidos en la celda, Barguti dijo recientemente, en tono tajante: “Yo aún apoyo de forma total la idea de dos estados. La Autoridad Palestina puede encaminarse en dos direcciones: la liberación de la ocupación o convertirse en un instrumento que la posibilite. Mi función es devolverle su función como liberadora nacional”.

En todas sus conversaciones, Barguti destaca que él es el único capaz de crear un gobierno de unidad con Hamas y que se opone a la intifada de los cuchillos, que considera un error fatal. “Debemos lanzar una protesta popular masiva y no violenta contra Israel para poner fin a una ocupación de casi medio siglo”, declaró.

Fuente: La Vanguardia

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