Gastón Scolnik: «El encuentro demostró la necesidad de juntarnos y generar puentes de diálogo»

El Presidente de la Federación de Comunidades del Judaísmo Conservador (FEDECC), una de las instituciones que realizó el Encuentro Nacional de Comunidades Judías Argentinas en Tucumán el fin de semana pasado, dialogó con la CADENA JUDÍA DE INFORMACIÓN VIS A VIS y realizó un balance del encuentro de comunidades judías que reunió a alrededor de 2500 personas entre dirigentes comunitarios de Capital Federal, Conurbano, Interior, universitarios, jóvenes de las tnuot y bailarinas de rikudim.

Además, se refirió a la polémica acerca de los fondos que se destinaron para la realización de tamaño evento y aseguró que es «muy porteño criticar», debido a que la Kehilá de Tucumán le abrió sus puertas a todas las comunidades del país haciendo un esfuerzo enorme, en lo económico, para que estén todos presentes.

– El sábado no podías parar de llorar cuando se terminó de escribir el Sefer Torá Federal, ¿por qué te emocionaste así?

– Se me pasaron muchas cosas por la cabeza. Primero fue un kabod (honor) muy importante que me dio la kehilá de Tucumán el poder escribir uno de las últimas letras del Sefer Torá, y segundo porque recién en ese momento tomamos dimensión de la relevancia que tenía este proyecto, la cantidad de gente que nos estaba acompañando, y el legado que dejamos para toda la comunidad tucumana. El encuentro superó todo tipo de expectativas, inclusive las propias, el espíritu que se vivió desde el jueves, que llegó la primera delegación, fue algo muy fuerte. Había un espíritu de camaradería, hermandad, de intención muy fuerte que se vivieron durante los cuatro días. El viernes hubo gente que se levantó a las tres o cuatro de la mañana y se los veía en la cena sabática cantando y bailando.

¿Qué evaluación haces del encuentro?

– El encuentro fue súper positivo. Creo que demuestra la necesidad de juntarnos y lo importante de establecer puentes de diálogo, respetar al otro y el querer construir una comunidad de manera proactiva y no a partir de las diferencias sino de las cosas que tenemos en común respetando las diferencias.

– ¿Cómo se hace para superar una actividad como esta?

– No sé si hay que superarla. Yo creo que hay que intentar repetirla y mejorar las cosas que podrían haber estado mal y traer nuevas ideas. Acá nadie está compitiendo con nadie, no quisimos competir con nadie, lo que quisimos es regalarle a la comunidad un espacio de encuentro de diálogo y camaradería, creo que ese espíritu se logró. El desafío que tenemos los dirigentes es seguir adelante, no podemos esperar cinco, diez o quince años para volver a encontrarnos sistemáticamente, una vez cada dos años, y aprender de las experiencias del otro, compartir nuestros problemas, tener contacto con quienes están al lado de uno. Esta actividad fue para muchos el primer contacto con kehilots de las provincias, ya que vino todo el país.

Los mensajes que estamos recibiendo de todo el mundo son muy fuertes porque hubo muchísimo respeto, las kehilots de las provincias se sintieron protagonistas como nunca y en tercer lugar todos se dieron cuenta de la capacidad que tiene el compartir y la posibilidad de mostrar lo que hacen. Tucumán es un lugar que estaba distante a Buenos Aires, independientemente de eso, hubo gente que viajó más de 16 horas para poder estar ahí.

– Teniendo en cuenta la situación de conflicto dirigencial comunitario en Capital Federal y también en algunas provincias del interior, ¿cómo se hace de aquí en adelante para continuar realizando esta actividad o esto es un oasis en el medio del desierto?

– Esto fue una forma en la cual los movimientos pluralistas pudimos demostrar que a pesar de nuestras diferencias, y nuestros distintos puntos de vista, podemos sentarnos a dialogar, compartir y que eso es posible. El viernes quedó demostrado que cada uno puede compartir su shabat de la manera que lo quiera y lo único que es necesario es que nos podamos respetar entre nosotros, desde el el reconocimiento del otro como un individuo con tus mismos derechos y obligaciones, ya que cada uno vive su judaísmo a su manera, y es a partir de ahí donde se puede comenzar a construir. Cuando hay alguien que quiere tener la verdad absoluta, ya es algo que no se puede comenzar a construir.

– ¿Por qué AMIA y DAIA no participaron?

– No lo sé, habría que preguntárselo a ellos.

– Pero, ¿ustedes los invitaron?

– Claro… a ambas instituciones.

– Teniendo en cuenta que Tucumán es una provincia que tiene un alto grado de pobreza, ¿qué fondos se utilizaron para generar este encuentro?

– Cada uno de los participantes pagó su viaje. Tuvimos apoyó de empresas privadas y de instituciones comunitarias. Tuvimos obviamente ayuda con respecto a los fondos del Bicentenario. De la misma manera que todas las colectividades festejaron el Bicentenario de la Independencia, la comunidad judía festejó el Bicentenario de Tucumán. Es muy de porteño criticar eso, cuando la kehilá tucumana habiendo podido hacer una cosa discreta decidió abrir su casa y hacer un esfuerzo grande de recursos para poder invitar a todos.

– Entonces, ¿la gobernación utilizó fondos del presupuesto del Bicentenario?

– La que organizó todo es la kehilá de Tucumán. Obviamente que hubo una ayuda de la gobernación, lógico, pero como recibió a la DAIA, a Jabad y a tantas otras instituciones en todo este año que fueron a festejar el Bicentenario de Tucumán. Entonces llama la atención que justamente las organizaciones que ya hicieron su festejo del Bicentenario, como la DAIA o Jabad, se pregunten estas cosas. Cada uno sabe que durante todo el año Tucumán hizo festejos por el Bicentenario y que los movimientos liberales y la kehilá tucumana no fue la excepción.  Esto es algo que la comunidad tucumana viene preparando hace un año, no es algo que apareció en los últimos veinte días.

– ¿Cuáles son las tres cosas que más te gustaron de este Encuentro de las Comunidades Judías Argentina?

– En primer lugar, el respeto y el diálogo que hubo entre todos los participantes. En segundo lugar, la intención y la buena onda que se generó en todo momento y, por último, que se demostró que a pesar de las diferencias todos podemos estar sentados en la misma mesa, compartir un shabat, aprender del otro y generar un espacio de confianza sólido para construir una comunidad mejor.

PH: Leonardo Kremenchuzky

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