El prófugo equivocado. Por Tuny Kollmann

El armador del atentado contra la AMIA no se llama Samuel Salman El Reda, sino que tiene otro nombre. Por lo tanto, hay una orden de captura con nombre equivocado desde hace siete años. Es más, en lo que tiende a ser un verdadero papelón, también la Corte Suprema de Justicia le adjudicó a El Reda responsabilidad en el atentado contra la Embajada de Israel y libró, a fines de 2015, otra orden de captura, también con nombre equivocado. El fiscal general de El Líbano ya suministró la verdadera identidad del hombre que cree que tuvo que ver con la AMIA. Interpol envió datos que efectivamente confirmarían que se estaba buscando el nombre equivocado. El Reda se suponía que era colombiano. Desde Bogotá se avisó que no es de esa nacionalidad, que se armó una identidad falsa, pero que tienen las huellas digitales y están dispuestas a suministrarlas. Una vez que se confirme quién es el supuesto sospechoso, habrá que trabajar las pruebas que lo incriminan, es decir verificar los elementos que en su momento llevaron a que el fiscal Alberto Nisman dijera que fue el organizador material del atentado. En una heladera, en el Cuerpo Médico Forense (CMF) se encontró un tacho (literalmente un tacho) conteniendo pelos, piel y supuestos restos de la camioneta que explotó en la AMIA. Tres laboratorios están trabajando lo encontrado, buscando, por ejemplo, si ahí hay restos de León Knorpel, una víctima del atentado de la que nunca se encontró el cuerpo. Pero lo más trascendente es que se va a comparar el ADN de todo ese material, supuestamente encontrado en el frente de la AMIA, en la parte izquierda, con el de las víctimas. Si aparece alguien cuya identidad genética no se compadece con los fallecidos en el ataque, será una evidencia de la existencia de un suicida. También por primera vez se hará un mapa completo de dónde estaba cada víctima del atentado y dónde se encontraron los restos de la supuesta camioneta. Todas estas investigaciones las lleva adelante el nuevo equipo de fiscales que integra la Unidad Fiscal AMIA (UFI), transcurridos nada menos que 22 años del atentado.

Incógnita

le preguntó a uno de los integrantes de la UFI por qué nada de esto se hizo antes, en especial en los últimos años de la investigación de Nisman, cuando ya se disponía de tecnología en materia genética para hacer identificaciones con mucho menos que una gota de sangre. Hace 22 años, en la época del atentado, se necesitaban varios centímetros cúbicos para determinar ADN, en cambio en años recientes se avanzó de forma increíble. Varias veces se le planteó el tema a Nisman.

–Nosotros no hacemos ese tipo de valuaciones ni entramos en polémicas –señaló el fiscal–. Nosotros trabajamos y lo que le puedo decir es que el equipo de la UFI, que en gran parte proviene de la gestión del doctor Nisman, lo está haciendo con una garra y un entusiasmo increíbles. Estamos todos muy apasionados y creemos que se puede avanzar.

Hoy en día, la UFI AMIA, que fue armada por la Procuración, está encabezada por Sabrina Namer, Roberto Salum y Leonardo Filippini.

Identidades

Uno de las gestiones más impactantes que surgió de la investigación de los nuevos fiscales fue la toma de contacto con el fiscal general de El Líbano. Se buscaba a Salomón Salman El Reda, un colombiano convertido al Islam, casado con Silvina Saín, hermana de Karina, secretaria del ex agregado cultural Moshen Rabbani. Según Nisman, El Reda estuvo en Buenos Aires desde el 1 de julio de 1994 hasta el 18 de ese mes, el día de la explosión. Nisman pidió su captura porque sostuvo que fue el coordinador de la operación, que llamaba desde locutorios a dirigentes de la organización Hezbollah en El Líbano y estaba vinculado con Rabbani que, según Nisman, fue el ideólogo.

En vida del fallecido fiscal fueron surgiendo algunos datos que indicaban que el hombre no era colombiano, pero nunca se profundizó del todo en esa investigación.

Ahora, los nuevos fiscales consiguieron tres datos al mismo tiempo:

– El fiscal general de El Líbano envió información señalando que se estaba buscando a la persona equivocada. En lugar de Samuel Salman El Reda dió otra identidad, que se reserva hasta avanzar con la investigación.

– Interpol informó que efectivamente hay datos de que Salomón Salman El Reda no tuvo relación con el atentado. La organización de policía le dijo a los fiscales que el hombre del que habla El Líbano podría ser el que tenía actividad con Hezbollah.

– Colombia reportó que Salomón Salman El Reda no es colombiano sino que se emitió un documento, falso, a ese nombre. Desde Bogotá dicen que el documento se emitió en base a una partida de nacimiento que ahora determinaron que es apócrifa. El punto clave es que Colombia afirma que tiene las huellas digitales de la persona que hizo el documento falso a nombre de Salomón Salman El Reda.

En teoría, el próximo paso es que El Líbano confirme la verdadera identidad, envíe las huellas digitales y que se confronten con las de Colombia. En principio, de esa manera habrá una identidad concreta de un sospechoso. Hasta ahora se buscaba al hombre equivocado. A partir de ese punto, se le pedirá al juez Rodolfo Canicoba Corral que libre otra orden de captura, esta vez con la identidad del hombre buscado.

Equivocaciones

A priori, parece burdo que desde hace diez años y transcurridos 22 del atentado, se haya estado buscando a un individuo cuya identidad era errónea. Su nombre y su cara aparecieron desde 2006 en los listados de personas buscadas por Interpol, nada menos que por ser el hombre clave en una masacre de 85 personas.

Lo peor es que parece ser un dato más de una investigación mal hecha, tal como insistían una y otra vez los familiares y amigos de las víctimas del atentado, nucleados en Memoria Activa. “Nisman debe ser removido de la UFI-AMIA. Trabaja poco y viaja mucho”, señaló Memoria Activa cuando el fiscal encabezaba el expediente. Los hallazgos después de la muerte de Nisman confirman las sospechas de los familiares: viajaba mucho, acumuló una fortuna inexplicable y se nutrió del dinero y la influencia de fundaciones y organizaciones de las derechas norteamericana e israelí.

Un dato asombroso es el que surgió después de una grave pifiada del presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti. Cuando el titular del máximo tribunal hizo el acto de inauguración del año judicial 2015, dijo que la investigación del atentado contra la Embajada de Israel era “cosa juzgada”, o sea que se terminó la pesquisa. Las palabras de Lorenzetti produjeron una verdadera tormenta porque significaba que el atentado quedaba impune. Al día siguiente Lorenzetti tuvo que dar marcha atrás y en octubre del año pasado se reiteraron dos órdenes de captura, una de ellas contra José –no Salomón– Salman El Reda.

Tener una identidad correcta del sospechoso no significa que está probado que sea el organizador de los atentados. Las pruebas contra el sujeto son las que consiguió Nisman, sobre todo en base a informes de inteligencia de Estados Unidos e Israel. Por ejemplo, se utiliza como argumento que El Reda se comunicaba con teléfonos de Hezbollah en El Líbano, pero la información de que esos teléfonos pertenecían a Hezbollah viene justamente de los servicios de inteligencia, no de una gestión judicial.

El Líbano, en diálogo con los nuevos fiscales, prometió aportar los datos que surgen de sus movimientos migratorios e incluso se habla de que habría un pedido y un proceso de extradición. Es cierto que la UFI-AMIA tendrá que buscar elementos de prueba porque, judicialmente, no se podrá confiar sólo en lo que diga El Líbano.

Duda

Los mayores elementos para avanzar en la causa AMIA saldrán de la genética y de la química (ver aparte). Es más que difícil esclarecer un hecho con 22 años de demora, pero es indudable que hay terreno para avanzar. Hasta ahora, durante la gestión de Nisman, la ciencia fue desechada, al punto que ni siquiera se hizo una confrontación de ADN elemental, que fue la que le permitió a los nuevos fiscales identificar a la víctima número 85, Augusto Jesús, el 10 de agosto de este año. Recién después de 22 años se logró determinar su identidad, cuando la genética estaba disponible para hacerlo hace, como mínimo, una década.

Nisman nunca aceptó que se trabajara con la genética y la química, pese a la insistencia de los familiares: tenía su hipótesis redondeada y sus sospechosos designados, esencialmente en base a los informes de inteligencia norteamericanos e israelíes, volcados en escritos presentados por la SIDE. No quiso en ningún momento que nada le alterara esa historia, aunque había muchas posibilidades de seguir avanzando. La prueba está en que se están buscando nuevos caminos para encontrar, aunque sea, parte de la verdad.

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