Chiche Gelblung con Vis A Vis: “Ben Gurión me dijo que el Estado judío era inviable”

FOTOS AL PERIODISTA, CHICHE GELBLUNG Y NELSON CASTRO, EN RADIO MITRE. 24/11/2010 ALFIERI MAURO

“En mi barrio, Devoto, cuando había una discusión yo siempre era ‘el ruso de mierda’, el ‘ruso de tal o cual cosa’. Todos le rompíamos un vidrio al vecino, pero el problema era si el que lo hacía era yo” Esas son las primeras referencias que se le vienen a la cabeza a Samuel “Chiche” Gelblung al hablar sobre su judaísmo, ya que afirma que “siempre te hace judío el otro, el que te marca la diferencia. Vos te sentís igual y es el otro el que no te ve así. Uno nace con esa condición y lo va llevando como una cosa natural, hasta que te diferencian en el colegio o en el barrio, y entonces te das cuenta, aunque mi familia era muy judía, y muy de izquierda también”. En diálogo con VIS A VIS CADENA JUDÍA DE INFORMACIÒN el periodista señala de todas formas que no cree que Argentina sea un país antisemita. Según reflexiona, “Todos, entre los que está mi mujer católica, me dicen que hay antisemitismo, pero yo creo que hay bolsones de ignorancia, que tienen que ver con la idea de que a Jesús lo mataron los judíos, algo que se sigue enseñando en muchos colegios católicos, pese a que todos los Papas han ido a peregrinar a Tierra Santa y les han pedido perdón a sus hermanos mayores. Creo que lo que hay es un problema de ignorancia, un antisemitismo cultural, no racial. Hay antisemitas convencidos o nazis clásicos, pero no son mayoría, pienso que en general se parte de un sistema de ignorancia, así que no creo que haya antisemitismo en Argentina, y yo tampoco sufrí cosas muy graves. De hecho, desarrollé mi carrera en Argentina con normalidad, siempre use mi nombre y apellido, que no es muy atractivo pero sí identificador, y nunca tuve problemas. Incluso, empecé a trabajar en una empresa que estaba calificada como antisemita como lo es editorial Atlántida, pero incluso en esa editorial hubo históricamente muchos directores judíos.

Cuando lo contrataron en Atlántida le dijeron que era una editorial capitalista y cristiana”
Capitalista, occidental y católica me dijeron, y me causó gracia, porque no me consideraba ninguna de esas cosas, ya que tenía una relativa militancia de izquierda, y venía de una familia comunista. Pero era parte de lo que significaba el concepto de entrar en esa editorial, aunque me aclararon que la revista era así, y que yo no tenía por qué serlo…

En relación a su profesión, ¿nota influencias de su judaísmo?
En la realización periodística obviamente hay todo un sistema de pensamiento que tiene que ver con un sentido crítico y mucho más analítico, pero tampoco puedo decir que lo que hago tenga alguna marca judía, en todo caso, como decía, siempre hace la diferencia el otro. Yo nunca analicé la realdad desde el punto de vista de lo que es ser judío. Sí me di cuenta que mi judaísmo generaba cosas en los demás, muchas veces me encontré con judíos ortodoxos que me felicitaban por no haber cambiado mi nombre, ya que hay muchos periodistas que se lo modifican. Yo no los juzgo, no me parece mal, pero sentí que eso no tenía por qué perjudicarme, y nunca pensé en hacerlo. Respecto a la elección en sí misma de la profesión no creo, siempre me gustó el periodismo, aunque tenía múltiples intereses, porque quería ser médico, corredor de Fórmula 1, cantar tangos, o también periodista. Sartre decía que los judíos se buscaban profesiones que dependieran de la opinión de los demás, pero me pareció absurdo, porque todos dependemos de la opinión de los demás. El ponía el ejemplo de que muchos judíos eran sastres, pero…  ¿en qué profesión no se depende de la opinión del otro? A menos que seas Bill Gates, siempre dependés del otro, y no pienso que en el judaísmo haya encontrado algún tipo de particularidad.

¿Cuál es su visión sobre la actualidad de la comunidad judía?
En principio creo que hay una sobrestimación de la cantidad de judíos, algunos piensan que son 300 o 400.000, pero creo que no debe llegar a 180.000, es decir que son muy pocos los judíos en Argentina, aunque hay una especie de criterio de agrandarlo. Es cierto que muchos se destacan, no sé si tiene que ver con un tema de autoprotección, puede que sea por eso, pero no me pongo demasiado a pensar en eso tampoco, porque me parece que también sería parte del sistema de discriminación.

¿Y a nivel institucional?
La comunidad institucional tiene divisiones políticas en exceso, que nunca las acepté demasiado, pero como no he participado, no me puedo quejar. Siempre dicen sobre el espíritu judío que si hay dos personas, hay dos sinagogas. Eso puede ser folklórico, pero fijate lo que sucede con los familiares de la AMIA, que entre agrupaciones e independientes deben haber como diez posturas diferentes. ¿Por qué esa división? ¿Unos son K, otros anti K, otros progresistas? Acá la tragedia unió a todos. ¿Por qué razón comenzó a haber criterios diferentes? Unos hablaban de Siria, para otros fue Irán. Yo no termino de entender eso, pero tiene que ver con el espíritu judío. Me acuerdo que cuando Jacobo Timerman se fue a vivir a Israel, se convirtió en un enemigo público de ese Estado, aunque él calificaba como sionista de izquierda. Es una cosa rara esto de las divisiones profundas, porque en realidad las diferentes opiniones tienen que ver con cierto caos que es compatible con el criterio del judaísmo. El judaísmo tiene esas cosas y bueno, también se lleva esas divisiones.

Hacía referencia a la situación vivida por Jacobo Timerman con el gobierno de Israel. ¿Qué opina de la actual administración?
El Estado es un Estado complicado, de derecha de base, muy celoso de cierta forma que yo no comparto. Es curioso porque nació como socialista y tiene una formación kibbutziana, pero también hay que tener en cuenta que cuando estás rodeado de mil millones de enemigos, las opciones se acortan. El gobierno es un gobierno de autodefensa, nada más es eso. No le veo un razonamiento ideológico muy profundo. Creo que hoy día no hay otra estrategia que la actual. Una vez fuimos con mi mujer a Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Israel, lugar al que después de ir una o dos veces no quiero volver a regresar, porque me tortura demasiado. Mi mujer entró, y por supuesto salió llorando. El taxi que nos llevó de regreso lo conducía un judío árabe, que manejaba con una UZI al lado. Mi mujer estaba muy conmovida y él le regaló un libro de rezos, pero le dijo que se quedara tranquila, que nunca más iba a volver a pasar lo que acababa de ver, y señalando su UZI le dijo, «de última vamos a morir por eso». Fue muy conmovedora la actitud y con el convencimiento de que todo es provisorio, con lo que el gobierno lo tiene claramente es un sistema de defensa, no puede hacer otra cosa que defenderse. No hay alternativa.

¿Qué opina sobre las críticas que se le formulan al gobierno desde la izquierda?
Necesariamente digo que se debe tener un Gobierno más conciliador, un gobierno dialoguista, pero en última instancia el sistema es el sistema del Ejército. Sistema en el que tenés que estar con la ametralladora en la mano, pensando permanentemente en que te van a atacar, más allá de que el diálogo igualmente tiene que existir, y seguro tienen que existir dos Estados, porque el Estado palestino tiene derecho a tener un territorio. Pero el problema de ellos es más con el mundo árabe que con los judíos, pienso que los palestinos son a los árabes lo que los judíos al resto del mundo. Jordania incluso se inventó como un país tapón entre Arabia Saudita e Israel, para frenar a los palestinos. Los palestinos son denigrados porque son más inteligentes, lo más brillante del mundo árabe son los palestinos, son los grandes concertistas, los grandes escritores, los grandes científicos. Y de alguna manera se unen en su criterio de ser discriminados. El palestino es un perseguido del mundo árabe. Cuando se discute el territorio, si se va a dividir o no, es muy difícil de entrar en ese debate porque primero habría que ver el fondo de la historia, donde se puede ver que el palestino es discriminado en el propio mundo árabe, entonces lo otros queda en un segundo plano.

El sector más dialoguista reclama puntualmente regresar a las fronteras del ’67, ¿Cree que es factible?Factible debería ser, el problema es cuán penetrados van a estar los movimientos para que eso no pase nunca. Porque yo creo que el tema también tiene que ver con que la guerra y la tragedia son un negocio. Y además, en el fondo, los mil y pico de millones que rodean a Israel siguen odiando al Estado de Israel, así que otorgarle territorios a Palestina no va a cambiar nada, el mundo árabe va a seguir odiando.

Mencionaba recién su experiencia al visitar Yad Vashem ¿Alguna otra visita a sitios judíos lo impacto particularmente?
He visitado diez o doce museos del Holocausto en distintos viajes. A mí siempre me quedó la pregunta «¿Por qué?». Por qué no se hizo nada, por qué el mundo no hizo nada, por qué había tanto silencio. El que me dio la respuesta, la que más o menos me llegó, fue Marcos Aguinis. Cuando le pregunté por qué nunca se bombardearon las vías férreas que llevaban al campo de concentración de Auschwitz, Aguinis encontró una respuesta histórica, diciéndome que existía la versión de que fueron a pedirle a Dwight Eisenhower, que era el Comandante en Jefe, que se bombardeen ciertos objetivos para poder evitar el Holocausto, y Eisenhower respondió que  tenían un objetivo superior, como era ganar la guerra, para lo que necesitaban que los nazis se entretengan matando judíos. Y fue cierto.

¿A qué reflexión le lleva esa respuesta?
La guerra es un número. No creo que Eisenhower haya pensado que le importaban o no los judíos, pero la Guerra siempre es un número y el judío pasó a ser un número. Probablemente, si le hubieran dicho que mueren norteamericanos hubieran actuado diferente, pero murieron judíos. Cuando Aguinis me dio esa respuesta, dije que podía llegar a entender ahora porqué. Fue una estrategia. Un número. Algo así como «un millón de personas menos pero nosotros vamos a ganar la Guerra».

¿Tiene algún recuerdo especial de su labor como cronista de la Guerra de los Seis Días?
Estuve por la revista “Gente”. El primer drama que tuve fue que debí firmar con pseudónimo, ya que no pude hacerlo con mi nombre por razones obvias, con lo que me invente el de Mariano Ovejero. Cuando cubrís episodios de esa naturaleza, el impacto se siente después, no en el momento. Nosotros habíamos estado prácticamente desde cuando empezó la guerra, con la entrada a Jerusalén, pero no te das cuenta que estás viviendo la historia, no dimensionás ninguno de los 80.000 sentimientos que después se van produciendo. En aquel momento, no le dí esa trascendencia. Yo sabía lo que era, pero en el momento estás más preocupado en pensar cómo vas a transmitir el material, estás con otro mambo. Luego, en 1968, al cumplirse un año, volví a viajar para una serie de reportajes entre los que se encontraba una entrevista a Ben Gurión, que ya estaba en un kibutz, y me dijo algo que realmente me sorprendió y me quedó dando vueltas, aunque con el tiempo se pudo ver que tenía razón y que también se equivocó. Allí dijo «El Estado judío es inviable porque está rodeado de mil millones de enemigos». Mil millones que ya son mil cuatrocientos. No se puede luchar toda la vida contra eso. Me lo dijo Ben Gurion en el año 1968. Han pasado 48 años, así que por suerte por ahora se equivocó, pero yo a veces pienso que el Estado es inviable. Porque si empiezan a caminar todos los enemigos por el Estado de Israel, no hay más Israel. 

La actualidad nacional

Consultado por la actual coyuntura, Gelblung reflexiona que “la situación no es buena, es muy complicada. Me da la sensación de que todavía no han reaccionado sobre el compromiso que implica lo que les pasó, como fue ganar el país y los dos distritos principales de la Argentina. No sé qué decir. Creo que no lo están haciendo bien, aunque tampoco puedo decir que lo están haciendo mal. Pero todavía no están dando las respuestas que la gente necesita. Pareciera que hay mucha improvisación, mucha prueba y error, y gobernar no es prueba y error. La inflación sigue, los precios suben. Pero tengo esperanzas de que mejore”.

La situación del periodismo

Según afirma Gelblung, “el periodismo nunca es diferente al país que lo alberga. Nosotros somos un fiel reflejo de lo que pasa en Argentina. La misma crisis que tiene el país, la tiene el periodismo. No se puede hacer el periodismo que uno quiere porque no hay plata, no se puede viajar, hay que limitarse en muchas acciones. Siento que estamos todos a media máquina, pero además tenemos un problema serio de apagón cultural, hay mucha gente bruta, falta de lectura, los periodistas tienen un déficit fundamental en  su formación intelectual, más allá de que hay excepciones, como en todo.
¿Cuándo hubo un periodismo más cercano a su ideal?
Con todas las dificultades que había durante el periodo del Proceso, del terrorismo de Estado, había un periodismo mejor formado y una mejor acción, había más profesionalidad en un contexto más difícil. Eso fue hasta el ochenta y luego hasta principios de los noventa. Después empezó a decaer y la crisis fue fatal.
Respecto al periodo dictatorial, señaló que se hace cargo de su labor en la revista Gente…
No tengo porqué ocultar nada, nadie me daba instrucciones de lo que tenía que escribir, si me equivoqué, me equivoqué solo, pero toda esa fantasía… hemos cometido errores, pero también hemos tenido aciertos. Yo no la pasé bien, me metieron tres bombas, así que no era tan complaciente con todo eso, pero no tengo que echarle la culpa a nadie, en lo que me equivoque, me equivoque solo.

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