El triste final de un restaurant de comida judía de Nueva York

La presidente y dueña del Carnegie Deli, el emblemático restorán neoyorquino reconocido por su comida judía, pero sobre todo por sus pastramis y los cheesecakes, ratificó que el local cerrará sus puertas definitivamente el próximo 31 de diciembre, para desesperación de toda Manhattan. Víctima de una serie de infortunios, entre ellos un traumático divorcio y una prolongada clausura por las instalaciones de gas, Marian ratifica que no dará marcha atrás y que su Deli, ubicado en la zona más glamorosa de la 7° Avenida y a 350 metros del Central Park, tiene las horas contadas.

“Como se puede imaginar, estamos recibiendo muchas solicitudes para entrevistar a Marian Harper. Sin embargo, estamos totalmente concentrados en servir a nuestros clientes más leales durante las últimas semanas”, se disculpó un vocero de la empresa ante la requisitoria del Económico en un mail. La agitación que produjo la noticia del cierre, añadió, alteró la tranquilidad habitual del lugar, cuyos salones están entrelazados con mesas casi comunitarias, y las paredes repletas de cuadros de todas las celebridades (deportistas, músicos, artistas, políticos y gente de la farándula) que pasaron por allí. “La cocina está enloquecida y las filas cada vez son más largas y a veces dan la vuelta a toda la manzana”, finalizó.

El Carnegie Deli está a dos cuadras de la célebre casa de concierto Carnegie Hall. Comparten el nombre y también el año de nacimiento: 1937. Desde sus inicios, fue un establecimiento de comida kosher pensado para atender inmigrantes. Su larga historia y sus platos tradicionales lo transformaron en uno de los sitios más visitados de Nueva York. Milton Parker, el papá de Marian, le compró la empresa a la familia de los fundadores en 1976. Y desde entonces, la marca creció con un menú que se diversificó sin perder nunca el espíritu de la tradicional comida judía.

Hay muchos que intentaron e intentan un salvataje de último momento. Por caso, un ex lavaplatos del Carnegie Deli, Samuel Mussovic, ofreció comprarlo por US$5 millones y un porcentaje de las utilidades a sus dueños actuales. Mussovic hoy es un empresario gastronómico y encabeza, junto con otras personas, una iniciativa para recaudar fondos con el fin de que siga funcionando. Marian lo rechazó. “Apreciamos todos sus sinceros deseos y su amor por el Carnegie Deli. La familia no está embarcada en ningún esfuerzo de recaudación”, señalaron a través de un comunicado. Y ratificaron la fecha de cierre.

El Deli cuenta con miles de incondicionales. El menú parece inabarcable y contiene varias especialidades de la cocina kosher, como la sopa de bolas de matzhoh (un clásico de Pésaj) o los knishes. Pero sirven también una enorme variedad de hamburguesas, sandwiches, ensaladas y postres, como las tartas de queso, un sello distintivo de la casa. En horario del almuerzo o la cena, las mesas ya tienen un plato con pepinos en salmuera, toda una sugerencia para atacar al Carnegie Deli hot pastrami, el protagonista principal y el más buscado por los turistas locales y extranjeros cuenta Clarín.

Elaborado con carne de ternera y procesado con especias, el toque final es el ahumado. Se sirve en fetas calientes (20 centímetros de altura) sostenidas por una especie de escarbadiente, entre dos rebanadas de pan de centeno, como para adornar. Son 400 gramos interminables, más de 2.000 calorías y 75 gramos de grasa, de un sabor irrepetible. Cuesta US$19,99, más impuesto. Parece caro, pero con una porción comen tranquilamente dos personas. “Si la gente puede terminarlo, algo malo estamos haciendo”, dicen como muletilla.

El pastrami es el plato número 1, se lo conoce como el sandwich “Woody Allen”, como homenaje al director neoyorquino que filmó en el Deli algunas escenas de “Broadway Danny Rose”, en 1984. La receta del pastrami es uno de los factores que impulsaron a Marian a bajar las persianas.

La traición En septiembre de 2015 y tras varios años de convivencia difícil, terminó por divorciarse de Sandy Lavine tras 22 años de matrimonio. El episodio más doloroso ocurrió en 2011, cuando Marian descubrió que Sandy la engañaba y que a su amante, dueña de varios restoranes, le transfería regularmente fondos del Deli. Lo más doloroso fue que también le pasó varias recetas, entre ellas la del pastrami y el cheesecake. Dicen que las maldiciones en yiddish llegaron hasta el Bronx. Tras el proceso judicial, Marian le estuvo pagando a Lavine US$11.000 mensuales de pensión alimenticia.

Fue el episodio más doloroso de una larga serie. El azar tenía preparada otra mano muy mala. En marzo del año pasado, una explosión de gas en un edificio del East Village, que causó dos muertes más varios heridos, derivó en una causa judicial por conexiones ilegales. Por decisión municipal, se realizaron inspecciones en varias áreas de la ciudad y el Deli cayó en la volteada.

Visitas ilustres Desde ese momento y hasta febrero de este año, el restorán estuvo clausurado preventivamente durante 10 meses. El propio alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, asistió el día de la reapertura y, con un “Woody Allen” en la mesa, declaró que allí se “hace el mejor pastrami de Nueva York”. Elogios semejantes y visitas ilustres son cosa cotidiana. En abril pasado, el muy conocido conductor del programa “The Late Show”, Stephen Colbert, le explicó en vivo y en directo a la entonces precandidata presidencial Hillary Clinton cómo se come una torta de queso. Para los neoyorkinos, el Carnegie Deli es parte de su patrimonio.

Hartazgo, agotamiento, estrés, el infortunado incidente del gas, la ruptura matrimonial y la filtración de las recetas provocaron el desenlace. En septiembre pasado, Marian Harper –de 65 años– notificó con lágrimas en los ojos a sus 60 empleados el cierre. “En esta etapa de mi vida, las mañanas tempranas hasta las noches han tenido un impacto”, les dijo. Y continuó: “Estoy muy triste por cerrar el Carnegie Deli, pero he llegado al momento de mi vida en que necesito dar un paso al costado”. Ya en la cuenta regresiva, la propietaria manifestó que la marca continuará en el resto de sus sucursales: Madison Square Garden, Pensilvania y Las Vegas.

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