Gran Rabino de Israel David Lau: «El Rabinato no avala la lista negra. No tiene ningún valor real»

Durante su primera visita a Argentina, el gran rabino asquenazi de Israel, David Baruch Lau, rechazó que su país constituya una teocracia y lo calificó como «un Estado democrático con elementos judíos», en el que existe una «libertad religiosa absoluta» y una «consideración» por las minorías musulmana y cristiana. Al tiempo negó una desautorización del Gran Rabinato de Israel a 160 rabinos de todo el mundo, entre ellos 14 argentinos.

En una entrevista con Télam en la sede de la AMIA, uno de los dos máximos líderes religiosos de Israel de influencia innegable para las comunidades judías en todo el mundo, explicó la unión entre Estado y religión que existe en su país.

«Ser un Estado judío no implica para nada ser un Estado religioso, un Estado teocrático. El Estado de Israel es un Estado democrático judío», explicó Lau, de 51 años, el hombre que hizo historia hace cuatro años al convertirse en el gran rabino asquenazi más joven de la historia de ese país.

El Gran Rabinato de Israel está compuesto por dos grandes rabinos que representan las corrientes azquenazi, es decir la europea, y la sefardí, la africana y de Medio Oriente. Durante mandatos de 10 años, ambos deciden sobre aspectos claves de la vida cotidiana de los judíos en ese país: casamientos, divorcios, conversiones, leyes kosher, educación religiosa y cortes rabínicas, entre otras cuestiones.

«Por ejemplo -explicó el Gran Rabino Lau-, cuando el Parlamento debate un proyecto de ley se le aconseja tomar en cuenta la opinión del Gran Rabinato. Consulta cuál es la visión judía sobre el tema, pero finalmente la decisión es democrática y de los parlamentarios. Es una república democrática».

«En un debate, por ejemplo, sobre el alquiler de vientes y salud reproductiva, el Parlamento pide al Gran Rabinato que explique qué piensa la religión judía sobre el tema y después debate en base a eso. La ley que sale es democrática, pero al menos se escuchan las voces médicas, religiosas, y en base a eso hacen una ley para las mayorías», agregó.

La influencia del judaismo en el Estado israelí no termina ahí.

«El día descanso no es el domingo (como en los países cristianos) ni el viernes (como en los países musulmanes), sino el sábado; las festividades nacionales no son azarosas, sino que responden al calendario judío; y existe una ley que establece que cualquier judío que llegue a Israel tiene automáticamente nacionalidad israelí», explicó el líder religioso.

Para Lau, esta unión entre Estado y religión no deja al 25% de la población que no es judía -la mayoría de ellos palestinos musulmanes y cristianos- en una posición desigualdad o subrepresentados.

«Uno de los valores fundamentales de la religión judía es la consideración hacía el prójimo», sentenció.

El Gran Rabino no se centró en la influencia política del judaismo en el Estado de Israel, sino en el principio de la libertad de cultos.

«Entre 1948 y 1967, cuando el este de Jerusalén no estaba bajo mandato israelí, no había libertad religiosa. Al pueblo judío no se le permitía llegar a lugares sagrados para rezar. Por el contrario, hoy hay una libertad de culto absoluta en Israel: todos pueden rezar y practicar su religión en sus lugares santos», aseguró e hizo referencia al período en el que Jordania controló los territorios reconocidos internacionalmente como palestinos de Jerusalén oriental -donde se encuentra la Ciudad Vieja y el Muro de los Lamentos- y Cisjordania.

Mientras el gran rabino hablaba con Télam en Buenos Aires, en Jerusalén la tensión volvió a explotar y medios palestinos denunciaron que tres jóvenes musulmanes murieron en medio de protestas que pedían ingresar a rezar sin restricciones a la mezquita de Al Aqsa en la Ciudad Vieja.

Poco después, la ola de violencia escaló aún más cuando un palestino entró a una colonia judía en el territorio ocupado de Cisjordania y acuchilló a tres israelíes, que también murieron.

Generalmente, Israel aparece en las noticias internacionales por sangrientos atentados, la ocupación de los territorios palestinos o avances tecnológicos; sin embargo, en los últimos días fue el propio Gran Rabinato el que atrajo la atención de los medios, especialmente en los países con comunidades judías grandes, como Estados Unidos y Argentina.

Hace 11 días, el diario israelí Haaretz publicó una lista de 160 rabinos en el mundo, 14 de ellos en Argentina, que habían sido presuntamente censurados por el Gran Rabinato para oficiar trámites oficiales como la certificación de la identidad judía de una persona o su conversión a esa religión.

Casi de inmediato, el Gran Rabinato rechazó la lista: «Fue hecha por un funcionario que no tenía poder para hacerla; no es un documento oficial y el Rabinato no la avala. No tiene ningún valor real», reiteró hoy Lau-, pero la noticia desató de todas maneras un caldeado debate entre el centro religioso en Israel y muchas comunidades en el exterior.

En la Argentina, Abraham Skorka, uno de los mencionados en la lista que ya fue desechada formalmente por el Rabinato y el rabino que acompañó al Papa Francisco en su viaje a Jerusalén en 2014, fue uno de los primeros en pedir «más pluralismo» al liderazgo judío en Israel.

De visita por Buenos Aires, en donde se dedicó a visitar instituciones y organizaciones de la colectividad, Lau no dio lugar a las críticas que surgieron en los últimos días alrededor del mundo.

«Hay personas que tienen intereses políticos y ven la posibilidad de utilizar una lista sin relevancia para ganar una posición más en la discusión política», sentenció.

Lau recordó indirectamente la reciente disputa que tensó la relación entre el Gran Rabinato y las comunidades judías en el mundo, principalmente los reformistas de Estados Unidos, quienes pedían que hombres y mujeres pudieran seguir rezando juntos en el Muro de los Lamentos, como había aprobado el gobierno el año pasado.

Tras una tensa pulseada, finalmente primó la posición del Gran Rabinato y el gobierno israelí dio marcha atrás en su decisión de crear una zona mixta en uno de los lugares más sagrados del judaísmo.

«Los lugares sagrados no se deben utilizar para hacer política», explicó el gran rabino y pidió a los rabinos de las comunidades en el mundo «no utilizar cuestiones que son parte de la vida judía, de la santidad, para discusiones de la vida política».

 

Fuente: agencia Télam

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