La historia de Tauba y Motek, los sobrevivientes que se sentaron junto a Macri en el acto. Por Gustavo Szpigiel

Tauba y Motek se llaman los dos sobrevivientes a los que les tocó presenciar el acto del Día Internacional de Conmemoración en Memoria a las Víctimas del Holocausto al lado de Mauricio Macri.

Cuando llegaron al Palacio San Martín les dieron a todos los sobrevivientes la ubicación en la primera fila. A ellos dos los separaron por intermedio de un asiento que estaba libre pero que no sabían para quién era. Y se sentaron sin preguntar.

A la derecha de Macri estaba Tauba Cymrot de Gomplewicz de 94 años, la bobe de Ariel Gomplewicz, quien desde el exterior vio el acto por internet y expresando sus emociones. «Es muy fuerte ver a mi bobe, que entró en forma clandestina a la Argentina por las leyes migratorias del gobierno de Perón, hoy sentada a los 94 años al lado del presidente de la República», aseguró.

“Yo era una chica normal, se decía en el pueblo lo que pasaba en Alemania, algunos creían, otros no. Muchos sólo pensaban en sí mismos. Hasta que empezó la Guerra y la gente corría a comprar provisiones. Tenía 12 años. Había una sola bomba de agua, no era fácil llegar hasta ahí. Hasta que se escucharon los pasos fuertes y al día siguiente lo primeros muertos; habían llegado los alemanes”, contó Tauba sobre su vida. Además, recordó cuando llegó la convocatoria para llevarse personas entre 15 y 25 años. “Salí y mi madre me dejó un papel con la dirección de mi padre en Argentina. Me llevaron a un guetto; un sitio sucio, con trenes, gritos y perros ladrando. Nadie sabía nada. Nos dejaron en un lugar cerrado, no sabíamos si estábamos de pie o sentados. Hubo malos tratos constantes. Había que hacer caso, sin llorar. Y trabajé de modista. Sobreviví, vine a la Argentina y consolidé una familia hermosa, con hijos, nietos y dos bisnietos más otros dos en camino”, afirmó.

A la izquierda del presidente estaba Motek Finseer, quien nació en Varsovia en 1921 y tiene 97 años. Cuando nos acercamos, lo primero que hizo fue estirar su brazo. Ahí vimos los números del horror, tatuados para siempre. «Estuve en los campos de concentración y en Auschwitz. Puedo mostrar mi brazo con los números. Llegué a la Argentina y hoy tengo una gran familia con hijos, nietos y 14 bisnietos. Tengo una hermana que fue quien me hizo venir a este país», expresó y agregó: «Es una gran cosa que se haga este acto, hay que recordar siempre, no hay que olvidar para que no vuelva a suceder».

Tauba y Motek. Los dos sobrevivientes que estaban sentados al lado del presidente. Aunque tengan tatuados el horror, en sus ojos se puede ver el alma.

Gustavo Szpigiel

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