Julio Menajovsky, tras la presentación de ‘Veinticinco’: «Cuando reina la impunidad, la obra de arte se convierte en denuncia»

Julio Menajovsky caminaba en la mañana del 18 de julio por la calle Corrientes, entre Ecuador y Boulogne Sur Mer. Escuchó un estruendo y casi de manera automática se dirigió a la calle Pasteur. Fue el primer reportero gráfico en llegar a la AMIA luego del atentado. Sus fotos son las que quedaron en la memoria. Vis á Vis dialogó con él previo a la presentación de «Veinticinco», la muestra que presentó la AMIA en el CCK con 38 imágenes que salieron de su cámara.

 

– ¿Qué dicen las fotos de la muestra?

Las fotos están para ver, pero estas fotos nos van a mirar a nosotros. Este es el tema. Este es el sentido de la palabra que dije apenas se inauguró, porque si bien el ritual indica que fue una inauguración donde la palabra son fotografías, mucha gente nos miró a los ojos desde una fotografía y esa mirada nos dijo muchas cosas a muchos. Algunos nos preguntaron si hicimos lo suficiente, a otros les dijeron gracias y a otros le dijeron «a vos te estoy mirando». Quizás ese sea el sentido de una muestra fotográfica que trata un tema doloroso, en el lenguaje que trata de ser el arte, la fotografía que siempre es elíptico, nunca es totalmente directo, pero que cuando reina la impunidad, la obra de arte se convierte en denuncia.

– ¿Qué pasó ese día de julio con Julio?

Ese día Julio estaba con una cámara colgada haciendo un trabajo de otra cosa pero también de la realidad Argentina, trabajo sobre la desocupación. Tembló el piso, se escuchó un trueno, se escucharon vidrios que caían, gente que miraba a determinado lado. Yo estaba con la cámara colgada, sin obligaciones laborales para ir ahí. Fui igual. No pude ni siquiera detenerme a pensar por qué lo hacía, ni cuando venía por Tucumán que ya empezaba a ver los destrozos, entrando como a círculos concéntricos a un centro mayor del horror que lo descubrí cuando doble por la calle Tucumán para entrar a Pasteur y ahí trágicamente me sentí transportado a otro país, a otra Era, a una gran guerra. Y yo en el medio sacando fotos era tan irreal todo que creo que debo haber anestesiado alguno de mis sentidos porque pude sacar fotos.

– ¿Cómo se hace para mantener el profesionalismo en esos momentos?

Es difícil explicarlo. No sé qué me pasó y qué preguntas me hice en ese momento. Muchos me preguntan si en vez de sacar fotos no me tenía que haber puesto a ayudar. Lo cierto es que la gente sobraba. Lo mejor que hubieran podido hacer los centenares de personas que estaban ahí era dejar el área despejada. No mover ni una arenita para evitar cualquier circunstancia no querida pero posible si se empiezan a pisar escombros donde abajo puede haber gente. No es que haya hecho ese cálculo en ese momento, pero yo desde el lugar que pude sentí que tenía que sacar fotografías. Que mi lugar era sacar fotografías.

– ¿Se acuerda de los momentos en que sacó cada foto?

Me acuerdo de muy pocas fotos cuando las saqué. Las otras creo que las saqué muy maquinalmente. Yo no reconozco del todo la forma en que yo saqué fotografías ese día. Primero por lo inesperado. Segundo porque no tenía ningún parámetro parecido al haber estado en un lugar parecido. Entonces actué instintivamente con una cámara sacando fotos como una mariposa que va de flor en flor. Terrible metáfora para hablar de esto y sin seguir un plan determinado. Generalmente no se trabaja de ese modo, generalmente el fotógrafo detecta dónde puede haber un núcleo importante y trabaja esa imagen como el alfarero trabaja la forma cuando todavía la silla está húmeda hasta que al final la imagen aflora. Son finalmente pocas las fotografías que se publican o que se usan de un evento. Yo ese día no pude concentrarme. Ese para mí fue una muestra a la distancia del azoramiento, la perplejidad que yo fui objeto en ese momento.

– Sin lugar a dudas la respuesta a todo lo que vino después, incluso por la muestra, es que sí, sin dudas ese día Julio Menajovsky tenía que sacar fotos...

Es la gran pregunta que yo me hago. Los fotógrafos en algún momento nos preguntamos para qué hacemos fotografías, para qué las mostramos. A veces, según los días, las respuestas son fáciles, concretas y tangibles. Otro día nos asomamos a insondables abismos y decimos que no sabemos por qué lo hacemos ni qué esperamos de ellas. Hoy tengo una posible respuesta.

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