Nada nuevo bajo el sol. Por Martha Wolff

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La noticia de colocar en la suela de las botas del Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica la bandera de Israel me hizo recordar cuando participé, hace tres décadas, en un encuentro de la División Femenina Mundial del Keren Hayesod en La Haya, Holanda y escuché un testimonio similar.

Recuerdo que para ese evento se convocó a personas que quisieran contar situaciones trágicas de la época de la invasión nazi. Una mujer, hija de un rabino, relató que al terminar la guerra buscaron objetos judíos escondidos que quisieron rescatar para ponerlos en sus respectivos lugares luego de las persecuciones, redadas, acusaciones, entregas, escondites y envíos de cargamento de judíos en la Ámsterdam de Ana Frank hacia los campos. De lo encontrado hubo Torot que fueron entregadas a un zapatero del ejército alemán para que con el pergamino de las mismas hiciera suela para reforzarlas de sus calzados debido al clima húmedo por los canales de la ciudad. Entre sollozos e indignación describió lo que fue abrir los rollos en los que siluetas huecas de botas militares estaban cortadas sobre el texto sagrado.

Nada nuevo bajo el sol de la barbarie.

Martha Wolff

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