Un artista palestino realiza una exposición en Israel

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“Desde muy joven aprendí que no puedo hablar del conflicto palestino-israelí sin que me critiquen de un lado o del otro”, afirma el artista Jordan Nasar.
Su historia suena demasiado delirante para ser verdad: un artista estadounidense de origen palestino con raíces judías, homosexual y casado con un colega israelí. Vive en Nueva York, y visita al menos dos veces al año Tel Aviv y Ramallah. Habla hebreo y árabe, pero su lengua materna es el inglés. Nasar crea obras en bordado con la técnica palestina tradicional.
Nasar, de 34 años, nació en Nueva York, su padre es de origen palestino y su madre de origen polaco-católico con una rama judía. Cuando tenía 15 años, visitó por primera vez los territorios bajo control de la Autoridad Palestina. “Cuando volví a Nueva York, me di cuenta que si les contara a mis amigos judíos lo que vi allí, enseguida me acusarían de antisemita. Entonces no dije nada”.

"Esta exposición trae un mensaje de paz"

«Esta exposición trae un mensaje de paz»
(Ynet)
A sus raíces se sumó precisamente Berlín. “Allí vi por primera vez una comunidad de inmigrantes árabes; de repente tuve muchos amigos como ellos, y me di cuenta de que en Europa se puede hablar del conflicto un poco más abiertamente. En el año 2011 conocí allí a mi esposo, Amir Guberstein, un artista israelí, y cuatro meses después viajé a Israel por primera vez junto con él. Visitamos a su familia en la ciudad de Raanana y en Tel Aviv. Fue la primera vez que tuve la experiencia de un Israel ‘normal’”, expresa riéndose.
¿Cuándo entró el arte en tu vida?
“Me empecé a interesar en el bordado hace ocho años. En Berlín trabajé en galerías, y cuando regresamos a Nueva York fui el productor del mercado de libros ‘Printed Matter’. Lo que me mueve a bordar es un deseo de ponerme en contacto con mis raíces palestinas. Tomé un hilo y una aguja, y empecé a estudiar la técnica. Hace tres años estuve como artista en el ‘Plan Artport’ (un centro de arte fundado en el 2012 por iniciativa de la ‘Fundación Arison’) en Iafo, y allí empecé a usar símbolos palestinos tradicionales originales, y a crear obras con imágenes de paisajes minimalistas y planos”.
Los bordados coloridos y fuera de lo común que crea Nasar lo convirtieron rápidamente en una estrella en el mundo del arte internacional. Lo representan dos galerías de arte comerciales -una en Los Ángeles y otra en Dubai-, y expone en las muestras y ferias de arte más grandes del mundo.

Obra de Jordan Nasar

Obra de Jordan Nasar
(Ynet)
Ahora expone su obra en su primera exposición individual en Israel, en el Centro de Arte Contemporáneo de Tel Aviv. La exposición lleva el título de ‘El mar debajo de nuestros ojos’. “En conversaciones con mi padre y con otros palestinos me di cuenta que la manera en que hablan de Palestina está llena de imaginación y fantasía, y que se refieren a ella como un lugar utópico imaginario con árboles de olivos, colinas y pastores, aunque en realidad es un lugar normal en el que la gente vive su vida y va a trabajar, hay casas, coches y basura”, señala.
Nasar trabaja en colaboración con un grupo de mujeres de Cisjordania que bordan junto con él (ellas también bordan en el emprendimiento de moda llamado Adish, del que él es socio). “En mis obras, creo el patrón del bordado en la computadora, y después borro una parte y dejo espacios vacíos. Esto es lo que le envío a las mujeres, a quienes les doy instrucciones mínimas, y ellas bordan allí lo que a ellas les parece. Así es como quiero preservar y aprehender la tradición. Decidí crear junto con artesanos mi casa, mi apartamento, que será una forma de ‘regreso’ a este lugar”, manifiesta.

Obra de Jordan Nasar

Obra de Jordan Nasar
(Ynet)
Así comenzó un largo viaje para amueblar su “casa”: recurrió a soldadores de metal en el Mercado de las Pulgas (de Iafo), a sopladores de vidrio de Hebrón (en Cisjordania), a carpinteros de la localidad Pardés Jana, a ceramistas armenios de Jerusalem, a costureras beduinas de Lakía; en total a cuarenta artesanos diferentes. A todos ellos les transmitió lo que quería que crearan para su casa imaginaria. Les pidió que trabajaran como siempre, pero que la paleta de colores tenía que ser en tonos verdes (además de blanco y negro), y en algunos casos les pidió que hicieran pequeños cambios en el simbolismo o en la funcionalidad del objeto.
¿Por qué en verde?
“Quería que mi casa tuviera una sola paleta de colores. El azul y blanco se identifican demasiado con Israel, y el rojo tiene asociaciones que no me interesaban. Entonces me quedé con el verde, que tiene una dimensión relacionada con la naturaleza, el nacimiento, la renovación. Además, invité a artistas israelíes y palestinos a que hicieran cosas para mí: mi esposo Amir preparó una mezuzá, Gai Ianai y Keren Tsiter me dieron cuadros y Lior Grady creó para mí un grabado. Pero fueron precisamente los artistas palestinos amigos quienes no colaboraron porque no querían exponer en Israel. Pienso que es una pena. Para mí, esta exposición trae un mensaje de paz”.

Obra de Jordan Nasar

Obra de Jordan Nasar
(Ynet)
¿No tienes críticas sobre lo que ocurre aquí?
“Claro que sí. Pero eso no quiere decir que no me guste estar aquí. Conozco a gente identificada con el movimiento BDS, y lo respeto, pero a mi modo de ver no es realista pensar en términos de boicot. Un boicot tal vez puede ser efectivo en grandes asuntos, pero para los individuos lo que es efectivo es el diálogo y más diálogo”.
¿Te defines como un artista político?
“Mi bordado no es político en el mensaje, pero lo es en la esencia. No dice allí ‘libertad para Palestina’, no es militante. No porque yo no sea activista, sino porque para mí el arte es una manera de cambiar el mundo en el plano político. La exposición es un viaje personal mío, como alguien que se crió y se educó en este anhelo por Palestina y retornar a ella, pero en tanto que lugar normal e incluso aburrido”.
Fuente: Ynet

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