Rabinos de Europa honraron al empresario libanés que desembolsó más de medio millón de euros en una subasta nazi y donó los objetos a una organización judía

La Conferencia de Rabinos de Europa extendió su reconocimiento y gratitud pública al empresario libano-suizo Abdallah Chatila por adquirir objetos nazis en una subasta y donarlos al Museo del Holocausto de Israel Yad Vashem.

Chatila, quien viajó a Ginebra como parte de un evento al que asistió en una escuela local, fue invitado a la cena de gala del organismo judío europeo en dicha localidad, quien le pidió que asistiera por la presencia de importantes rabinos del continente y al tenor de su reciente acción, cosa que aceptó según contó él mismo.

De manos del propio presidente del organismo, el rabino principal de Moscú Pinchas Goldschmidt, Chatila recibió un Shofar como muestra del agradecimiento por su acción a favor de la comunidad judía, y recordó ante la audiencia los ires y venires por los que emprendió rumbo hasta llegar a ese momento. “Leí un artículo en un diario y decía que el rabino Margolin de Bélgica se quejaba de que la casa de subastas en Alemania vendería propiedades de Hitler, y que no pudo detener la venta”, afirmó.

Dicho rabino, Menajem Margolin, líder de la Asociación Judía Europea, había mandado una carta a Hermann Historica en la que pedía detener la subasta: “Creemos que la venta de estos objetos tienen poco valor histórico intrínseco, pero aún así serán comprados por aquellos que glorifican y buscan justificar las acciones del mayor mal que ha afectado Europa. Algunas cosas simplemente pueden ser comercializadas”, escribió, a la vez de calificar de “errónea” la subasta y de denunciar el incremento del antisemitismo en Europa.

Luego de enterarse de que los reclamos de Margolin no fueron escuchados, Chatila le indicó en seguida a su asistente que se registrara en el sitio web de Hermann Historica pues, le comunicó, quería entrar a las pujas de la subasta con el fin de evitar que los objetos cayeran en malas manos.

A pesar de considerarse como una persona acostumbrada a las subastas, confesó que el proceso de esta en específico había sido más complejo de lo normal en su experiencia, incluso en el procedimiento del registro. La propia casa de subastas había dejado en claro que abordarían el tema de los potenciales compradores con sumo cuidado, por lo delicado de los objetos.

“Me dije a mí mismo que iría hasta el final, sin límite de presupuesto. Mi esposa estaba muy renuente a la idea, y me pidió que no hiciera esto. Como de costumbre, no la escuché”, bromeó, para luego asegurar: “Esto terminó hasta que compré todo excepto dos artículos, solo porque ocurrió un error”.

El libanés decidió donar los objetos a Yad Vashem, pero aseveró que su primer idea sobre qué hacer con ellos era quemarlos una vez adquiridos “porque en mi corazón estas cosas no deberían de existir”, dijo, aunque después lo reconsideró y se preguntó a sí mismo: “¿Quién eres tú para decidir qué hacer con estos artículos? Soy cristiano, soy libanés, no tengo una familia que sufrió el Holocausto, sería un error de mi parte quemarlos o incluso decidir qué hacer con ellos”.

Antes de que Hermann Historica lo confirmara oficialmente como el comprador de los objetos, la casa de subastas certificó que Chatila no se tratara de ningún neonazi, y este, vía telefónica, especificó que solo quería adquirir los objetos relacionados a Hitler, ante lo que le cuestionaron sus razones detrás de ello, que resumió en su deseo de querer quemarlos.

Asimismo, recordó, Chatila se puso en contacto con un miembro del Keren Hayesod, a quien advirtió sobre su acto, pues consideró que la noticia de un libanés adquiriendo objetos nazis no es una idea que pudiera estar libre de sospechas, y le comunicó su intención de donar al museo israelí Yad Vashem los artículos en caso de resultar el comprador oficial de los objetos, hecho que finalmente ocurrió.

De acuerdo a Ynet, se espera que los objetos lleguen a la sede de Yad Vashem en Jerusalén la próxima semana. El instituto ha comunicado que, pese a que la mayoría de su inventario son objetos de las víctimas judías del Holocausto, “para evitar el uso distorsionado de los artículos personales [de los responsables del Holocausto] como en el comercio o el culto personal, lo correcto es que se queden en Yad Vashem”.

Entre la adquisición de Chatila, por los que gastó alrededor de 600,000 euros, se encuentra un sombrero de copa, una caja de cigarros, cartas y una máquina de escribir de Hitler, así como una edición de lujo de su libro Mi Lucha dedicada al alto oficial nazi Hermann Göring.

Chatila comentó que esta semana ha recibido muchos de mensajes de la comunidad judía por su acción a la que califican de “noble”, pese a que él rechaza que se trate de algo de tal magnitud, y se limita a decir que lo hizo porque este era su deber. “Estaba simplemente en el tiempo indicado e hice lo que hice. Alguien tenía que hacer esto. El dinero no tiene sentido en esto”.

Al final de su discurso, Chatila reveló a los presentes que ha recibido incluso una invitación de ir al Museo de Auschwitz, cosa que ha aceptado, pero dejó en claro que esto no lo hace “porque quiero sentirme un héroe o porque quiero pasar una vacaciones maravillosas en Israel”, sino con el objetivo de transmitir un mensaje de solidaridad pura de sí mismo hacia el pueblo judío.

“A mí también me han llamado en mi vida un ‘apestoso árabe’. La vida es muy corta y necesitamos luchar contra el antisemitismo y el racismo y hacer un cambio”, concluyó.

 

Vía Enlace Judío

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