«Justicia, justicia perseguirás». Por Martha Wolff

Libro denuncia de un caso mas, impune

El libro publicado en marzo de este año: “La Casa Rosenthal. Vivir y morir en Formosa, la tan amada” escrito por Eliana Mutio, es un documento y una denuncia sobre los atropellos a personas y bienes durante los años anteriores al Proceso, organizado por peronistas en tiempos de las Tres A y durante el mismo, por las fuerzas Armadas y la Policía, por considerarlos enemigos.

La importancia de este libro es que fue escrito por una abogada bonaerense especializada en derecho de familia y reclamos por falta de justicia ante estados provinciales, quien debido a su profesión ha podido seguir la trama de un doble crimen que padeció ayer, como hoy, de la impunidad y la tergiversación de la verdad de casos que se han olvidado sin ser juzgados. Todo esto debido a una lamentable costumbre que mezcla la política de turno con la inexistencia o desaparición de expedientes, combinada con la prensa para encubrir a los culpables.

 

 

Una hija de la familia Rosenthal decidió testimoniar ante la Dra. Eliana Mutio la historia de su familia. Lo logrado es un libro que tiene como nudo central la vida de sus padres, inmigrantes judíos polacos que emigraron por razones políticas y antisemitismo a Palestina, donde vivieron en un kibutz, tuvieron a su primera hija y luego vinieron a la Argentina. Aquí recalaron en la Provincia de Formosa donde crecieron sus hijos y ellos mismos como familia, comerciantes y nuevos inmigrantes adaptándose al país. Habían logrado estabilidad, progreso económico con estratificación comercial, desde un pequeño local hasta tener la gran tienda en la esquina de la plaza principal de la ciudad.

Él, Salomón y ella, Sofía, conservaron entre la colectividad sus nombres en hebreo Schlomo e Yaffa, con diminutivos en idish, tenían ideas socialistas, participaban en la comunidad judía tanto a nivel local, como provincial, con donativos y mercadería en beneficencia. También generaban actos culturales para compartir.

Al volver el peronismo y sus ramas parapoliciales terroristas de derecha, los opositores eran considerados enemigos y entre ellos, se catalogó al matrimonio Rosenthal. Así, todo cambió. Salomón fue advertido por los que estaban a la cabeza del estamento gobernante, que había interés sobre su propiedad para poner allí una repartición pública. Fue informado sin oferta de precios, que igualmente hubiera rechazado ya que con grandes esfuerzos llegó a tener él y su mujer, su hogar y su medio de vida.

Salomón como Sofía fueron primero uno y luego la otra, asesinados para quitarlos de lugar y más adelante, expropiarles todo. Nadie, o casi nadie, vio a los asesinos, sicarios, entrar y matarlos. Con sapiencia, la pareja había donado ese bien a sus hijos por si les pasase algo ante las amenazas recibidas. La prensa publicó los hechos difundiendo que se trató de asesinato con robo, y no se llevaron ni un peso. Sus hijos denunciaron la falsificación de datos, pero no fueron considerados. Una vez expropiado el inmueble, lo que recibieron apenas alcanzó para los abogados y peritos que intervinieron. Se quedaron sin herencia, sin padres, sin seguridad como ciudadanos argentinos. Sus padres habían venido a la Argentina para encontrar paz y trabajo.

Sólo cuando fue creada la Comisión de los Derechos Humanos, el hijo pudo contar públicamente la verdad. Fue lo único que quedó para testimoniar ante la Justicia. Todo lo relacionado con esta historia trágica, también fue antisemitismo. El resto de los documentos, fueron desaparecidos como lo fueron las pruebas de lo que pasó en el atentado a la Embajada de Israel, la AMIA y el caso Nisman.

Por eso quiero como periodista, escritora y judía decir GRACIAS a Eliana Mutio por su investigación y a su postura justa de cómo se debe ser para que un país funcione con los tres poderes independientes. Y agregar que sus aportes culturales, costumbristas, económicos, geográficos, políticos y psicológicos para entender a sus personajes, son de gran valor para describir en tiempo y espacio este drama. Antes de finalizar el libro, la autora viajó para ver con sus ojos lo que visualizó a través de las palabras de Nitza, la hija de Salomón y Sofía, quien quiso que esta historia de vida y muerte no se perdiera. Hoy en el lugar de la tienda, hay una Oficina del estado provincial de Formosa.

Pero lo interesante también es lo que Eliana confesó de qué manera esta historia llegó a sus manos: “El libro llegó a mí porque soy una ávida de los casos que evidencian una falta Justicia, donde el derecho y la vida de las personas se contraponen. Sucedió que una vecina de años un día me dijo que a sus padres los habían asesinado. Cuando me consultaron por lo legal, no se podía hacer nada, pero encontré que se trataba de un matrimonio judío que habían sido verdaderos líderes de la comunidad formoseña. En tiempos de la llamada revolución argentina, en la ciudad se había nombrado un intendente que empezó a ver que el lugar de la casa y negocio de los Rosenthal, era muy bueno, en pleno centro de la misma. Que siendo inmigrantes judíos, habían convertido en próspero negocio de ramos generales, en una gran tienda, y que a su vez eran reconocidos como grandes benefactores sociales de toda la comunidad formoseña, sin importar la religión. Ni bien asumió Cámpora en el ámbito nacional, una banda de sicarios asaltó la casa de los Rosenthal para conseguir el objetivo que detentaban los del poder de turno. Y el destino quiso que con el tiempo la propia hija de ellos encontrase un lustrabotas que confesó que había sido parte de los que los mataron, de los que entraron y los dejaron en un charco de sangre contusionados. Después de diez días de la entradera, Salomón murió.

Los buitres siguieron sobrevolando la vida de la viuda, que continuó con el negocio. Por las amenazas, sugirió a su entorno que la dejaran sola porque sabía que algo le iba a pasar. La propiedad ya la habían dejado a los hijos. Un día los asesinos se presentaron en su negocio y ella los señaló a viva voz, ahí mismo, como los asesinos de su marido. Una tardecita de sábado, ella salió a fresquear con la silleta, como se dice en el interior del país, cuando un grupo de tareas la tomó, la llevó hacia adentro de su casa y la torturaron. La inmovilizaron con ataduras y la ahogaron con las cintas de embalaje metidas en su tráquea, colocando su cuerpo dentro de la enorme caja que vaciaron del contenido de zapatillas que amontonaron a un costado. Ella era fanática de ese calzado. Directamente no se investigó, ni se hizo una autopsia, no hubo testimonios, no se cuidó la escena del crimen, no se indagó a nadie. Fue un período de desgaste, de un ir y venir a los juzgados de los hijos que nombraron a un abogado, que, aunque pidiese lo que correspondía, nada le otorgaban. No hubo un fiscal que acompañara las actuaciones, y les decían que no encontraban nada. Fue un absurdo total y ni siquiera hubo una caricatura de una tal Justicia. Lo que sí hubo, fue una sociedad inquieta ante revelamientos inútiles en la prensa. La población leía noticias falsas de que habían sido ladrones los que atacaron a los Rosenthal, pero no habían tocado el dinero que había, ni siquiera se habían llevado los sobres de los sueldos próximos a pagar. Lo que demuestra lo que es el poder de turno, con los cómplices de siempre, porque dejaron un cartel escrito con materia fecal en un cartón sobre el cadáver de la asesinada que decía: “Si encuentran a los aCesinos les damos un premio, “asesinos” escrito con c. Con el golpe del 76, volvió hubo un gobierno provincial de facto, el comisario siguió siendo el mismo y volvió aquel intendente que había intentado con artilugios “comprar” la propiedad de los Rosenthal, pero esta vez como ministro de gobierno, con todo el poder de que se podía disponer. Y con esto, está todo dicho.

Como periodista he querido refrescar este criminal episodio ante el recrudecimiento del antisemitismo en nuestro país, porque en política todo cambia para seguir igual. Los Rosenthal son los asesinados en la Embajada de Israel, el atentado a la AMIA y Nisman.

Martha Wolff. Periodista- escritora

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