Juan José Sebreli banalizó la Shoá al referirse a la cuarentena: «La Villa Azul es el Gueto de Varsovia»

Sebreli- Gueto de Varsovia- Villa Azul.- banalización
Sebreli- Gueto de Varsovia- Villa Azul.- banalización

El sociólogo Juan José Sebreli opinó sobre la extensión de la cuarentena por coronavirus y dijo: «Promuevo algo perfectamente democrático, la desobediencia civil». Además, el sociólogo y escritor calificó al bloqueo policial a la Villa Azul como el «Gueto de Varsovia» donde los vecinos «no van a morir de coronavirus, se van a morir de hambre».

En una entrevista en la señal TN, el autor de «Buenos Aires: vida cotidiana y alienación», dijo que se sentía con «prisión domiciliaria» ante las restricciones para circular por la vía pública.

Cuando se le lo consultó sobre el cerco policial en torno a Villa Azul, el barrio popular que se extiende entre los partido bonaerenses de Avellaneda y Quilmes, el ensayista no dudó en calificar la situación como un «gueto», una forma de reclusión contra un grupo étnico, cultural o religioso que fue utilizado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial para aislar a los judios en las zonas más abandonadas de las ciudades de Polonia.

«El gueto de Varsovia es esto. Es un gueto. Tendrían que haberlo hecho (el cerco policial) el primer día. Están ahí encerrados porque no hicieron testeos. Con el testeo sacaban a los enfermos y los mandaban a un hospital, a un hotel, y los aislaban. Se están muriendo», dijo Sebreli.

La Nación

Gueto de Varsovia:

El 16 de noviembre de 1940 los judíos de Varsovia fueron encerrados en el gueto. Sus habitantes comprendían un tercio de la población de la ciudad; el gueto ocupaba una superficie equivalente al 2.4% de la misma.

Decenas de miles de refugiados expulsados a Varsovia aumentaron a 450.000 el número de personas confinadas. Rodeados por un muro que fueron forzados a construir, bajo una vigilancia severa y violenta, los judíos fueron aislados del mundo exterior. Dentro del gueto sus vidas transcurrían entre una lucha porfiada por la vida o la muerte por enfermedad y hambre. Las condiciones de vida eran insoportables. El hacinamiento llegaba a 6 y 7 personas por habitación y las raciones de alimentos constituían no más de un diez por ciento de los requerimientos diarios de un ser humano. La actividad económica era insuficiente y en su mayor parte ilegal. Ésto incluía el contrabando de comida. Los que participaron en actividades económicas «ilegales» o que poseían algún ahorro constituyeron la mayoría de los que lograron sobrevivir por algún tiempo.

Las murallas del gueto no lograron paralizar la creación cultural de sus habitantes. Intelectuales, científicos y artistas no interrumpieron sus actividades a pesar de las graves circunstancias que los rodeaban. Por el contrario, la ocupación nazi y la expulsión al gueto impulsaron a muchos artistas y creadores expresar la tragedia que conmocionó su existencia. En el gueto funcionaron bibliotecas clandestinas, el archivo «Oneg Shabat», muchos movimientos juveniles e incluso una orquesta sinfónica. El libro, el estudio, la música y el teatro se convirtieron en un refugio ante la triste realidad que los rodeaba y en una remembranza de días mejores.

El hacinado gueto se convirtió en un foco de epidemias y de mortalidad masiva, ante las cuales las instituciones comunitarias judías, especialmente el Judenrat y las organizaciones de caridad fueron impotentes. Durante toda la existencia del gueto de Varsovia murieron más de 80.000 personas dentro del mismo. En julio de 1942 comenzaron las deportaciones al campo de exterminio de Treblinka.

Al recibir las primeras órdenes de deportación el presidente del Judenrat, Adam Czerniakow, se negó a tomar parte en la preparación de las listas de candidatos a la expulsión. El 23 de julio de 1942 puso fin a su vida

 

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