Rosh Hashaná, el inicio de un nuevo año. Por Rabina Graciela de Grynberg

Rabina Graciela de Grynberg
Rabina Graciela de Grynberg

Qué concepto tan maravilloso, ya que nos da la posibilidad de volver a nacer, de volver a soñar, de tener nuevas vidas, nuevas experiencias.

Es como si nuestro Creador nos dijera: «Te doy la oportunidad de ser quien realmente quieres ser, te doy la oportunidad de cambiar este mundo».

Pero este cambio no es mágico, no depende de mí, sino de ti, dice Dios, de tu actitud, de tus acciones.

No fue un año fácil el que estamos dejando atrás. Tuvo muchas partidas, dolores, pero también muchos aprendizajes, muchos días llenos de sonrisas.

¡Cuántas cosas queremos modificar de nuestras vidas!

Sabemos que los cambios, para que sean duraderos, deben ser lentos y meditados. Deben hacerse paso a paso.

Para eso necesitamos tiempo: tiempo para analizar qué hacemos y quiénes somos, ver en qué lugar nos encontramos y a qué lugar queremos llegar.

El mes de Elul nos regala ese tiempo, con su toque del Shofar, despertándonos a una vida mejor. El tiempo de mirar hacia adentro, de mirarnos a nosotros mismos y, si no es suficiente, nos dan 10 días más de regalo. Son los 10 días entre Rosh Hashaná e Iom Kipur, Aseret Iemei Teshuva, para poder llegar aún más lejos en nuestra búsqueda interior.

Para cambiar, el primer paso, aunque parezca obvio, será querer cambiar.

Entonces surgen preguntas: ¿Estamos en condiciones de hacerlo? ¿Queremos hacerlo? ¿Es el momento? ¿Servirá de algo? ¿Podremos hacerlo?

El segundo paso es desterrar las palabras “no puedo” de nuestras vidas.

Silvia era una maestra veterana de una pequeña ciudad del interior de Bs. As. a quien sólo le faltaban dos años para retirarse.

Un día en clase, a todos sus alumnos de 4° grado les dio una tarea: llenar una hoja de papel con todos los “no puedo”.

Cada alumno fue escribiendo en sus hojas sus «no puedo»: “No puedo hacer divisiones de más de tres cifras”; “No puedo conseguir que Debora sea amiga mía”; “No puedo hacer la vertical”; “No puedo correr más de 200 metros sin descanso”.

Mientras los alumnos escribían, también lo hizo la maestra: “No puedo conseguir que la madre de Jonatan venga a las reuniones de la escuela”; “No puedo conseguir que mi hija llene el tanque del coche”; “No puedo hacer que Alan use las palabras en vez de los puños”.

Cuando todos terminaron de escribir, cada uno puso su hoja en una caja de zapatos vacía, incluso Silvia.

Luego se fue con los alumnos al jardín de la escuela con la caja de zapatos en una mano y con una pala en la otra. Al llegar al jardín cavó un pozo y enterró la caja con todos los “no puedo”.

Luego, dijo: «Amigos, hoy estamos reunidos para honrar la memoria del ‘no puedo’. Mientras estuvo con nosotros en la tierra, afectó a las vidas de todos, de unos más que de otros. Su nombre, desdichadamente, ha sido pronunciado en todos los edificios públicos, en escuelas, ayuntamientos, en el trabajo, incluso en el gobierno. Hemos buscado para ‘no puedo’ un último lugar de reposo y una lápida que lleva su epitafio. Le sobreviven sus hermanos y su hermana, ‘Quiero’, ‘Puedo’ y ‘Lo haré’. No son tan bien conocidos como el célebre difunto y aún no tienen la fuerza y el poder que éste tenía. Tal vez algún día, con vuestra ayuda, dejen en el mundo una huella mucho más importante».

Iamim Noraim nos enseña que es el momento de mirar el futuro, este nuevo año, esta nueva vida, teniendo en cuenta nuestro pasado. Nos enseña a ver si realmente necesitamos y queremos cambiar. Y si es así, estas modificaciones nos marcarán, sin duda, la diferencia entre un año y otro.

También nos invita a reflexionar sobre el querer y el poder. Nos enseña a desterrar los «no puedo» de nuestra existencia e incorporar los «quiero», «puedo» y «lo haré». Puedo y quiero tener una nueva vida; Puedo y quiero ayudar a mi familia, a mi prójimo, a mi comunidad, al mundo; Puedo y quiero comprometerme más con mis raíces; Puedo y quiero modificar mi manera de actuar; Quiero y puedo…

Los invito a sacar de nuestras vidas los «no puedo» y a llenar nuestros días de «quiero», «puedo», y «lo haré».

Shana: año; Shinui: cambio; shinun: repetición; Shoni: diferente.

Preguntémonos si este año tendrá cambios, si será diferente, si será una repetición de años anteriores.

Preguntémonos cómo queremos que sea este año, cómo queremos que sean nuestras relaciones, trabajos, amor.

Que en estos Iamim Noraim aprovechemos la oportunidad para evaluar sinceramente nuestra existencia, nuestra forma de ver y de vivir la vida.

Que el año que viene, cuando volvamos a preguntarnos cómo son nuestras vidas y nos presentemos ante Dios, ante nuestro prójimo y ante nosotros mismos, que nuestra respuesta sea: «Esta es la vida que quiero llevar, este es el mundo del cual nuestro Creador está orgulloso».

Rabina Arq. Graciela de Grynberg
Comunidad Beit Israel

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