Kristallnacht: «El punto de quiebre»

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La “noche de los cristales rotos” o Kristallnacht fue el punto de quiebre para la población judía alemana. El nombre hace referencia a una serie de actos violentos contra los judíos llevados a cabo en Alemania. También en algunas zonas de Austria y la República Checa entre el 9 y 10 de noviembre de 1938.

Por más de 48 horas, cerca de 400 sinagogas incendiadas y alrededor de siete mil negocios saqueados o destruidos sin que la policía hiciera nada al respecto. Los bomberos fueron requeridos solo para impedir que el fuego se propagara a las propiedades contiguas, pues las llamas amenazaban algunas posesiones “arias” cercanas. Kristallnacht no fue un acto espontaneo o improvisado, marcó un punto de no retorno en la violencia ejercida contra la población judía alemana.

A esas infames acciones se les denominó “la noche de los cristales rotos” debido al incontable número de fragmentos de vidrio quebrado proveniente de sinagogas, casas y locales comerciales pertenecientes a los judíos agredidos. Durante escasos dos días, asesinaron a 90 personas en las calles, alrededor de 30 mil judíos aprisionados y enviados al campo de concentración de Dachau.

La violencia fue instigada por el Partido Nazi. Miembros de la SA (tropas paramilitares de asalto) y las Juventudes Hitlerianas, apoyaron y supervisaron los combates contra la población judía.

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Los oficiales alemanes argumentaron que la violencia surgió de manera “natural”. Como un sentimiento en respuesta pública al asesinato de Ernst vom Rath.

A principios de noviembre, las autoridades alemanas expulsaron a miles de judíos polacos que habitaban en los márgenes del Reich. El 7 de noviembre de 1938, Herschel Grynszpan, un judío polaco de 17 años cuyos padres sufrieron los embates de la expulsión, mató a tiros a Vom Rath. Se desempeñaba como oficial de la embajada germana en París.

Tras un discurso condenatorio por parte de Joseph Goebbels, los líderes regionales del Partido Nazi emitieron instrucciones a sus oficinas locales para comenzar la violencia y el incendio en las sinagogas.

La intimidación comenzó desde las últimas horas de la tarde del 9 de noviembre y hasta bien entrada la mañana del siguiente día. A la 1:20 a.m. del 10 de noviembre, Reynhard Heydrich, cabeza del cuartel de seguridad, envió un telegrama urgente a las sedes principales de la Policía Estatal y a los líderes de la SA de varios distritos en el que describía detenidamente las instrucciones para empeorar las revueltas.

De tal manera, unidades de la SA y de las Juventudes Hitlerianas se apostaron a lo largo de Alemania y de los territorios anexados, participando de la destrucción de los hogares y negocios judíos.

Un gran número de oficiales utilizaron ropa de civiles para apoyar la ficción de que los disturbios eran expresiones públicas. Exigían acallar la “conspiración de los judíos”.

Tras el evento, el gobierno nazi aseveró que los semitas alemanes eran responsables de la destrucción. Se les impuso una multa de un billón de Reichsmark (alrededor de 400 millones de dólares), así como una prohibición para reconstruir sus propiedades.

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