¿Por qué filmé como Golda Meir y Teodoro Herzl? Por Martha Wolff

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Cuento que escribí un texto y lo actué en un video que se llama “Te adoro Teodoro” porque me enamoré de sus ideas sionistas. Memoricé lo logrado, me puse una barba y bigotes negros para imitarlo, me vestí con un semi frac, me maquillé y bajo la magia del teatro dije “Señor Director: cámara, acción”.

Lo hice porque fue  un ser visionario. El caso Dreyfus le cambió la vida. Fue el retorno a sus  raíces. De asimilado pasó a ser nacionalista y sionista.

Propuso a los judíos crear su Estado. Se sintió un nuevo Moisés.

Fue autor del libro “El Estado Judío”. Un anuncio profético lo nombró un nuevo Moisés. Les propuso a los eternos perseguidos que dejaran de ser protegidos, tolerados y a  no vivir de prestado,  a tener una tierra, un idioma, una bandera,  a dejar de ser una minoría tolerada y pasar a ser una  mayoría retornando a la Tierra Prometida.

Muchos lo escucharon, otros lo boicotearon y otros  lo rechazaron. Para algunos era un utópico y para otros un soñador. Lo desestimaron los asimilados y los ortodoxos. Lo aclamaron los perseguidos, los géticos y  los empobrecidos.

Su liderazgo triunfó mientras se debilitó su rol de esposo y padre.

Para convocar a  un encuentro internacional alquiló un salón en Basilea.

El  9 de agosto de 1897, ante los asistentes de la judeidad del mundo y la prensa internacional, más de doscientas personas vestidos de gala, inmortalizó la frase: “Hoy hemos fundado el Estado Judío”.

Murió a los 44 años y 44 años después fue enterrado en un monte que lleva su nombre en Jerusalem y desde allí Teodoro Herzl descansa en la tierra que quiso que no fuera una leyenda.

¿Pregunto? ¿Cómo no iba a  enamorarme de un hombre así para imitarlo?

 Y repito: ¡Te adoro Teodoro!

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Cuento también que escribí  un texto y lo actué en otro video que se llama “Golda y  Marc”  porque estuve enamorada de ella desde que leí su biografía. Estudié sus gestos, su vestimenta y con una peluca, un sombrero y copié su sonrisa, su carácter firme y su ternura. Este romance empezó cuando leí sus memorias. Ella fue una estadista y la primera mujer judía en los foros internacionales, antes del Estado de Israel y luego su representante. Sus recuerdos de pogroms y la emigración la fueron modelando. Habiendo sido maestra testimonió siempre dando clases magistrales sobre el sionismo. Su belleza como mujer radicó en su seguridad, convicciones  y desafíos. Amé su temple y decisiones como joven, como esposa, como madre y como política.

Me deslumbró su ascenso en los partidos del estado en gestación y la separación con su esposo por no renunciar a sus proyectos sociales, de sus replanteos como madre, de sus actuaciones y posturas ante reyes, diplomáticos, conferencias para juntar dinero para la defensa ante las guerras de los vecinos árabes, de su ser ama de casa y cocinar para sus amigos y familia, de su elegancia sobria ante los grandes del mundo, de su fidelidad a sus principios, de enfrentamiento ante el Papa por su silencio ante la  Shoá, de sus cargos de lucha laboral, de sus viajes a  África y de su cigarrillo amigo con el que conversaba en silencio.

No la pude conocer personalmente cuando fui representante argentina al Congreso Mundial de Mujeres Judías. Ella ya estaba muy enferma, pero pude traer a 500 fotos del Archivo Nacional de Israel  que me facilitó su secretaria Lou Kaddar. Fui la primera que hizo su vida en un audiovisual y luego se conoció la película personificándola Ingrid Bergman. Confieso que en  cada imagen que iba mirando se agigantaba mi admiración por ella.

Cuando filmé el video en el que ella conversa con Marc Chagall imaginariamente, él desde Saint Paul de Vence, en la Provence, Francia y ella en Jerusalem, hice un balance de esos dos grandes judíos por su aporte a la Humanidad. Golda, como autora en parte del Estado de Israel con su sionismo, y Chagall,  con sus pinturas judías y  ambos para mostrar al mundo el derecho a tener una tierra propia y los personajes chagallianos volando para sentirse libres de las persecuciones.

¿Pregunto? ¿Cómo no iba a darme el lujo de ser un poco Golda si ella fue un ejemplo en mi vida?  Fue cuando dije Señor Director: ¡Cámara, acción!

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