Shavuot: siete veces siete. Por Jorge Rozemblum

Shavuot: siete veces siete
Shavuot: siete veces siete

Shavuot es la última de las grandes fiestas del calendario hebreo, la tercera de las peregrinaciones anuales (junto a Sucot y Pesaj) que en tiempos bíblicos vaciaban la tierra de Israel, encauzando el fruto de su esfuerzo hacia el Templo en Jerusalén. No era sólo una señal de agradecimiento por los bienes terrenales concedidos en la cosecha estival, sino también por dotarnos – con la misma “naturalidad” – de un código moral – el de los Mandamientos -, que miles de años después sigue vigente y sentando las bases de la justicia universal que ya no es exclusivamente judía.

Seguramente apelar a la moral en pleno siglo XXI, vivido lo vivido, parece más un asunto de fe que de actualidad, atrapados como estamos en pautas sociales que favorecen la desobediencia de aquellas de respeto y reconocimiento mutuo como criaturas de un mismo origen. Conocida como Jag Matán Torá (la fiesta de la Entrega de la Ley), Shavuot celebra un hito: si bien las Escrituras hablan de un Dios que se comunica sólo con algunos elegidos (Adán, Noé, Abraham, Moisés), a través de este último hace llegar al resto del pueblo judío la esencia de su palabra, no sólo en forma de mandamientos grabados en piedra, sino de toda una moral y visión de la vida, de forma oral, transmitida de generación en generación.

Desde entonces, no hemos abandonado el mismo decálogo. Por el contrario, nuestros sabios han conseguido depurar de la Torá y su tradición 613 preceptos. Ello, por supuesto, no nos evita las tentaciones y las ocasionales pérdidas de orientación en el camino, pero son luces como las del sol estival a pleno brillo que iluminan una misma senda, clara y precisa, a lo largo de los tiempos y las vicisitudes. Siete semanas después de celebrar la libertad del yugo de Faraón, menos de un mes después de recordar a los luchadores por la dignidad que se levantaron contra los nazis en Varsovia y a la semana siguiente de celebrar la liberación y reunificación de la morada de nuestro corazón (Jerusalén), la moral que deberíamos rescatar todos en Shavuot simboliza el eslabón siguiente al de la libertad que añoramos y conseguimos: el de la responsabilidad por cómo y para qué la utilizamos.

En Shavuot confluyen la justicia que está en la esencia de las leyes con la luz más intensa del año; lo que está escrito en las tablas de piedra, con la tradición del peregrinaje anual; y culmina la gesta de la salida a la libertad y el inicio de la responsabilidad personal por el cumplimiento de las normas: siete veces siete días a partir del inicio de un nuevo ciclo vital en la primavera pascual; más allá de círculos familiares y tribales, afrontando el desafío de convertirse en un único pueblo con un único dios sin cara, del cual nacen a su imagen y semejanza las de todos nosotros.

Shabat shalom y Jag Shavuot Sameaj
Jorge Rozemblum
Director de Radio Sefarad
www.radiosefarad.com

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