Duelo en Qatar como protesta. Por Martha Wolff

Duelo en Qatar como protesta. Por Martha Wolff
Duelo en Qatar como protesta. Por Martha Wolff

El mundo futbolero está mirando hacia Catar, ese polo árabe que abrió sus puertas al mundo por su poder económico.  ¿Y es ese poder económico que atrajo a otros poderes a Catar como el de la arquitectura, el turismo y  la prensa internacional será el ejemplo de cómo allí se comportarán los hinchas y los jugadores y los organizadores internacionales ante la condena a muerte del jugador iraní de 26 años Amir Nasr Azadani, por traición a la patria, al haber protestado contra el gobierno de su país?

Veamos una supuesta reacción: negarse a jugar los dos rivales finalistas Argentina-Brasil como respuesta.  Sería una crisis organizativa, de dinero, de hinchas protestando y los coletazos adyacentes a que nadie gane la copa. Imagino a los jugadores del mundo vestidos de negro parados en las canchas en señal de duelo. Sería lo que corresponde porque el deporte dignifica a quienes lo practican, pero, el fútbol o el deporte en general, fueron usados por los totalitarismos para su costal. Pero también  cuidado que los clubes son de capitales independientes que hacen sus negocios y cuando participan en el exterior representan al país del que provienen y sus victorias son tomadas como propiedad de los gobiernos.

Negarse a jugar el final de la copa del mundo en protesta sería una convulsión social, política y económica, pero sería éticamente defender la libertad y el derecho a expresarse, y justo en Catar,  donde se montó una gran comedia de consumo y entretenimiento sin ver la verdad de lo que allí sucede.

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Para Irán será una foto más de un ahorcado para acallar a los que quieren rebelarse. Para los argentinos no traer el trofeo y para Francia lo mismo. Por eso se debería terminar Catar y el fútbol con la gente volviendo contenta de haber estado, apoyado al cuadrito de su corazón y sumar voces de repudio a la inquisitorial medida de un país que asesina a sus enemigos.

Claro que todo este delirio que escribo sería posible cuando el mundo tome conciencia que cada uno que se suma contra la violencia institucional cambiaría también al mundo.

Todos los intereses materiales que sobrepasan los valores humanos han costado muchas vidas y el mundo sigue andando. Todos los ojos ciegos de verdades dolorosas que han costado vidas de cercanos y lejanos la indiferencia siempre han beneficiado al enemigo.

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Los equipos de fútbol y sus organizadores tienen que dar el ejemplo que con el arma de la pelota no se juega cuando están por asesinar a un compañero. La dignidad del deporte es el valor del cuerpo y la libertad del alma.

Por Martha Wolff

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