¿Por qué en Alemania se exhiben esculturas nazis?

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Dos esculturas de bronce, encargadas por Adolf Hitler al artista Josef Thorak para adornar la Cancillería del Reich en Berlín, se sumaron recientemente a la colección permanente de monumentos en desuso de la Ciudadela de Spandau.

Los «Caballos andantes» (o «Schreitende Pferde», en alemán) estuvieron en el jardín de la sede del Gobierno entre 1939 y 1943, y formaban parte de una gran colección de obras de bronce que el régimen nazi encargó a artistas afines al régimen, en su afán por transformar a Berlín en una capital imperial de reconocimiento mundial.

El museo, ubicado en el noroccidente de la capital alemana, decidió exhibir desde su llegada uno de los colosales gemelos, para que los visitantes puedan presenciar el paso a paso de su restauración.

¿Quién era Josef Thorak?

El artista, nacido en Viena el 7 de febrero de 1889, asistió inicialmente a la Academia de Arte de Viena, pero en 1915 se trasladó a la Academia de Arte de Berlín. Al terminar sus estudios, se dedicó a la construcción de obras monumentales, como la figura del frontón, de cuatro metros de altura, para el edificio del Reichsbank en la entonces aún ciudad de Buer (hoy, un barrio de Gelsenkirchen), al oeste de Alemania.

Su estilo le valió numerosos encargos gubernamentales, y se dio a conocer internacionalmente cuando trabajó, entre otros, en el Monumento a la Seguridad de Ankara, en Turquía, en 1934.

A partir de 1937, Thorak se convirtió en uno de los escultores preferidos de los nazis, a quienes Hitler encargó innumerables esculturas propagandísticas que enfatizaban la supuesta fuerza y gloria de su régimen.

Thorak se había divorciado de su esposa judía Hilda Lubowski, tras la toma del poder nazi en 1933. Luego del  final de la II Guerra Mundial, siguió creando sin oposición hasta su muerte en 1952.

Los «Caballos andantes» fueron redescubiertos en el 2015, tras una serie de espectaculares redadas contra una red clandestina de comercio de obras de arte que operaba en Alemania. Las obras probablemente estaban destinadas a ser vendidas en el mercado negro, porque el arte nazi sigue siendo en cierto modo un tabú en el mercado oficial, como explicó el historiador de arte Christian Fuhrmeister a DW en 2015. «Hay algunos coleccionistas privados en Alemania, en Estados Unidos o en Rusia, hay gente a la que le entusiasma», dijo.

Según la página web oficial de la Ciudadela de Spandau, una antigua fortaleza renacentista convertida en museo, el objetivo de exponer las esculturas es ilustrar sobre cómo «los respectivos poderes estatales quisieron dar forma al paisaje urbano de Berlín» a través de los monumentos que encargaron. La colección incluye monumentos creados entre 1849 y 1986, que abarcan el Reich alemán, la República de Weimar, la Alemania nazi y la RDA.

Esculturas nazis en espacios públicos

El museo afirma en su sitio web que las esculturas son «testimonios de la historia alemana», «grandes símbolos» de la historia del país. El adjetivo «grandes» puede levantar sospechas, pero la Ciudadela asegura que quiere transformarse en un centro de estudio para el arte que se considera «tóxico».

La exhibición de arte nazi ya ha sido antes objeto de polémica. El año pasado, la Pinacoteca de Múnich fue cuestionada por exponer un cuadro de Adolf Ziegler, otro artista nazi. Georg Baselitz, uno de los artistas vivos más influyentes del mundo, pidió que se retirara la obra.

«Es escandaloso que la propaganda nazi sea posible de esta manera tan sucia en un museo de Múnich», dijo entonces. Y añadió que era «insoportable» que obras de artistas perseguidos por los nazis estuvieran colgadas junto a la obra de un artista responsable de su persecución.

Muchas esculturas de propaganda nazi permanecen todavía en espacios públicos, como en el Estadio Olímpico de Berlín, que fue encargado por el régimen nazi para los Juegos Olímpicos de 1936. Antes del Mundial de Fútbol de 2006, del que el estadio era una de las sedes, algunos activistas pidieron la retirada de las esculturas, pero la ciudad se negó, alegando que su retirada supondría negar la historia de Alemania.

Fuente: DW.com

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