
En este verano europeo, 52 niños judíos franceses fueron expulsados de un vuelo de Vueling en Valencia. ¿Su “falta”? Cantar canciones hebreas y portar símbolos religiosos visibles. La empresa alegó razones de seguridad, que incluían presunta manipulación del equipo de emergencia. Sin embargo, familiares y testigos ofrecen otra versión: no hubo conducta indebida, sólo prejuicio disfrazado de protocolo.
Pero el relato se quiebra ante testigos, padres y autoridades diplomáticas, que ven en el episodio una expresión nítida de antisemitismo institucional, de una judeofobia con aires medievales.
Lo que sucedió no es un caso aislado: forma parte de un fenómeno más amplio de exclusión, difamación y silencios cómplices que hoy amenaza a comunidades judías en Europa y a la dignidad del Estado de Israel.
Se enmarca en un contexto más amplio de exclusión creciente, desinformación sistemática y discurso que tergiversa la legitimidad de Israel y la memoria del pueblo judío.
El Caso Vueling: La excusa de la “seguridad” frente a la evidencia del prejuicio
No se trató de una revuelta a bordo ni de menores indisciplinados. La delegación de niños judíos franceses participaba en un campamento educativo, custodiados por adultos responsables, con documentación en regla. Lo que se hizo visible—la música hebrea, los kipot (solideos), la alegría identitaria—fue rápidamente criminalizado. ¿Hubieran sido expulsados si entonaran canciones en árabe o catalán? ¿Dónde comienza la “seguridad” y dónde termina la segregación?
Varios gobiernos, incluidos Francia e Israel, exigieron explicaciones. La comunidad judía española denunció la falta de transparencia de Vueling, mientras medios internacionales optaron, en su mayoría, por el silencio. Este tipo de omisión informativa no es nuevo. Lo preocupante es su reiteración y la pasividad con que es tolerado.
Pero cabe un interrogante: ¿Porque los grandes medios de comunicación callaron? ¿Dónde quedó el periodismo valiente que denuncia injusticias? ¿Por qué los niños judíos generan incomodidad, pero las expresiones antijudías pasan inadvertidas?
Gaza y el Concepto Vacío de “Genocidio”
A la vez, desde medios y activismo político afín a Hamás, se intenta imponer la narrativa de un supuesto genocidio israelí en Gaza. Una acusación gravísima, que debería basarse en pruebas jurídicas y claras intenciones genocidas, según el Estatuto de Roma. Pero ninguna evidencia concluyente lo respalda. Israel combate a una organización terrorista que, desde 2007, ha convertido a Gaza en una base paramilitar, usando a civiles como escudos humanos, túneles bajo hospitales y cohetes lanzados desde zonas residenciales.
Los informes falsos se suceden: bebés decapitados, hospitales bombardeados sin justificación, cifras manipuladas. Una a una, las historias se desmienten, pero para entonces ya han recorrido el mundo. Palestinwood, está produciendo nuevos actores de reparto.
En tiempos en que la tragedia se convierte en espectáculo, y la desinformación reemplaza el testimonio veraz, alzamos nuestra voz para denunciar con firmeza la falsificación de hechos, imágenes y narrativas utilizadas como instrumentos de guerra psicológica. Toda simulación de atentados, escenificación de cadáveres o manipulación visual destinada a acusar injustamente o victimizar estratégicamente constituye una profanación moral de la memoria verdadera y del sufrimiento legítimo.
La estrategia es clara: repetir una mentira lo suficiente para que parezca verdad. La filosofía y pensamiento Gobbeliano, de aquel que expresó: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad (Joseph Goebbels – ministro de Propaganda del III Reich)” se refiere a la estrategia propagandística de repetir una afirmación falsa hasta que se acepte como verdad. Esta idea se basa en la creencia de que la repetición constante de una mentira o falacia puede superar la verdad.
En esa lógica, acusar a Israel de genocidio es también un intento de deslegitimarlo como Estado y de equipararlo, perversamente, con sus propios victimarios históricos.
El robo del pan: ¿quién hambrienta a Gaza?
Israel ha facilitado el ingreso de cientos de miles de toneladas de ayuda humanitaria a Gaza desde el inicio del conflicto, en cantidades récord, a través de corredores y puntos de distribución.
Organismos como USAID y testimonios de mandos de las FDI confirman que la distribución está obstruida principalmente por Hamás. Hay evidencia documentada: saqueo de camiones, venta ilegal de productos donados, ataques a civiles que esperan comida. El hambre, hoy, es un arma de doble filo utilizada por Hamás para culpar a Israel y controlar a la población.
La narrativa de “Israel causa hambre” ignora esta realidad y convierte a los responsables en víctimas ficticias.
Mientras tanto, activistas acusan sin pruebas y sin reconocer que Israel ha abierto corredores humanitarios, ofrecido cooperación logística, e incluso permitido que sus propios soldados arriesguen la vida para resguardar centros de distribución. Si Hamás dispara a los propios palestinos y sabotea la entrega de alimentos, ¿quién está cometiendo la verdadera crueldad? Es una estrategia para provocar sufrimiento, culpar a Israel y mantener el poder mediante el miedo.
Conclusión: el prejuicio no necesita pasaporte
El antisemitismo adopta nuevas formas: expulsiones aéreas camufladas de seguridad, difamaciones internacionales disfrazadas de activismo, y manipulaciones informativas que pretenden aislar a Israel del concierto de naciones. En todos los casos, el patrón se repite: negar la legitimidad del pueblo judío para existir, para defenderse, para celebrar, para cantar. Lo que sucedió con los niños en Vueling no es un incidente anecdótico, es el espejo de una atmósfera enrarecida que atraviesa Europa y buena parte del mundo.
No se trata solo del derecho de Israel a defenderse, ni de la dignidad de niños judíos excluidos de un vuelo. Lo que está en juego es el derecho a la verdad, a la memoria, a la existencia. Cuando los medios repiten mentiras, cuando los gobiernos guardan silencio y cuando las empresas normalizan el prejuicio, se erosiona el pacto ético que sostiene a las democracias.
La comunidad internacional, y especialmente los medios responsables, tienen el deber de denunciar la desinformación, proteger las libertades religiosas y visibilizar el antisemitismo contemporáneo, en todas sus formas: desde los titulares que tergiversan la guerra, hasta los asientos negados en un avión.
En este punto es bueno traer de la literatura rabínica la siguiente máxima: “El mundo se sostiene por tres cosas: por la justicia, por la verdad y por la paz.” (Pirke Avot 1:18). Es por eso por lo que vemos el mundo tambalear, la justicia esta renga, la verdad ciega, y la paz manca.
Frente a ello, el silencio no es neutral. Cada voz que se levanta por la verdad, cada palabra que desenmascara la difamación, cada artículo que documenta el atropello es una victoria contra el olvido y una afirmación de dignidad.
Rabino M.Ed. Rubén Najmanovich
