
En un gesto que ha generado perplejidad y condena en ámbitos internacionales, el presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva decidió retirar a Brasil como país observador de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), organización dedicada a la educación, investigación y preservación del recuerdo de la Shoá. Esta medida representa un preocupante retroceso moral en el compromiso histórico del Brasil con la lucha contra el antisemitismo. La decisión adoptada en medio de una creciente ola de antisionismo disfrazado de crítica política, representa un giro inquietante en la postura internacional de Brasil.
📜 Brasil y su lugar en la historia
La decisión de Lula contrasta profundamente con el legado de Oswaldo Aranha, diplomático brasileño de talla mundial. Como presidente de la Asamblea General de la ONU en 1947, Aranha desempeñó un rol fundamental en la aprobación del Plan de Partición de la región denominada hasta ese entonces como Palestina, que permitió el surgimiento del Estado de Israel. Oswaldo Aranha no solo apoyó activamente la propuesta, sino que, consciente de la falta de votos, empleó tácticas dilatorias para ganar tiempo y asegurar su aprobación. Su liderazgo político, su habilidad diplomática y su convicción ética llevaron a que Brasil sea recordado en Israel como un país amigo en los momentos más decisivos.
🧠 La IHRA y la batalla contra el olvido
La IHRA no es meramente una instancia simbólica: es una plataforma internacional que articula esfuerzos académicos, institucionales y educativos para que la memoria del Holocausto no sea distorsionada ni banalizada. Salirse de esa alianza equivale a abandonar la lucha contra nuevas formas de negacionismo, muchas veces disfrazadas de retórica política.
🩸 Acusaciones sin contexto: el nuevo libelo de sangre
Desde el 7 de octubre de 2023, Israel enfrenta un conflicto desatado por un ataque sin precedentes perpetrado por la organización terrorista Hamas: más de 1.200 muertos y cientos de secuestrados en una masacre que incluyó violaciones, mutilaciones y sadismo. Los rehenes, aún en manos del grupo, son sometidos a condiciones inhumanas similares a las que los nazis impusieron a los judíos durante la Shoá (genocidio) – Holocausto.
Mientras tanto, Israel permite el ingreso diario de entre 600 y 900 camiones de ayuda humanitaria. ¿Dónde están los convoyes de Rusia hacia Ucrania, donde los hospitales son bombardeados y los civiles mueren bajo fuego? ¿Dónde está la ayuda internacional para los drusos sirios masacrados en Suwayda? ¿Quién se moviliza por los cristianos asesinados en Nigeria, donde el Programa Mundial de Alimentos ha tenido que cerrar 150 clínicas por falta de fondos? ¿Y qué hay de los millones de venezolanos que huyen del hambre y la represión, mientras la ONU apenas logra cubrir el 38% de los fondos necesarios para atenderlos? ¿Dónde están las manifestaciones de preocupación por parte del Secretario General de la ONU António Guterres?
📣 Brasil ante un dilema moral
La retirada de Brasil de la IHRA no es solo una decisión diplomática: es una señal preocupante de abandono de principios universales. Como país que dio refugio a sobrevivientes del Holocausto y como nación que supo estar del lado correcto de la historia, Brasil hoy arriesga perder ese legado. No hay política exterior que justifique el abandono de la memoria, ni posicionamiento que excuse la indiferencia ante la difamación sistemática del pueblo judío.
La difamación sistemática contra Israel, que ignora el contexto del terrorismo y tergiversa los hechos, no es mera crítica política: es judeofobia. Es el nuevo libelo de sangre, disfrazado de activismo, que perpetúa el odio ancestral contra el pueblo judío. Quienes acusan a Israel de genocidio mientras callan ante verdaderas masacres en otras regiones del mundo, no están defendiendo los derechos humanos: están atacando la dignidad judía.
En las fuentes de la literatura Rabínica consta que el ser humano fue creado con una sola boca y dos oídos para que escuche más de lo que habla, y que sus palabras sean medidas, justas y constructivas. Difamar a Israel, ignorando el dolor de sus víctimas y la complejidad de su defensa, es violar ese principio ético fundamental.
La lucha contra el antisemitismo no puede ser selectiva ni condicionada por ideologías. Brasil, y el mundo, deben recordar que la memoria del Holocausto no es una herramienta política: es un compromiso moral.
Que lo realizado por el Hamas el 7 de octubre de 2023 es “nazismo táctico”. El 7 de octubre de 2023, Hamas ejecutó una operación que incluyó asesinatos masivos, violaciones sistemáticas, mutilaciones, secuestros y profanaciones de cuerpos—acciones que no solo recuerdan la brutalidad nazi, sino que replican sus métodos de deshumanización.
Este paralelismo no es meramente retórico: es una denuncia ética y jurídica. Así como el nazismo fue condenado por crímenes contra la humanidad, Hamas debe ser juzgado por prácticas que, en su planificación y ejecución, constituyen una forma contemporánea de barbarie totalitaria. Debe haber un nuevo “Nuremberg”.
Todos aquellos que desean enterrar de la historia de la humanidad esa mancha negra llamado Holocausto, y lo banalizan, haciendo comparaciones que conllevan al riesgo de diluir la singularidad del Holocausto, traicionan su recuerdo, su reminiscencia, y quienes difaman al pueblo judío bajo pretextos humanitarios, deben ser llamados por su nombre: judeófobos.
Por M.Ed.Ruben Najmanovich
