El antisemitismo en Irlanda ha aumentado en los últimos meses, según líderes de la comunidad judía, que advierten de un clima de creciente hostilidad en el que la retórica antiisraelí actúa, en algunos casos, como catalizador de incidentes antijudíos. Aunque subrayan que Irlanda no es una sociedad sistémicamente antisemita, consideran que las autoridades han tardado en reconocer y abordar el problema.
El presidente del Consejo de Representantes Judíos de Irlanda, Maurice Cohen, informó de casi 150 incidentes registrados en los últimos cinco meses, cuyo detalle será publicado próximamente. Los casos incluyen grafitis, insultos, negación de servicios comerciales e incluso denuncias de negativa de atención médica. Según Cohen, solo se contabilizan como incidentes antisemitas aquellos en los que el contexto relacionado con Israel se utilizó como pretexto para atacar a personas judías.
El rabino jefe de Irlanda, Yoni Wieder, confirmó un aumento de grafitis con consignas explícitas contra los judíos y relató casos de agresiones verbales y físicas, así como episodios de acoso escolar. No obstante, matizó que el antisemitismo no es una experiencia cotidiana para todos los judíos irlandeses. “La mayoría de la población no reflexiona mucho sobre el judaísmo”, señaló, aunque reconoció que existe una minoría que se siente hoy más legitimada para expresar hostilidad.
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Algunos miembros de la comunidad optan por no mostrar públicamente símbolos judíos, como la kipá o la Estrella de David, más por incomodidad que por temor a ataques físicos.
Sin embargo, Wieder subrayó que el entorno actual dificulta expresar abiertamente la conexión con Israel, que para muchos forma parte de su identidad. Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la guerra posterior, incluso las vigilias en memoria de víctimas fueron objeto de protestas.
El Taoeiseach irlandes, Michael Martin, habla durante una recepcion cultural previa a la Cumbre Reino Unido-Irlanda en el Museo de Liverpool el pasado mes de marzo. (Credito: Cameron Smith/Getty Images)
Wieder distingue entre crítica legítima a Israel y antisemitismo, pero advierte de que una retórica política intensa y unilateral puede generar un clima que aliente la intimidación, reportó Enlace Judío.
“Muchos políticos sostienen que su postura es únicamente contra el gobierno israelí”, dijo Wieder, “pero el efecto puede ser otro”.
La fundadora de la Alianza Irlanda-Israel, Jackie Goodall, coincide en que criticar políticas israelíes no es en sí antisemita, aunque considera preocupante que parte del discurso público derive en deslegitimación del Estado judío. A su juicio, “hay niveles inquietantes de antisemitismo, parte del cual se disfraza de antisionismo”, aunque recalca que muchos irlandeses —incluidos sectores cristianos y laicos— apoyan a la comunidad judía.
Históricamente, la relación entre Irlanda y la comunidad judía fue positiva. A finales del siglo XIX y principios del XX existía cierta afinidad entre el nacionalismo irlandés y el sionismo, ambos vinculados a experiencias de diáspora y autodeterminación. Sin embargo, tras la guerra de 1967, la percepción irlandesa de Israel comenzó a cambiar, al dejar de verse como un Estado vulnerable y aumentar la identificación con la causa palestina.
Según Cohen, factores geopolíticos y económicos, como la crisis del petróleo de 1973, influyeron en esa evolución. En años recientes, el activismo antisionista, particularmente desde sectores progresistas, ha ganado presencia, especialmente en campus universitarios.
Uno de los focos de debate es el llamado Proyecto de Ley de Territorios Ocupados, que busca prohibir la importación de bienes procedentes de asentamientos israelíes. Sus defensores lo presentan como coherente con la política exterior irlandesa; sus detractores sostienen que singulariza a Israel y podría generar problemas legales en el marco europeo.
Otra controversia surgió cuando un comité del Ayuntamiento de Dublín propuso renombrar el Parque Herzog, llamado así en honor al expresidente israelí Chaim Herzog, nacido en Irlanda. La iniciativa fue finalmente descartada tras críticas de varios sectores, incluido el Taoiseach Micheál Martin, quien advirtió que borrar contribuciones judías sería divisivo.
Líderes comunitarios también cuestionan lo que consideran una falta de respuesta institucional ante el antisemitismo. En 2024, el entonces presidente Michael D. Higgins calificó las acusaciones de antisemitismo promovidas por Israel como un “ejercicio de relaciones públicas”, declaraciones que, según Wieder, dificultan abordar el problema en ámbitos como las universidades.
Irlanda ha adoptado la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, pero aún no cuenta con un plan nacional específico para combatirlo, algo que sí han desarrollado otros países europeos. Cohen considera que las medidas han sido lentas y limitadas, aunque reconoce que la seguridad de instituciones judías se ha reforzado.
Desde el exterior, voces como la de Ghanem Nuseibeh, presidente de Musulmanes Contra el Antisemitismo en el Reino Unido, han instado al gobierno irlandés a vigilar más estrechamente a ciertos grupos y discursos radicales que operan en el país, tanto en espacios físicos como en redes sociales.
A pesar de las preocupaciones, líderes comunitarios destacan también señales de resiliencia. Wieder afirma que, junto al aumento de incidentes, ha observado una mayor participación en sinagogas, escuelas y actividades culturales. “Tenemos una comunidad próspera”, dijo. Goodall, por su parte, insiste en que la mayoría de los irlandeses no son antisemitas y que existe apoyo, aunque a veces discreto.
El debate sobre el antisemitismo en Irlanda continúa, en un contexto marcado por tensiones internacionales, polarización política y una reflexión más amplia sobre los límites entre crítica política y prejuicio religioso.


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